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Calidad de vida
17 de octubre de 2012
7:31 a.m.
 

Carta del Director: "Una verdad dolorosa"

Mensaje del Director asociado sobre investigación relacionada al diario El Vocero

Por Benjamín Morales Méndez / Director asociado de El Nuevo Día

La investigación que publicamos hoy en las páginas principales de El Nuevo Día sobre la empresa Caribbean International News Corporation (CINC), matriz del diario El Vocero, deja al descubierto un escándalo que requiere una reflexión profunda sobre la amenaza que se cierne sobre nuestra democracia cuando un medio de comunicación privado es subvencionado con fondos del pueblo  al amparo del partido político en el poder.

Nunca en su historia El Nuevo Día había tenido que darse a la tarea de investigar la estructura gerencial y financiera de un medio de comunicación del país, porque creemos en el derecho de libertad de empresa. El  caso que nos ocupa, sin embargo, ha provocado un cambio radical en esa postura, pues la verdadera historia detrás de la gerencia de El Vocero es que se ha valido de la evasión contributiva y la financiación pública para adelantar la agenda política de un grupo ideológico en particular, en este caso el Partido Nuevo Progresista (PNP).

No hay nada ilegal en que inversionistas privados quieran poner su capital al servicio de un medio de comunicación que favorezca una ideología política. O que una empresa privada se beneficie de valiosos programas de incentivos. Dichas acciones están protegidas por nuestro ordenamiento constitucional. Pero que un medio de comunicación privado se aproveche de su estatus en la sociedad y sus vínculos políticos para tener acceso a fondos públicos sin cumplir con sus obligaciones contributivas o contractuales raya en la ilegalidad.

No ha sido fácil tomar esta decisión. Ha representado, de hecho, un proceso muy complicado, porque las implicaciones del paso que hemos dado son diversas y surgirán todo tipo de lecturas sobre las motivaciones que llevaron a El Nuevo Día a sacar a la luz este escándalo.

Lo más fácil hubiera sido callar y evitar las especulaciones mediante las cuales se acusará a este diario de actuar por intereses económicos para destruir a un competidor, de buscar influenciar en el resultado de las elecciones generales por tener una faena en contra de equis o ye partido, o de tantas otras ocurrencias que intentarán desviar la atención del foco fundamental de esta entrega periodística: que el Estado anda financiando las operaciones de un medio de comunicación privado para adelantar su agenda ideológica, lo cual atenta contra el correcto balance de nuestro sistema democrático.

Que El Nuevo Día se quede callado ante semejante caso de mal manejo de dinero del pueblo sería, por lo tanto, un acto de cobardía, de complicidad con esta barbaridad y de irresponsabilidad para con el país.

Somos conscientes de que el ataque contra El Nuevo Día será inclemente y que se repetirán las injurias que por años se han tergiversado en contra de este periódico y su plantilla. 

Serán muchas las mentiras que se dirán, como que este issue no es nada nuevo o que se actuó para beneficiar a algún partido político. Pero el equipo periodístico de El Nuevo Día seguirá firme, pues podrán abrir la boca para difundir sus argumentos fraudulentos, pero no lograrán desmentir con evidencia transparente lo que aquí publicamos. 

Ahora, hay un argumento que se levantará y en el cual es meritorio detenerse, porque es fundamental dejarlo totalmente claro. Alegarán que El Nuevo Día ha tomado esta decisión de publicación para hacer daño a los compañeros que allí laboran y para minar la credibilidad de su trabajo. Eso es falso. Todo lo contrario. Celebramos, reconocemos y respetamos el profesionalismo de las decenas de periodistas que día a día luchan por sacar El Vocero a la calle. Lo que no puede ser tolerado es la desfachatez con la cual la gerencia del rotativo gratuito trata a un personal de primera clase, al cual le retiene sus contribuciones sobre ingresos para luego no entregarlas al erario, al cual no paga a tiempo sus salarios o al cual descuida al no tener al día importantes protecciones laborales como el Fondo del Seguro del Estado. Por ellos va esta denuncia pública y a ellos les extendemos la solidaridad que solo puede brindar un grupo de colegas serio y comprometido. 

Hoy publicamos una verdad dolorosa.  Estas líneas no serán cómodas para nadie, pero son cruciales para mantener intacto el cimiento de la democracia puertorriqueña y dar una lección colectiva de que hay que aprender a decir basta cuando los linderos de la honestidad y la ética comienzan a hacerse difusos en quienes tenemos el sagrado deber de defender los intereses del pueblo.

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