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18 de septiembre de 2012

Por el “Sí”, por si acaso

JOSÉ ALFREDO HERNÁNDEZ MAYORAL

La semana pasada se reveló una encuesta que sugiere que un número considerable de estadistas votará por el “Sí” en el plebiscito por temor a que un triunfo del “No” provoque la independencia. Según esa encuesta, un veintitrés por ciento de los que dijeron que votarían por el “Sí” dieron como fundamento el miedo a que el “No” “sea un vehículo para traer la independencia por la cocina”. Otro doce por ciento dijo que un voto por el “No” se podría interpretar como un rechazo a los Estados Unidos.

La encuesta la mandó a hacer y la divulgó un estadista reconocido. De modo que no puede decirse que es un invento de los populares para manipular la opinión pública a favor del “Sí”.

Esos números tienen varias explicaciones.

Primero: Esos estadistas ven que quien sugirió la forma de este plebiscito fue Rubén Berríos y piensan que alguna razón tendrá. La teoría de Berríos la he detallado en columnas anteriores. Berríos entiende que el Congreso no concederá la estadidad, y si ya el pueblo ha rechazado el ELA, la única alternativa que quedará disponible será la independencia.

Segundo: Se percatan de que la opción de ELA Soberano sale muy fuerte en las encuestas y ello les causa temor pues, aunque el título dice ELA, la definición es una de libre asociación que Casa Blanca reconoce como modalidad de independencia. Quien quiera al que en el PNP se le ocurrió ponerle ese nombre a esa opción tiene que estar ahora halándose los pelos. Su objetivo era atraer un número reducido de estadolibristas y así asegurar el triunfo del “No”. Pero subestimó el poder del nombre Estado Libre Asociado.

A Carlos Romero hay que reconocerle que vio esa venir. Él insistía, como lo hizo en el 1998, que se aclarara en la definición que esa opción no contempla la ciudadanía americana, como es el caso en todos los pactos de libre asociación que ha firmado Estados Unidos. Romero sabe que no hacer mención de ese dato sugiere que la ciudadanía se quedaría inalterada con la libre asociación, lo que le remueve su principal obstáculo y ya vemos la consecuencia.

Tercero: Lo que más desean esos estadistas es la unión con los Estados Unidos. La retórica de la igualdad no es lo que mueve a la mayoría de ellos, pues el español y la autonomía fiscal bajo el ELA valen más que el poder de cinco congresistas en un cuerpo de 435. Esos estadistas que desean por sobre todo asegurar la unión con Estados Unidos se percatan de que el voto por el “Sí” asegura esa unión.

Póngase por un momento en los zapatos de un estadista. En su proceso mental ve que un triunfo del “Sí” mantiene la unión con EE.UU., aunque no sea exactamente como la quisiera. Entonces ve que votar por el “No” es someter esa unión a la suerte de lo que resulte en la segunda pregunta. There is the rub. A ese elector que es estadista por ser muy conservador y temerle al riesgo le están pidiendo que se la juegue, algo que va en contra de su naturaleza. Si se mantiene esa tendencia y triunfa el “Sí”, la decisión de ponerle ELA Soberano a la opción de libre asociación se considerará su principal error, pues la fortaleció demasiado en las encuestas y contribuyó a desencadenar el fenómeno que hemos discutido.

También verán como error el haber combinado las dos preguntas en una sola papeleta en un mismo día, en vez de tener dos eventos en fechas distintas. Eso les habrá permitido a muchos electores no estadolibristas votar por su preferencia en la segunda pregunta y, satisfaciendo así su deber, votar “Sí” en la primera para protegerse en caso de que gane el otro en la segunda.

Finalmente, se percatarán de que diseñaron una papeleta donde la unión solo la garantiza el voto por el “Sí”.

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