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Cartas

Cartas

Comentaba la columnista Wilda Rodríguez en su columna “El estatus no se compra” que el Partido Independentista tiene a la “diáspora” boricua para que les ayude con la búsqueda de la independencia. Me atrevo a apostar que más del 75 por ciento de los que vivimos en la Isla no sabe lo que la palabra diáspora significa.

Hace unos días, en un programa radial nocturno, estaban hablando sobre la diáspora y la persona invitada y que había escrito un libro sobre ello decía que los descendientes de puertorriqueños de segunda, tercera y cuarta generación que viven en Estados Unidos no sabían cómo expresarse en español, pero amaban mucho la Isla y que algún día vendrían a conocerla.

El senador Antonio Fas Alzamora, en su proyecto sobre el idioma oficial, dice que lo que nos une como nación es el español. Así pues no veo cómo podemos pedirles a esos cuatro millones que están allá que den de su peculio para ayudar a un partido. El problema del status es de los que vivimos aquí en la colonia y solo nos toca a nosotros resolverlo. Esos que se han ido pues ya resolvieron su problema.

Y volviendo a la diáspora, si buscamos la definición de la palabra podemos ver que quiere decir ciudadanos de una nación que se desplazaron a otra u otras. A nosotros como ciudadanos norteamericanos no nos cabe esa definición ya que lo que han hecho los que se han ido es montarse en un avión y llegar a uno de los 50 estados sin problema alguno de visas o pasaporte.

Los que vivimos, trabajamos y sufrimos aquí son los que tenemos que arreglar esto y no los que se fueron.

Recientemente fui con mi esposo a ver una película que está muy cotizada en un teatro local y antes de que comenzara el espectáculo hubo un incidente en el cine que nos llamó la atención. La sala estaba llena de padres con menores de edad.

Un señor increpó a una de estas parejas y les reprochó por llevar a su pequeño hijo a ver una película “R”. La pareja le contestó que el niño no iba a ver la película porque casi siempre se dormía. Finalizada la película encontramos a la salida del cine al mismo señor hablando muy molesto con el gerente del teatro y diciéndole que cómo permitían tantos niños pequeños entrar a ver películas “R”.

No oí qué le contestó el gerente del cine, pero estoy de acuerdo con el señor. La película tenía unas escenas de sexo muy fuertes. ¿Por qué llevar a niños menores de edad a ver estas películas cuando hay tantas películas que son para niños? Me imagino que los padres responderán que no tienen con quién dejarlos. Creo entonces que es el teatro el que debe establecer las reglas y no permitir niños en películas “R”.

Creo que es una irresponsabilidad tanto de los padres como del cine. Si los padres quieren ver ese tipo de películas, tienen que buscar la forma de no ir al cine acompañados de sus hijos menores de edad. Para qué evaluar y catalogar las películas y ponerles diferentes categorías si al fin y al cabo cualquiera ve cualquier tipo de película, ya sea “R” o “PG”. Creo que los cines deben ser más estrictos con esto y los padres ser más responsables con sus hijos.

Me quedo de una pieza cuando veo y escucho a las personas elevar a un rango casi de ídolo a Josué Carrión Carrero, mejor conocido como Mr. Cash. Este salió por la puerta ancha tras enfrentar un juicio federal por intentar llevar un arma sin permiso en un vuelo comercial.

Es para morir. Ahora dicen que es un benefactor y hay quien incluso lo compara con Luis Vigoreaux. Es increíble cómo cambian los valores con tal de ganarse par de pesos y unas cuantas lavadoras.

Cuándo nos daremos cuenta que estos “ejemplos” de bondad no son otra cosa que seres humanos, de carne y hueso, con defectos y malasmañas que no hacen otra cosa que agarrar “rating” a cuenta de las necesidades de los ciudadanos y de la burla a la que se someten los que no tienen nada que hacer.

Cuando leo que un estudiante es suspendido como castigo por su comportamiento escolar me da mucha tristeza ya que se le está tronchando el futuro. Deberíamos ver mejor en qué ambiente familiar está viviendo.

Lo que haría con ese estudiante sería referirlo a un trabajador social para que de inmediato haga un estudio de su entorno familiar. En lugar de suspenderlo, luego de clases tendría que coger tutorías y hacer sus tareas diarias.

Se debería contratar un número razonable de trabajadores sociales para que puedan atender las necesidades particulares de cada escuela para así eliminar la burocracia. Para brindar tutorías asignaría un dinero a los maestros que estén dispuestos a quedarse dos horas adicionales luego del período de clases. De lo contrario haría un acuerdo con la UPR y su Departamento de Pedagogía para contratar estudiantes universitarios que brinden tutorías, lo que les serviría de experiencia.

A los maestros se les debe requerir que todos los años -durante el mes de junio- tomen cursos de educación continua, pagados por Educación y brindados por profesores de Pedagogía de la UPR.

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