IBRAHIM PÉREZ
El testimonio de Neyssa Malavé debería ser suficiente razón para responder prontamente al llamado. Ella fue sorprendida por un cáncer del cuello uterino en 1998, a la edad de 21 años, cuando todavía no existía una vacuna contra dicho virus, y no desea que ninguna mujer joven pase por las vicisitudes que ella tuvo que enfrentar. Experiencias similares no deberían repetirse, porque desde el año 2006 existe una vacuna para impedirlo.
La infección con el virus del papiloma humano es la más común de transmisión sexual. Su contagio se facilita cuando las relaciones sexuales comienzan a temprana edad. El cuello uterino es más susceptible a infectarse a esa edad, y también a evolucionar en cronicidad y alto riesgo de desarrollar cáncer.
Ocho de cada diez féminas se infectarán antes de los 50 años, pero en tres de cada cuatro ocurrirá entre los 15 y 24 años. Por ello, se recomienda la vacunación de ambos sexos entre los nueve y veintiséis años, preferiblemente en la preadolescencia y adolescencia.
El cáncer del cuello uterino sólo ocurre en mujeres previamente infectadas con virus del papiloma humano. Las dos vacunas disponibles son muy efectivas para prevenir la infección, pero no curan la enfermedad después de ocurrida la infección.
La Academia Americana de Pediatría recomienda vacunar a todas las niñas y niños entre 11 y 12 años. La vacuna Gardasil está aprobada para ambos sexos, pues brinda protección contra los cuatro tipos del virus de papiloma humano que causan el 75% de los casos de cáncer del cuello uterino y el 90% de las verrugas genitales. Cervarix solo está aprobada para féminas, pues no previene las verrugas genitales. Ambas requieren tres dosis en un periodo de seis meses.
No se debe negar esta segura protección a los hijos antes de que inicien su actividad sexual y sean infectados con el virus. Hay que consultar al médico, a la aseguradora o al Departamento de Salud. No los expongamos injustificadamente a una condición casi totalmente prevenible. Movámonos hoy mismo.
ibrahim2@onelinkpr.net

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