Manuel atiende. Si le hubieras activado la función que me ubica por cielo y tierra sabrías donde estoy. Pero no lo sabes y sé que me buscas.
No quiero reprocharte ni criticarte pero mano, ¿dónde rayos tú tienes la cabeza? Dale gracias a tu Dios que existe el cuello.
Vamos por partes. Me pusiste encima de la capota de la 4runner mientras buscabas las llaves en tu bolsillo. Te llamó Carmela, tu esposa de pelo colorao, y volviste a la marquesina.
Regresaste, te montaste y me olvidaste. Encendiste el motor serenito de tu guagua y allí seguía yo, en la capota. Saliste de Jardínes Gardens cantando y entraste a la avenida.
Te alertaron que yo iba como polizón de barco; seguro pensaste que te levantaste a las muchachas que te saludaron, ignoraste a los estudiantes que señalaban el techo y a la viejita que movía sus manos temblorosas desde la guagua pública.
Un muchacho insistió cuando entraste al expreso. “Peligro”, pensaba yo imaginando lo que vendría cuando cogieras vuelo. El viento era mi enemigo.
El muchacho acercó su carro mohoso de manera tan insistente que no pudiste ignorarlo. Su mensaje era claro: detente.
Obedeciste pero cuando viste que corría hacia tu guagua entraste en pánico. Lo sé. Yo, que te acompaño día y noche, he escuchado contigo titulares de asaltos y tiroteos en el expreso.
Por eso la pitaste de nuevo. Esta vez con mayor velocidad. Ahí volé. Alto y rápido. Con igual ligereza caí sobre la línea blanca que define el paseo y los carriles del expreso. El poderoso ‘cover’ que me compraste amortiguó el golpe.
Te esperé con miedo. Las gomas de los carros pasaban cerca, el sonido de la velocidad asusta. Me pudieron espachurrar mil veces pero no lo hicieron.
Regresaste. Repetiste la ruta pero no me viste. Me buscabas en la maleza. Te fuiste. Tu bolsillo te obligó a retornar, soy muy caro. A punto de rendirte estabas de nuevo cuando me viste. No te habías fijado en la línea blanca. La razón y la poca probabilidad de que sobreviviera intacto en la brea te lo impidieron.
Solo estaba bañado en rocío. Ahora renuevas mi batería. Una pequeña manzana da vueltas tímidamente. ¿Serviré? Olvida el perro, soy el mejor amigo del hombre.


¡Móntateeeee! Grito de guerra, súplica o mandato mañanero; cualquiera de las tres aplica si de descr...


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El cuento ameritó apagar el radio y cerrar la boca de inmediato.-¡Escuchen!, invitó Milimari al resto de los Rivera cuando se percató del novelón que le regalaba la bocina del servicarro.-Es que si yo lo llego a coger hoy él va a saber lo que es bueno. Ya cambié el turno, que se crea que yo trabajo ...
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