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Pablo A. Jiménez

BIO
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21 de mayo de 2012

Parece que uno se va a morir

Estaba en mi oficina cuando escuché la voz de Arlene: “Pastor, ¿podemos hablar un ratito?”.

“Tú sabes que yo siempre tengo tiempo para ti”, respondí mientras la invitaba a sentarse. “¿Dónde está la beba?”, le pregunté.

“La ‘Chiqui’ está con Mami Geña. Yo estaba averiguando lo del examen de cuarto año. Salí temprano y decidí pasar por aquí”, dijo un poco nerviosa. “¿Habló con Betito, Pastor?”, preguntó, llegando al motivo real de su visita.

“Sí, Arlene, hablé con Betito hace un par de semanas”, respondí sin entusiasmo.

Animada por mis palabras, Arlene me preguntó: “¿Y qué dijo? ¿Cuando vuelve a casa?”

Con tristeza, le respondí: “Betito dice que está confundido y que necesita tiempo para pensar”.

Arlene se puso triste, reflejando frustración en su rostro. “Ay, Pastor, si no fuera por esa mujer yo fuera feliz. ¿Por qué no nos deja tranquilos?”, dijo sin ponderar sus palabras.

“Arlene, el problema no es ‘esa mujer’; el problema es que Betito quiere estar con ella. Humberto no es un niño abusado; es un hombre de 21 años, padre de una niña, que desea vivir sin trabajar. Esa es la realidad y mientras más rápido la aceptes, mejor podrás enfrentar la situación”, respondí.

“Pero es que ella lo tiene ciego, Pastor. Ella recibe como $4,000 en las pensiones de los nenes. ¡Imagínese! Ella tiene 30 años y tiene un hijo de 12 años. Ella tiene trastornado a Betito”, afirmó.

“¿Y qué edad va a tener tu hija cuando tú cumplas 30 años?”, pregunté. La cara de Arlene enrojeció de vergüenza. Entonces le dije: “Arlene, el problema no es que haya otras mujeres interesadas en Humberto; el problema es que Humberto está interesado en otras mujeres. ¿Cuándo vas a abrir los ojos?”

“Es que yo no tengo nada que ofrecerle, Pastor. Míreme, apenas estoy pesando 100 libras. No tengo dinero ni para los pañales de la nena. ¿Cómo voy a competir?”, dijo con la voz quebrada por el llanto.

Yo esperé que se calmara antes de decirle, con amor: “Arlene, tú no tienes que competir con nadie. Los hombres no son trofeos que se llevan las reinas de belleza. En la vida uno comparte con la persona que escoge, por amor, no por lo que le puedan dar a uno”.

“Ay, Pastor, es que yo no ‘valgo ná’. Mi ‘mai’ siempre me lo decía”, dijo anegada con una voz cortada por el llanto.

“¿Doña Geña?”, pregunté.

“No, Pastor, Mamá Beba. Mis abuelos nunca me hablan ‘estrujao’. Si no fuera por el apoyo de Papi Julio y de Mami Geña yo no hubiera podido bregar”, respondió.

“Ahora entiendo de dónde viene esa pobre imagen que tienes de ti misma. Yo sé que Beba te abandonó al cuidado de tu abuelita cuando eras una niña. Pero no sabía que también te abusaba”, inquirí.

“Cuando Mamá Beba venía de ‘afuera’ me hablaba malo y me ‘daba’ duro. Me decía que yo era una... una prostituta, que era bruta y que no servía ‘pa ná’. También me decía que ningún hombre se me iba a ‘pegar’; que me iba a morir sola”, acotó.

“¿Y tú le creíste?”, pregunté. Arlene me miró asombrada por mi pregunta. Encogió los hombros y me respondió: “Ella es mi ‘mai’”.

“Y Dios es tu Padre. Beba te dice que tú no vales nada, pero Dios dice que tú vales tanto, que derramó la sangre de su hijo Jesucristo por ti. Léelo en Juan 3:16”, le dije poniendo una Biblia abierta en sus manos.

“¿Por eso es que dejas que Betito abuse de ti, porque piensas que no vales nada?”, pregunté.

“Pastor, Betito no me da”, respondió tímidamente en defensa de su esposo.

“No te da ni un dólar para vivir; pero te pega”, le dije.

“No Pastor, Betito no me da. A veces me empuja, me aprieta duro por la muñecas y un par de veces me ha agarrado por el cuello”, dijo sin medir sus palabras.

“Eso es violencia, Arlene. Eso es abuso. Betito es un maltratante y tú te dejas maltratar”, le contesté.

“Pastor, ¿y cómo salgo de esto?”, inquirió la joven.

“Primero, tienes que cambiar la forma como te ves a ti misma. Tú tienes valor, porque Dios te creó. Por eso, la gente te tiene que respetar. Esto es sencillo: o te tratan bien o no te tratan. Segundo, eso también se lo tienes que aplicar a Betito. A la primera mala palabra o gesto de violencia terminas la conversación. Y si viene en actitud violenta, le llamas a la Policía”, le indiqué.

“Él dice que yo lo quiero meter preso”, dijo Arlene.

“¿Tú eres policía, fiscal o jueza?”, pregunté en tono burlón.

“No”, respondió ella. “Entonces tú no puedes meter preso a nadie”, respondí. “Ahora bien, si él comete un crimen, eso es otra cosa. Comprende que ir a tu casa a insultarte, a amenazarte y a pegarte es un crimen. Arlene, no te sometas al abuso”, le señalé.

Arlene estaba frustrada por mis palabras. Sabía que le decía la verdad, pero sentía que no tenía fuerzas para defenderse. “Ay, Pastor, ¡qué duro es esto! Parece que uno se va a morir...”, dijo antes de que yo la interrumpiera.

“Parece que uno se va a morir, pero no se muere ‘ná’”, le dije con toda seriedad.

Intrigada, Arlene me miró y me preguntó: “¿Eso es un texto bíblico?”

“No, Arlene; es el coro de una canción de Roberto Angleró, grabada por el Combo Guasábara. Pero si yo pudiera añadirle textos a la Biblia, lo incluiría en algún ladito”, respondí.

Arlene rió de buena gana. “Pastor, me hizo reír. Usted siempre con la salsa”.

“Lo importante es que te superes. Rompe el ciclo de abuso. No escuches palabras necias. Supérate por ti y por tu niña, por favor”, le dije como si fuera mi propia hija.

“¿Y Betito?”, preguntó.

“Betito tiene que decidir si va a seguir siendo un ‘nene’ o si va a ser un hombre. Si decide pasar la vida comiendo ‘corn flakes’ y viendo televisión, te va a perder para siempre; si decide actuar como un hombre, cambiará su vida, te buscará y cuidará de su hija. Pero esa es una decisión que él tiene que tomar. Tú no puedes cambiarlo ‘a la mala’; él tiene que cambiar voluntariamente, por sí mismo”, señalé.

Arlene asintió con su cabeza, se puso de pie y caminó a la puerta. Y mientras salía, comenzó a reírse mientras se decía a sí misma en voz baja: “No me muero ‘ná’”.

[Este blog es la continuación de la columna titulada “Betito va a bregar”, que fue publicada el 6 de mayo de 2012.]

¿Qué opina usted? Le invito a compartir su opinión, comentando tanto el contenido de esta columna como los comentarios de otros lectores y de otras lectoras.

El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado, PR. http://www.drpablojimenez.com

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