WILDA RODRÍGUEZ
Tenemos una constitución de embuste desde el mismo día que se firmó. Hablamos de una crisis constitucional a la altura del 2012 cuando la tenemos hace 60 años.
Mis maestros sobre asuntos de la constitución fueron Vicente Géigel Polanco y Antonio Fernós López- Cepero. Ambos me abrieron los ojos a la realidad de un documento cuyo único gran valor estuvo y sigue estando en su Artículo II, la Carta de Derechos, una de las más avanzadas del mundo entero. Por eso le tenemos que estar eternamente agradecidos a los que redactaron la Constitución. Por nada más.
El resto es un documento corto y somero que cumplió su propósito de aparentar un gobierno propio bajo la tutela de un amo generoso. Un documento diseñado para los partidos políticos. Una constitución para una partidocracia controlada por dos partidos políticos. Una constitución hecha para ciudadanos en función de miembros de esos partidos políticos.
Esa constitución nos ha propiciado la trastada que ahora todos llaman crisis constitucional y que se resume en la encerrona de que un solo partido controla las tres ramas de gobierno. Que no puede sostener la división de poderes que dice garantizar. Que cuando se hace la pregunta del Chapulín Colorado -¿y ahora quién podrá defendernos?-, nadie se atreve a reconocer que la única apelación está donde siempre ha estado el poder: en el imperio.
Geigel Polanco nos advirtió en 1951: “La Ley 600 sólo autoriza una constitución colonial”, “una constitución de embuste con los derechos menguados”.
Esa constitución del ELA, para quienes no lo sepan, la hicieron representantes del partido popular y el partido estadista. Los independentistas vieron la patraña y se retiraron.
En su ratificación participó solamente el 58% de los electores. Fue aprobada por el 82% de la mitad del país. Si llega a ser en esta época, se echa al olvido como se echó la enmienda de la unicameralidad. Pero no, la vendieron y la alaban como si se tratara de la biblia de los puertorriqueños y nunca lo ha sido. Fue un documento hecho por sastres jurídicos a la medida de Estados Unidos. Los independentistas nunca participaron de la patraña que serviría para menguarnos.
Nada más lógico que el Partido Popular la defienda. Un partido que no ha podido reinventarse. Un partido quedado y con miedo. Quedado en 1952 y con miedo a dejar de ser.
También es de esperar que el PNP no la ataque abiertamente. Le ha permitido llegar a donde está, comerle los dulces al PPD y dominar las tres ramas de gobierno.
La constitución del ELA se hizo precisamente para que esas dos instituciones ideológicas prevalecieran.
Las constituciones de otros países trabajan sobre los temas que la nuestra no trabaja porque no está autorizada a ello. El concepto de nación, el concepto de soberanía y libre determinación, la banca, la industria, las propiedades nacionales y los recursos naturales, las obligaciones civiles, la inmigración, la relación con otros países, la nacionalidad. Un vistazo a la Constitución de México, por ejemplo, nos da una buena idea de lo que la nuestra no toca ni de lejos. Antes de llegar a su forma de gobierno en el Título II, tiene casi cuarenta artículos sobre todo lo anterior.
Por otro lado, los países son conscientes de que sus constituciones no están escritas en piedra.
Pongo como ejemplo la Constitución de Uruguay. Su última versión es la de 1997 y lleva siete. La primera fue en 1829.
Que sirva esta columna para comenzar a discutir la “crisis constitucional” sobre bases reales.
En esa discusión yo me apunto.

El individuo lo disfruta como si se tratara de un juego. Mira el vídeo