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La prueba, desarrollada y patentizada por el doctor mayagüezano Gualberto Ruaño, consiste en el análisis del ADN utilizando solo una muestra de sangre o bucal obtenida con un hisopo. (Ángel M. Rivera Fontánez)

Desde los 25 años, Leonor Rodríguez es paciente de diabetes tipo dos, lo que ha desencadenado en el desarrollo de “muchas otras” condiciones, como retinopatía, neuropatía y enfermedad periferovascular.

Hasta hace un par de semanas, Rodríguez, que ahora tiene 74 años, ingería 13 medicamentos distintos para mantenerse estable.

En un intento por reducir esa cantidad de fármacos, Rodríguez se unió -por recomendación de su nefrólogo Rafael Burgos- a un proyecto de medicina personalizada, un tipo de atención que consiste en ofrecer tratamientos adecuados tomando como base la información genética del paciente.

Rodríguez se realizó una prueba que individualiza la ingesta de medicamentos según la carga genética personal. La prueba, desarrollada y patentizada por el doctor Gualberto Ruaño, consiste en el análisis del ADN utilizando solo una muestra de sangre o bucal obtenida con un hisopo (palillo recubierto de algodón en sus puntas). Ruaño, natural de Mayagüez, es director del Genetics Research Center del  Hartford Hospital, en Connecticut, y presidente de la compañía Genomas.

“Ella estaba tomando demasiados medicamentos; muchos estaban interactuando, pero otros no le estaban haciendo nada. Le hicimos la prueba (desarrollada por Ruaño) y encontramos, por ejemplo, que no tiene la enzima que metaboliza la warfarina (Coumadin), un anticoagulante. De los 13 medicamentos que estaba ingiriendo, encontramos que seis le están haciendo bien, pudimos quitarle uno, y estamos analizando el resto para saber si los debe seguir utilizando”, contó el doctor Burgos.

Rodríguez, entretanto, dijo que espera que sus condiciones se mantengan estables, pues ya sabe qué fármacos son lo que le hacen bien y qué dosis realmente necesita.

“Mi expectativa es no tener que llegar a diálisis y ver si puedo dejar de tomar tantas pastillas”, dijo la paciente, al asegurar que le mostrará los resultados de la prueba de ADN a los demás médicos que la atienden.

Y es que, según expusieron Ruaño y Burgos, el “reto mayor” de la medicina personalizada es la desconfianza que le tienen los propios médicos y las compañías aseguradoras. Destacaron, no obstante, que algunas de estas últimas ya cubren la prueba, pues han entendido sus beneficios.

Ruaño mencionó que, además de tratamientos -preventivos y curativos- más certeros, la medicina personalizada redunda en menos complicaciones y efectos secundarios, lo que reduce, a su vez, el costo de la atención médica y aporta a la calidad de vida de los pacientes.

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