Camine para que se le quite el hambre
Por La Nación- Costa Rica/GDA

El sedentarismo es el enemigo de la sociedad moderna. Las jornadas laborales de ocho o más horas, sentados en un escritorio frente a una computadora y diversión limitada a jugar juegos de videos y ver televisión -de la mano de una mala alimentación- son algunos de los responsables de que más de 1,000 millones de personas en el mundo vivan con sobrepeso y sus consecuencias: diabetes y enfermedades cardiovasculares, por citar algunas.


Matemáticamente, el efecto del sedentarismo es lógico: mientras más inactiva es la persona menos calorías consume y, lo que no se consume, se almacena en forma de grasa. Sin embargo, los resultados preliminares de una investigación de la Universidad de Massachusetts y la Universidad de Misuri señalan que hay un componente hasta ahora oculto en esta ecuación matemática: mientras más sedentaria es la persona, más hambre siente y percibe menos saciedad.


La lógica nos dice que cuando una persona hace ejercicio físico va a sentir más hambre que cuando no lo hace. Sin embargo, la investigación liderada por Kirsten Granados y Barry Braun señala lo contrario.


La investigación


Seis voluntarios, entre los 23 y 31 años, delgados y saludables, fueron sometidos por varios días a un régimen calórico donde se consumía justo lo que el cuerpo gastaba durante el día. Tras ese período, todos los voluntarios experimentaron tres condiciones distintas, todas con una duración de 24 horas.


En el primer escenario, la persona pasaba 12 horas de su día siendo físicamente activa, pero sin desarrollar lo que popularmente conocemos como ''ejercicio''. El voluntario caminaba, doblaba ropa, arreglaba papeles y no permanecía más de 10 minutos de cada una de esas 12 horas sentado. En cuanto a alimentación, la persona consumía la cantidad de calorías que su cuerpo gastaba en esas 24 horas.


En el segundo escenario, la persona pasaba 12 horas completamente inactivo. Podía ver videos y trabajar en una computadora, pero no podía caminar. Para moverse, uno de los investigadores lo empujaba en una silla de ruedas. A pesar de la baja actividad física, el voluntario seguía consumiendo las mismas calorías que en el primer caso.


El tercer escenario, el voluntario repetía la misma inactividad física del segundo caso, pero la cantidad de calorías consumidas sí se reducían para que fueran las que el cuerpo gastaba.


Lo curioso es que, al evaluar el nivel de hambre y saciedad, las personas cuando estaban en los escenarios dos y tres se sintieron con más hambre y con más deseos de comer que cuando estaban físicamente activas.


Aunque los resultados son preliminares, al parecer hacer actividades físicas moderadas, como caminar, pueden no solo aumentar las calorías que uno quema sino también disminuir el deseo de uno de comer. 




Edición Impresa
Clasificados