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Sueño de Navidad

Sueño de Navidad
20 de diciembre de 2011
12:00 a.m.
 

Cada día un milagro

Envuelto en amor, Antony Trinidad enfoca sus ojos para mirar a sus papás

Su papá David, su hermano David Yadiel y su mamá Yolanda son el eje de la vida de este chico. ( Fotos/ El Nuevo Día/Ramón "Tonito" Zayas)

Por Patricia Rivera Meléndez

 

CAGUAS- Antony Trinidad nació un 16 de abril en medio de un parto de emergencia porque se había quedado sin líquido amniótico. Sus padres, David Trinidad y Yolanda González, esperaban un niño con Síndrome Down.

 

Pero el panorama fue mucho más complicado. El bebé que tanto había pedido su hermano David Yavier tenía malformaciones internas y externas que, entre otras cosas, le causaron problemas cardiacos y pulmonares desde el mismo instante en que respiró.

 

Yolanda recuerda con extrema precisión las primeras palabras que escuchó esa tarde: “Mamá, tienes un nene con muchas malformaciones”. Entonces, el miedo la invadió y solo se atrevió a verle una piernita. David, en cambio, tuvo que escuchar los primeros pronósticos. “Me dijeron que Antony tenía Síndrome de Edward o trisomía 18”, recuerda. También le aconsejaron que tramitara arreglos fúnebres. A Antony solo le daban 48 horas de vida.

 

Hoy, Antony tiene 9 años. “Es verdadero un milagro de vida”, afirma David, quien rememora las noches que pasó pegado del teléfono temiendo una llamada del hospital.

 

Y, aunque destacan con alegría cómo el segundo de sus tres retoños desafía la ciencia cada día, sus padres viven con las constantes amenazas de cortes del servicio de energía eléctrica, del que tanto depende la vida de Antony, y con el temor de que algún día el Departamento de la Familia se lo remueva por el limitado espacio en el que duermen Antony, sus padres, y sus hermanos David Yavier, de 17 años, y Yecsiel, de 4, en la casa de doña Julia González, mamá de Yolanda.

 

Cuando Antony nació, Yolanda y David estaban a punto de comprar una casa, pero desistieron por temor a no poder pagarla. Entonces, se mudaron con doña Julia, quien asumió el cuidado del pequeño durante el día para que los padres pudieran seguir trabajando. Cinco años después, doña Julia sufrió una aneurisma cerebral que casi el arrebata la vida. Sobrevivió, pero su sistema neurológico quedó marcado para siempre y apenas habla. “Esta es la casa de los milagros. Aquí la medicina es el amor”, afirma Yolanda, mientras toca un enorme rosario colocado sobre uno de los sofás de la residencia ubicada entre las montañas del barrio Beatriz. Tras las complicaciones de doña Julia, la familia tramitó, a través del plan médico, una enfermera que cuidara a Antony, mientras ellos salen a buscar el sustento de la familia. “No nos gusta vivir del gobierno”, aclara Yolanda.

 

Ambos padres dividen sus días entre el trabajo, la escuela de David Yavier, el cuido de Yecsiel y la casa. Mientras, Antony pasa sus días en su pequeño cuarto entre los equipos médicos, los colores brillantes, mensajes de amor y estampas religiosas y de superhéroes.

 

Apenas habla, su respiración y alimentación dependen de equipos especializados y sus traviesos ojos le impiden concentrar su mirada en un punto específico. “Él lo entiende todo”, destaca Yolanda. “Y hace maldades, también”, añade la enfermera que lo cuida, María Acosta.

A Antony, lo visitan semanalmente una terapista ocupacional y una maestra. Sus padres sienten que aún no han podido darle lo que se merece, en particular una casa, la que que empezaron a construir hace seis años.

 

 

Un juego de risas

El silencio solo lo interrumpen el sonido del aire y las contracciones de una máquina de oxígeno. Pero cuando sus padres, David y Yolanda se acercan, Antony une sus manos y se las lleva al cuello, marcado por una traqueotomía, lanza una carcajada e intenta enfocar sus traviesos ojos en la visita.

 

Entonces, se escuchan los primeros clics de la cámara y comienza el juego por sacarle una sonrisa.

Antony resiste hasta que David trae la guitarra y entona el ritmo de una canción navideña. “Canta Antony”, le dice Yolanda, mientras le soba su cabeza adornada con moños de colores brillantes “al estilo Don Omar”.

 

Antony se aferra a la baranda de su camilla, para evitar que su pequeño cuerpo se escurra. Comienza a lanzar carcajadas. Sonríe y vuelve a llevarse las manos al cuello. Sin duda, busca cantar junto a mamá papá y a su hermanito Yecsiel que no le suelta la mirada de encima, y Antony lo hace, pero a su manera.

 

NECESIDADES

Respirador mecánico

Concentrador de oxígeno

Equipo de alimentación y succión

Silla de baño

asiento para el carro

Pampers

Chubs

Guantes

Pulmicort

Otros: mano de obra y materiales para terminar su casa

 

 

 

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