Javier Culson cuenta con un equipo de trabajo que lo mantiene enfocado
por Esteban Pagán Rivera / Enviado Especial
Londres - No es un secreto que la presión de todo un pueblo soñando con una medalla olímpica afectó al vallista Javier Culson en los días antes de su máxima prueba en la pista.
Pero el ponceño respondió en las Olimpiadas de Londres, al capturar una inédita presea de bronce en el evento de 400 metros con vallas el pasado lunes. Sin embargo, detrás de ese logro, hay más personas que ayudaron a Culson en otros aspectos fuera de la pista. Son sus compañeros de trabajo, pero en muchas ocasiones, amigos, confidentes y hasta sicólogos. Se trata de su entrenador Héctor ‘Kno’ Amill y la terapista atlética Yamilka Padilla.
“Mi equipo de trabajo es lo mejor que he obtenido. Ambos saben todo de mí”, dijo ayer Culson. Sus distintas personalidades han resultado en una efectiva combinación, y los resultados se han visto en la pista. El presidente del Comité Olímpico, David Bernier, explicó que el vallista no tiene un sicólogo fijo, aunque sí recibe los servicios cuando sea necesario. Por tal razón, Bernier enfatizó en la importancia de la química entre Culson, Amill y Padilla. Pero es Padilla la pega que mantiene unida el trío, especialmente cuando ocurren diferencias normales entre entrenador y atleta. “Yamilka es una pieza de mucha importancia en el equipo de Javier, en el aspecto afectivo, en el aspecto emocional, y así Javier nos la he hecho saber”, dijo Bernier.
Mientras, el mismo Amill no niega la importancia de Padilla en el trío. El veterano entrenador ha trabajado con Culson desde escuela elemental, pero no fue hasta el 2009 que Padilla se unió al cuerpo de trabajo. Y pese a que el trabajo de Padilla es de preparación física, Amill reconoce que ella ha tenido que asumir el papel de sicóloga.
“¡Muchas veces! Trabajar con Javier, no es fácil, y trabajar conmigo, ¡peor! Yo no soy nada de fácil. Y ella nos soporta a los dos”, dijo Amill.
Mientras, Padilla se disfruta cada momento de gloria, pero también trabaja extra en esos días no tan buenos. Natural de Barranquitas, Padilla lleva 12 años desempeñándose como terapista atlética.
“Es una dinámica bien interesante”, apuntó Padilla. “Hemos formado una relación familiar, a pesar de que existe ese profesionalismo y confianza, en el punto de que todos podemos resolver los asuntos que se presentan en el momento de la práctica o de la competencia. Esa confianza que hemos desarrollado nos ha ayudado a alcanzar las cosas que hemos alcanzado, porque nos entendemos”, añadió.
Padilla trabaja el físico de Culson, pero siempre está ahí para darle consejos en situaciones emocionales. “Es bien difícil que un atleta puede estar cómodo si no confía en los profesionales que están a su alrededor”, sostuvo Padilla.
Los tres salieron de Puerto Rico el 3 de julio para participar en eventos de la Liga Diamante, además de iniciar la preparación para los Juegos Olímpicos. Y allí estuvo Padilla para ayudarlo a mantener la tranquilidad de cara a las Olimpiadas.
“Cuando llegamos a la Villa (Olímpica), aumentó un poco más la tensión y Javier, dentro de todo, sí tuvo la capacidad de poder manejarlo. Donde yo sí noté el cambio drástico fue en la final (del lunes). Vimos una presión de un pueblo, una presión de emociones. Todos sentimos la presión, todos sentimos la emoción”, recordó Padilla.
De hecho, fue ella quien tuvo una de las últimas conversaciones que mantuvo Culson antes de competir en la final. “Le dije que ‘tú nunca dudes de tus talentos, porque tú eres el mejor, independientemente de lo que pase, vas a saber que siempre eres el mejor del mundo, eres nuestro campeón’. Pero hay que estar ahí, día a día, para entender y ver cuál es la verdadera presión de un atleta, lo sacrificios que se hacen para poder llegar hasta aquí”, concluyó Padilla.