Sergio C. Gutiérrez Negrón
Mi familia está visitándome, y, mientras tanto, mi abuela de noventa y pico pasó el 25 en el hospital. Creo que debería escribir de eso, insistir en lo cálido de lo familiar, en la importancia de ser Herminia, mujer de apenas cinco pies. Pero, me sigo recordando de la yola que zozobró hace más de veintidós días, con 95 personas, saliendo de la República Dominicana, y siento que se me interpela, aunque no sé en qué idioma. ¿Cuál preocupación tiene prioridad?
Pero, ¿qué decir? No es la primera que falla. Ya cunden demasiados muertos dentro de nuestros propios lindes, a la merced de las corrientes marítimas del narco, ¿y qué si alguien se arruina en las afueras?
¿Por qué preocuparnos por la otra pleamar, dictada también por los ritmos sutiles de la oferta y la demanda? “El mar es insaciable”, escribió una vez Mayra.
Hacer de los náufragos causa también me parece decadente. Cualquier escrito, una apropiación. Pero, no reconocerlos, dejarlos desaparecer entre las páginas de rápida descomposición de la noticia fetichizada me parece igual de morboso.
Tampoco hacerle eco a la injusta “prohibido olvidar”, porque el olvido es saludable. Es la amnesia, ese borrón, lo que tiene algo de terrible. Quizás vale darle un eco a la catástrofe tres semanas después.
Los navegantes salieron de la playa de Matancita, en el municipio de Nagua. Dos horas y media sobre el mar antes de que las olas, el arrecife... Sobrevivieron treinta.
Al hospital al que llevaron los pocos cadáveres recuperados, acudieron cientos de personas queriendo cerciorarse de que no reconocerían a nadie entre los viajeros. Algunos, por suerte o no, recobraron su identidad ya idos.
¿Qué más puedo escribir sin “sobre-decirlos”, sin banalizarlos, obligarlos a causar algo a fuerza de metáforas?
Nada, supongo.
Siguen las trullas, las parrandas, las lucecitas que parpadean, mi abuela en el hospital, y cientos de hombres y mujeres que preparan sus propios botes.
Todos con dedos cruzados, todos deseando que la mar nos sea buena la próxima vez.
n El autor es escritor y bloguero.

El individuo lo disfruta como si se tratara de un juego. Mira el vídeo