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23 de octubre de 2011
 

CARCAJADAS MORDACES

Series animadas combinan la comedia con controvertible sátira a la sociedad

 

Por Marcos Billy Guzmán / Especial El Nuevo Día

Aunque apartadas por distintas generaciones, series como “Tom and Jerry”, “Dora the Explorer” y “SpongeBob SquarePants” apelan al rincón infantil de muchas mentes. En nuestra sociedad, la animación parece paralela a la niñez. La conexión es casi inevitable.

Pero la televisión ha comprobado que los llamados “muñequitos” no siempre son para los más pequeños de la familia. Sin embargo, ese compromiso de divertir y hacer reír a las masas a veces puede ir acompañado de una compleja crítica social.

“La animación dirigida a adultos ha tenido éxito, porque permite explorar historias con más arrojo y ambición que la programación convencional. Se pueden incluir más espacios y situaciones que en un ‘sitcom’ (tradicional). También permite a los productores tomar numerosos riesgos en el contenido porque, al fin y al cabo, los personajes no son personas, sino ‘muñequitos’ ”, asegura la analista sociocultural y cineasta Frances Negrón-Muntaner.

Con esa meta de risa y concienciación, los programas “The Simpsons”, “South Park”, “Beavis and Butt-Head” y “Family Guy” se han destacado por su crudeza o irreverencia a la hora de acribillar los fenómenos e instituciones de la sociedad, sobre todo la estadounidense.

Sus críticas mordaces también le han ganado severas críticas por parte de diversos sectores de Estados Unidos, entre otros países. Aún así, tras muchos años al aire, espacios televisivos como estos sobreviven con altos índices de audiencia y hasta reconocimientos.

En el proceso, sin embargo, sus respectivos personajes han rayado en la intolerancia con la alegación de servir de autorretrato de la comunidad, sus líderes, tendencias y héroes.

“Estos programas crean un espacio surreal e irreverente para comentar sobre temas considerados tabú o polarizantes, como la disfunción familiar, la religión organizada, la explosión demográfica latina y el culto a la niñez”, menciona la también investigadora.

Directo y sin escape

La ironía no es la norma de “South Park”, que ha ganado cuatro Emmy en sus 15 temporadas bajo Comedy Central. Sus creadores Trey Parker y Matt Stone se han encargado de que la crítica social llegue directa, muy irreverente y sin escapatoria.

Para ello incurren en vulgaridades que retan los niveles de tolerancia de mucha gente y que le ganaron en 2001 un récord Guinness a raíz de la gran cantidad de lenguaje obsceno de su filme “Bigger, Longer & Uncut”.

Y no es para menos. Basta resaltar que no temieron decir “nigg...” -palabra políticamente incorrecta con carga peyorativa- 43 veces en el capítulo “With Apologies to Jesse Jackson”.

Tampoco titubearon para mostrar un brutal asesinato de Jesucristo, ni satirizar la cienciología, el judaísmo, políticos y celebridades a través de las situaciones surrealistas de los niños Stan, Kyle, Eric y Kenny, residentes de un pueblo ficticio de Colorado.

“Ha tenido gran influencia porque se atreve a articular lo que muchos espectadores piensan, pero no se atreven a decir. Parodian los discursos dominantes, tanto conservadores como ‘politically correct’. “En Estados Unidos, el comentario social más inteligente de la realidad se encuentra muchas veces en muñequitos”, dice Frances Negrón-Muntaner, productora con estudios en sociología.

Late el sarcasmo

Desde que surgieron en 1989, “The Simpsons” han preservado su crítica sarcástica de la vida americana con una historia que, según expertos, reafirma mitos y estilos de vida de la clase media a través de la familia de Homero, Marge, Bart, Lisa y Maggie.

Su creador Matt Groenin ha expuesto muchas de sus posturas a lo largo de las 23 temporadas de la serie de Fox, que concluyó recientemente una negociación con la reducción del millonario salario de sus principales voces. De los temas abordados en sus capítulos se pueden destacar homofobia, inmigración, drogadicción, derecho a portar armas y corrupción.

Pero sus cuestionamientos de política, religión, educación, política y sexualidad no quedan inmunes al rechazo. El presidente George W. Bush dijo en 1992 que desarrollaría una sociedad alejada de la “intolerancia” y “descortesía” de “The Simpsons”.

Con 27 premios Emmy, la serie no ha suavizado su estilo, sobre todo si se considera que su más grande crítica radica en los habitantes de Springfield, algo abordado por Groenin cuando comentó que “los Simpsons son regidos por sus impulsos”.

Según el escritor, como respuesta a los estereotipos de la comunidad, Homero es ridiculizado como jefe de familia que se deja llevar por impulsos de autosatisfacción. Ignorada por él, su esposa Marge representa entonces el balance y desplazamiento de la mujer en la sociedad. Su hijo Bart igual sirve de crítica al sistema educativo como el niño problemático que, al ser castigado, escribe cosas como “no expondré la ignorancia de la facultad (escolar)”. Por otro lado, la hermana Lisa implica la voz racional, mientras Mr. Burns ejemplificaría capitalismo.

La otra familia

Dicen que “Family Guy”, aunque jocoso, no es apto para niños. El Parent’s Television Council lo incluye a su lista de peores programas para la familia, además de radicarle querellas ante la Comisión Federal de Comunicaciones.

Las críticas no sorprenden a algunos, pues el espacio de Fox se ha atrevido a satirizar la pedofilia, los ataques a las Torres Gemelas, las personas discapacitadas y los grupos minoritarios.

Pero su momento más controvertible fue cuando se mofaron del diagnóstico a un paciente de sida. Ante el asunto, Frederick S. Lane publicó, en “The Decency Wars: The Campaign to Cleanse American Culture”, que “Family Guy” apunta “al lado oscuro de la vida en familia”.

Asimismo, los creadores de “The Simpsons” y “South Park” han repudiado la serie por las supuestas deficiencias y simplezas de su libreto y animación.

Pero, además de contar con 5 Emmy y 10 temporadas, el programa obtuvo en 2006 un Peabody Award, otorgado a medios con destacable servicio público. Como director del premio, Horace Newcomb señaló que, con su tono ofensivo e intolerante, “South Park sirve de recordatorio de que debemos ser tolerantes”.

Supervisión bajo lupa

Si se trata de series animadas que satirizan la pobre supervisión de menores, no podemos dejar de mencionar “Beavis and Butt-Head”. El programa de MTV, creado por Mike Judge en 1993, sigue la historia de dos adolescentes que nunca se rodean de adultos.

Son delincuentes sexistas que torturan animales, vandalizan a vecinos, terminan arrestados, carecen de empatía, siempre piensan en sexo, comentan idioteces de forma constante y se dedican a ver televisión.

Con ocho temporadas, el espacio ha recibido críticas, sobre todo luego de que Aaron Messner, un niño de cinco años, quemara en 1993 la casa de su familia y matara accidentalmente a sus dos hermanas tras ver la serie.

Aún así, el actor Patrick Stewart auguró que la “brillante” producción sería “parte significativa de la sociedad americana”, mientras la revista Times llegó a calificarla como “el show más valiente en nuestra televisión nacional”.

Así, la controversia parece ser una constante en estas series animadas que creen generar crítica social a través de la sátira y la risa.

La pregunta es: ¿Se puede crear tolerancia a través de expresiones de intolerancia?

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