Sergio Gutiérrez Negrón
En dos semanas votaré por un presidente. Cuando estaba en la elemental, una maestra insistió en que un presidente era aquel mandatario con el poder de disponer de un ejército. Y se me quedó. Cada vez que aprendía el nombre de un político, me hacía la pregunta. Mientras más lejos se encontrasen de la medida bélica, menos los estimaba. Cuando Willie ganó la alcaldía, descubrí que había sido general y el niño en mí lo reevaluó y se acordó de la maestra.
Siendo justos, la ‘misi’ no lo hizo por belicosa. Lo hizo porque no entendíamos cuál era la diferencia entre Bush I y Hernández Colón. Igualmente tuvo que explicarnos, aunque no recuerdo bien, que la guardia nacional no era eso tal cual. Lo que sí recuerdo fue la aclaración de que el Ejército Puertorriqueño era otra cosa y que no debíamos preocuparnos por ello.
Era una escuela popular. Por eso se complicó la cuestión al intentar explicar que sí éramos un país pero que nuestro gobernador no era un presidente. Igual, su insistencia en que nuestro gobernador no era como los otros gobernadores, porque nuestro gobernador gobernaba un país.
Volviendo a su prueba presidencial, la ‘misi’ explicó que cuando los padres de la nación estadounidense decidieron crear la institución ejecutiva se formó tremendo revolú por el temor a una posible dictadura. El punto, dijo la ‘misi’, es que eventualmente decidieron que un presidente ejercería por cuatro años, firmaría acuerdos, y, más importante, dispondría del ejército, aunque no podría declarar la guerra. De ahí su escala de poder.
Acordándome de esto, le digo al niño que fui que pronto votaré por alguien que dispondrá de un ejército. Cuando se lo comento a mis vecinos acá en Georgia, con alguna emoción de por fin ser parte oficial del intercambio de violencias que hace historia, siempre preguntan, confundidos, que cómo es que yo puedo votar. Le explico lo del gobernador que no es lo mismo que un gobernador porque el nuestro no gobierna un estado sino un país, etc… pero me rindo a mitad. Les digo que no importa, que no se preocupen por ello. Siempre titubean, me miran como si supieran algo que yo no, e insisten: “Are you sure?”.