No hay que haber nacido en esta tierra para amarla como si fuese la propia, ni haberse criado con la salsa, la bomba y la plena para llevarlas en el corazón y transmitirle a otros su alegría.
Una buena muestra de ello es la trombonista May Peters, natural de Holanda, pero afincada aquí desde 1994.
“Estoy tan orgullosa de Puerto Rico”, dice Peters sonriente, agregando que se siente como “una misionera cultural” del sentir boricua.
Respondiendo a esa llama que la música y la calidez puertorriqueñas prendieron en su espíritu, Peters grabó su primer álbum, “Tributo de tambor y trombón en clave de mujer boricua”, que estará disponible a partir del 20 de junio.
En este presenta ocho composiciones representativas de la aportación femenina al cancionero popular boricua, interpretadas en ritmos distintos de los originales.
El cálido sonido de su trombón sobresale en temas como ‘La oportunidad’, de Lucy Fabery; el medley de ‘¿Qué sabes tú?’ y ‘Tengo que acostumbrarme’, de Mirta Silva y hasta una agradable versión en cha-cha-cha de ‘Caramelo y chocolate’, de Iris Chacón.
Una potente banda de artistas del patio la acompaña, incluyendo a Eric Figueroa en el piano y dirección musical, Ramón Vázquez en el bajo, Pedrito Guzmán en el cuatro y Paoli Mejías y Raúl Berríos en la percusión, entre otros.
Enérgica y perspicaz en su expresión, Peters afirma que tiene ya tres sueños cumplidos en su vida: tocar con la banda de Eddie Santiago, venir a Puerto Rico y grabar aquí.
De hecho, con la banda de Santiago le ocurrió una de las grandes “sincronicidades” -como ella las llama- que le han pasado en la vida: el primer disco de salsa que oyó en su vida, mientras aún residía en Holanda, fue uno del famoso cantante de salsa romántica. Cuando el trombonista Rafy Torres la llamó para que tocara precisamente con la orquesta de Eddie Santiago, casi no lo podía creer. “Nunca pensé cuando escuché ese disco que un año después estaría tocando con esa misma orquesta”, dice.
“Conocí a Puerto Rico cuando tenía diez años, a través de ‘West Side Story’”, dice la trombonista. “Me cautivó su música. Puerto Rico quedó sembrado en mi alma. Estoy realizando un sueño, en realidad no lo hubiera imaginado. Cada día que paso aquí me desarrollo más”.
Peters se crió en una antigua hacienda campesina de Zwaantjeshof (“hacienda de cisnes” en holandés), un pueblo al sur de su país natal, en la provincia de Limburg, casi en el punto geográfico donde se encuentran Holanda, Bélgica y Alemania.
“Son bien fiesteros en esa zona, con el mismo ambiente que los salseros de aquí”, no como en el norte holandés, que son austeros y reservados, explica.
Peters, quien ha tocado con Elías Lopés, Plena Libre y otras bandas locales, dice que en sus inicios, estudió trompa. “Después le pedí al secretario de la banda que me diera un trombón, aunque él no quería. Decía que el trombón no era para mujeres”. Ella se decidió a demostrarle lo contrario.
Su primer contacto con el jazz latino fue mientras estudiaba en el Conservatorio de Hilversum, el centro del jazz en Holanda, así como de la producción de radio y televisión holandesas (“y la región más bonita del país”, agrega). Ahí tocó un poco de todo: bebop, música de big bands y de Nueva Orleans, así como salsa y música brasileña.
Un colega, oriundo de Curazao, la invitó a tocar el trombón en su banda. En sus presentaciones, “el ambiente era totalmente antillano, curazoleño”. Era en la ciudad de Rotterdam, “que es un poco como Miami; yo digo que es la capital de las Antillas holandesas'.
Después tocó con una orquesta de venezolanos dirigida por Javier Plaza en Colonia, Alemania y posteriormente en París. Mientras estaban allí, un bajista ponceño, Thomas Pérez, le insistió que tenía que conocer Puerto Rico y lo puso en contacto con Eric Figueroa, para ese entonces pianista de Batacumbele. Jamás se imaginó que en el futuro Figueroa sería el productor de su disco. Llegó a Puerto Rico en 1994.
Aquí se dio otra de las “sincronicidades” de su vida: conoció al gran pianista Kenny Werner, quien se encontraba ofreciendo talleres en el Conservatorio de Música de San Juan. Peters ya conocía el libro de Werner, ‘Effortless Mastery’, en el que este exalta las virtudes de la meditación y de conectarse con el entorno. Y aquí en Puerto Rico no solo conoció a Werner, sino que también pudo experimentar lo que él promueve en su libro. “Puerto Rico me dio lo que buscaba, sobre todo esa conexión con la naturaleza”, dice.
Hija de campesinos, Peters afirma que nunca le ha dado importancia a los códigos sociales que la sociedad impone a hombres y mujeres. Y no quiere que la vean como una mujer que toca el trombón, sino simplemente como una música.
“En el estudio, a la hora de grabar, tienes que dar la verdad. La gente quiere escuchar tu alma. Y el alma no conoce sexo”, afirma.
Admiradora de trombonistas como Bart Von Lier (su maestro), Carl Fontana, Conrad Herwig, Jimmy Bosch y sobre todo Barry Rogers -por sus influencias de jazz y su fuerza expresiva- Peters modela su fraseo, sin embargo, al estilo de cantantes.
Pero su conexión más profunda parece ser con esta tierra caribeña, su patria por adopción.
“Me siento una misionera cultural de Puerto Rico. Di un taller de música caribeña a la Orquesta Estatal de Siberia, en Estonia. También di otro a la big band de la ciudad de Tartu, en ese mismo país. De regreso a Siberia, en los tres días de viaje en tren, me cuentan que no cesaban de tararear la melodía de ‘Temporal, temporal’”.
“No creo en los roles tradicionales”, afirma convencida. “Creo en el amor y la belleza, no en los estereotipos”.
***
El CD “Tributo de tambor y trombón en clave de mujer boricua” estará disponible desde el 20 de junio en Viera Discos; en Pro Music Outlet, en el #1761 de la avenida Fernández Juncos; en Art Music Corp., en la avenida Rafael Cordero en Caguas y a través de su website, www.maypeters.com. Asimismo, la puede contactar en coquipromotions@gmail.com.
En Facebook:
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