Rosa Mercado
Te has salvado, Señor Dios que ahora tienes en Puerto Rico una habitación. Así que estaban equivocados en el catecismo cuando decían que Dios estaba en todas partes. Mira tú las mentiras que les cuentan a los niños.
Ahora resulta que no es verdad, que necesitas igual que todos un lugar donde retirarte de tus criaturas. Y no digo que no te canses, si no estarás harto, digo yo, de tanta guerra y tantos problemas y más de un día te habrás preguntado si de verdad la idea de crear al hombre a tu imagen y semejanza fue tan feliz como al principio parecía.
Y a lo mejor te dirás que ya están ahí y que entre col y col una lechuga, que por cada Judas hay varios Cirineos que están dispuestos a arrimar el hombro, con un empujoncito, nunca mejor dicho, pero lo arriman que es lo importante y acompañan en un trecho difícil del camino a alguien a quienes sus amigos dejaron solo.
Me imagino que será difícil mirar alrededor y observar para cuántas cosas se usa tu nombre. Se usa por ejemplo para lograr que la gente sienta temor, mira tú, si para sentir temor con prender el noticiero basta y sobra.
Pero está de moda usarte como un estandarte, con perdón, que traen y llevan por el mundo dos tipos de personas: aquéllos que viven literalmente de tu existencia, y los políticos, que lo creas o no también son personas y medran a tu costa.
Porque en estos días de incertidumbre no hay nada como agarrarse de los votos de los más crédulos de entre nosotros.
Así, el alcalde de Lares, asegura que tú mismo le diste la encomienda de llamar a la Ciudad del Grito, la Ciudad de los Cielos Abiertos, como si en el ancho mundo hubiese un solo lugar con los cielos cerrados.
Pero como los alcaldes se contagian de estas cosas, ahora el de Quebradillas le llama a su pueblo Habitación de Dios. Y de aquí a las elecciones habrá algún curioso que se le ocurra llamar al suyo: Cabecera de la Cama de Cristo. Digo yo que estaríamos mejor, si se afanasen igual quitándole al Dios de los cristianos la corona de espinas, socorriendo a ancianos olvidados, curando a adictos, rescatando a niños o como mínimo, haciendo el trabajo por el que cobran, y dejándote en paz.
n La autora es abogada y escritora.