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22 de julio de 2012

Afianzar

Yajaira Rodero

La degradación pilla al País mientras se discute la excarcelación de uno y saborea el potencial arresto del otro. Salivando, engullen informaciones que fortalecen la teoría asesina.

El primero, enviado al hoyo sin derecho a fianza y el segundo, ya juzgado y condenado por el país sin que medie acusación. En ambos casos la presunción de inocencia presume de ausente. Degradar es lo mismo que privar a alguien de las dignidades, humillar y rebajar. Asesinatos a tutiplén: lo mismo te matan en la sala de tu casa que en la terraza leyendo el periódico.

La situación del país es degradante: sangre, privación de empleos y otorgamiento de contratos multimillonarios, algunos gestionados mediante correo electrónico. “Moody's” estarán las generaciones “poor's” venir a quienes se les endilgan los costos de los desmanes para beneficio privado. “Yo no sé nada, yo llegué ahora mismo”, el estribillo de la canción socorre por igual a políticos y a asesinos. Al resto no nos auxilia.

Defender nuestro derecho a la fianza ni siquiera debería ser objeto de debate en un país en el que convictos y sentenciados resultaron inocentes, las “autoridades” tirotean a octogenarias “sospechosas”, algunas escenas de crímenes son manejadas, hmmm, las estadísticas se manipulan, y existe historial de fabricación de casos.

Los jueces, queda estipulado, comenten errores como el que más. La toga no oculta la capa de Superman, es de humanos errar o conducir borrachos o ambas cosas. Las circunstancias exigen afianzar y afincar los derechos, pero la histeria colectiva pare votos y son tiempos de cosecha.

Aquí se cazan más gárgolas y “chupacabras” que delincuentes. Aseguran que ronda el 70 por ciento la proporción de casos sin resolver. Y si no pescan a los criminales, a quiénes privarán de su derecho a la fianza.

El candidato rojo azulado aspira a una entrega incondicional de derechos y ante el vicio de pedir, la virtud de negar. Si algún juez saliera en defensa de los derechos de su hijo, otro gallo cantaría. La desidia de hoy, será el lamento de mañana: “Si yo llego a saber que Perico era sordo, yo paro el tren”.

  • La autora es periodista.

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