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23 de febrero de 2011

Veintitantos

Sergio C. Gutiérrez Negrón

Ella cumple años y se descubre un día mirándose al espejo, veintitantos y nada, su vientre aún compacto. Mira su reflexión y se dice que aún se ve bien, y se dice que aún tiene tiempo, a pesar de la presión constante de sus familiares. Del agobiante “tu tren se fue”.

Él cumple años y se descubre un día mirándose al espejo, veintitantos y nada, sus piezas flácidas y aún sin progenie. Mira su reflexión y se dice que todo está bien, y se dice que aún tiene tiempo, a pesar de la presión constante de sus familiares. Del agobiante “soltero maduro…”.

Es la despótica ecuación dominante. Cumples veintitantos y las velas del pastel adquieren olor a expectativas. Lanzas un vistazo a tus familiares e insisten que pidas un deseo, cruzando los dedos con esperanzas de que sea idéntico al suyo: un trabajo estable, un salario satisfactorio, una línea de crédito, una hipoteca, y ese imperativo primer paso hacia el retrato familiar. No hay por qué pensarlo, por qué permitirte ese segundo en el que podrías detenerte y preguntarte si eres apto o apta para la reproducción. No titubees. El grado académico avanzado es anhelado, si y sólo sí (la ecuación matemática es ley) promete la posibilidad de un sueldo en los seis dígitos. El año de indecisión es apreciado si y sólo sí lo tomas antes de lanzarte hacia el monstruo productor de riquezas. Nada de crecimiento personal, nada de desarrollo artístico. Eso es sólo para los pocos. El resto, tú y yo, a producir.

La verdad es que sí existe un manual, unas instrucciones de uso a este aparatoso lapso al que le llaman vida. Un modelo a seguir que surgió hacia finales del siglo quién-sabe-qué y que aún es deseable, e incuestionable. Urge hacerse engranaje en la dictatorial máquina del progreso, urge empujarse dentro del molde; hacer triángulos de los cuadrados, ignorar lo que quede afuera, el posible malestar que quizás se comience a acumular adentro, silenciosamente haciéndose amargo. Desviarse es fracasar.

¿La solución? Ni idea. Quizás recurrir a la poesía y, a modo de manifiesto, hacer de este desvío, de este fracaso victoria pírrica. Quizás no.

  • El autor es escritor y bloguero.

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    Captan a joven lanzando gato al mar

    El individuo lo disfruta como si se tratara de un juego. Mira el vídeo

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