Una parroquia católica de Gurabo celebró misa ayer en un balneario
Por Daniel Rivera Vargas / end.drivera2@elnuevodia.com
FAJARDO - Seven Seas no era ayer un balneario normal. Más allá de las imágenes de gente con poca ropa y untados con bronceador solar y un embriagante olor a carne asada, lo que llamaba la atención era el silencio que reinaba en un litoral que más bien invita a la bulla.
Esta hermosa playa se había convertido en iglesia y a esa hora de la mañana celebraban una misa. Aunque muchos jugaban volibol y dominó, mientras niños y adultos chapoteaban en la serena playa fajardeña, decenas se ubicaron frente a una pequeña tarima bajo una carpa para buscar la “Palabra de Dios”, una escena que evocaba aquella práctica de Jesucristo de predicar a multitudes cerca de cuerpos de agua.
Con la de ayer, ya son seis años en los que se oficia “la misa en la playa, cinco de estos justo en Seven Seas. La iniciativa la encabeza el padre Pedro Ortiz, de la parroquia San Francisco Javier del sector Navarro, de Gurabo.
“Tiene dos propósitos: uno, orar y confraternizar, y segundo, todos los años escogemos un tema distinto con el fin de orar con la ciudadanía sobre temas coyunturales. Este año es los derechos civiles”, dijo Ortíz.
La prédica se enfocó en que el dolor que causan las 25,000 víctimas del crimen desde 1991 no debe llevar a ceder el derecho a la fianza. Ortiz destacó que no solo hablaba como sacerdote, sino como hombre a quien le mataron un sobrino. “Dios nunca los abandona”, dijo.
La misa incluyó trovadores, poetas y cantantes como Tito Auger. Se impartió la Santa Cena y se cantaron himnos. Muchos, vestidos en trajes de baño y descamisados, se arrodillaron reverentes.
Hubo personas que no les gustó aquel concepto, como Raquel Ortiz, de 38 años, y su hija Deborah Ramos, de 20 años, de Fajardo. “No es un sitio apropiado para dar misa”, dijo la joven. “Piden que no se ponga música alto, pero esto es una playa”, se quejó la madre.
Mientras, la familia carolinense de Jaime Vélez e Iris Miranda, acompañados de sus hijos Gustavo, de 7, y César, de 10, quienes pernoctaban desde la noche del sábado en el balneario y se toparon con la misa, la agradecieron.
“Es importante alabar al Señor, sea donde sea, y salir de las iglesias, de los templos. Son tiempos de mucha necesidad y hay que salir a rescatar almas”, dijo Vélez.