Habrá quien piense que el tiempo aplasta el recuerdo pero no hay tal cosa. Al decir de Benedetti, hay olvidos que están llenos de memoria. La impunidad que rodea el asesinato de Carlos Muñiz Varela mantiene húmedas las manos de todos los funcionarios y exfuncionarios públicos que de un modo u otro pecan o pecaron de acción u omisión para impedir el esclarecimiento de este asesinato. Poco ha cambiado en estos años desde que este joven empresario cubano fuera ajusticiado por gatilleros asociados a grupos extremistas de la derecha anticastrista, que ponían todo su esfuerzo en detener cualquier reconciliación entre la comunidad exiliada en Puerto Rico con sus pares de la Antilla Mayor. Hoy, gracias a documentos obtenidos por la familia mediante la Ley de libertad de información (FOIA, por sus siglas en inglés), sigue completándose lentamente el rompecabezas que confirma que el FBI sabía desde el primer momento quiénes estaban detrás de este crimen, pero escogió encubrirlo para impedir que se conociera cuán cercana era su relación con estos asesinos. Esta decisión comprometió el resultado final de la investigación local que no pudo encausar a nadie, dejando que este homicidio irresuelto se considere hoy una de las mayores vergüenzas de la justicia puertorriqueña.
Poca diferencia se advierte entre las gestiones de administraciones populares o penepés para demandar de las autoridades federales toda la información disponible para identificar quiénes fueron los culpables. La sangre de algunos muertos, no obstante, se muestra más espesa que la de otros. Los populares, insuperables en su cobardía de asumir posturas firmes para no provocar acusaciones de traición, arrastran la desdicha de este escandaloso silencio. Los penepés, siempre fanáticos a la hora de probar quién es más americano, tropiezan unos con otros para besar el ruedo de la bandera multiestrellada. Opera en todos todavía una cierta aprehensión colonial, una suerte de complejo institucional en el Departamento de Justicia local que hace todavía más intolerable que hoy los hijos de Carlos Muñiz Varela vengan obligados a gritar con fuerza para exigir justicia. Gritar porque es imposible, intolerable, inaceptable olvidar.
Los que no conozcan o no recuerden los pormenores de este triste capítulo de nuestra historia, harán bien en ver este documental del cineasta Juan Carlos García para “Prohibido Olvidar” (estoy en Twitter:@pedroreinaperez):

Soy escritor y periodista. Me interesa interrogar mi tiempo y mi circunstancia para comprender mejor...


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