Ileán Pérez Cruz
“Si la simulación es su forma desencantada, la seducción es su forma encantada” (J. Baudrillard)
La tercera etapa de la seducción es su politización. Es decir, el despojo de su misterio, la ruptura de su himen, su normalización e institución.
La seducción, viéndose desnuda, se reproduce mecánicamente en los “Victoria’s Secret angels”, en la pornografía (“Two Girls and One Cup”) y en el séptimo arte. Esta indumentaria prefabricada es vasta, para cubrir algo ya descodificado. Una vez el sistema de producción se hace con el signo de la seducción, en cuanto intenta representarla por medio de sus marcas y productos, trastoca sus significantes.
Una banalidad como la siguiente puede servir de ejemplo. Por Facebook corría la semana pasada una pregunta tipo encuesta: “Describe con el título de una película tu vida sexual”. ¿En serio, algo así como narrar la vida deportiva con un “oneliner, just do it”, o lo que es igual, los Pampers respecto a los pañales desechables?
La producción en “masse” fabrica de todo, tanto ángeles sexuados portadores de bragas sexy hasta cursos en posturas y gemidos pornográficos que nada saben de la seducción.
Envasar la seducción es tan chiflado como pretender que un “software” de traducción sea capaz de producir un libro idiosincráticamente. La seducción es al lenguaje lo que ambos son a nuestro aparato cognoscitivo: código subjetivo.
La seducción respondía al sinsentido de la vida. El “mass production” canibaliza la seducción para reproducirla con el detalle de sólo permanecer en la mera simulación para disfrazar un mismo dilema, según Baudrillard.
Es puro teatro. Seducir es drama encarnado. Ejercer el control sin recurrir a lo masculino. Baudrillard alude a su sentido de sortilegio porque reside en ella algo velado que tienta la suerte.
A través de la seducción, el misterio por saber qué se esconde detrás de permanecer cual carnada. Y nos gusta conquistar, trepar un pie semidoblado, bandera en asta, mano en cintura, asir con la verdad, aunque resulte ser otra y nos seduzca nuevamente para levantar su velo.

El individuo lo disfruta como si se tratara de un juego. Mira el vídeo