Todo indica que la vida del Museo de Arte Contemporáneo pende de una soga finísima: la esperanza de que en un momento crítico como el que actualmente enfrenta el País -y para el que no se vislumbra luz en el futuro inmediato- la Legislatura aumente en 100% su asignación anual -que ya es de $500 mil- para llevarla a un millón.
Su directora, la doctora María Emilia Somoza -la querida Miyuca- asegura que es posible. No sabe cómo, pero tiene la certeza de que los señores que “trabajan” en el Capitolio encontrarán la manera de lanzar al MAC ese salvavidas financiero que desvanezca la amenaza del cierre inminente y definitivo, tras casi un cuarto de siglo de existencia, primero en la Universidad del Sagrado Corazón y luego -desde el 2003- en el histórico edificio enclavado en el vértice que forman la calle Labra y la avenida Ponce de León.
-Miyuca -le dije por teléfono hace unos días, cuando recibí un correo electrónico con la convocatoria a la marcha- tú sabes que siempre he apoyado al MAC y que de ninguna manera puedo estar de acuerdo con permitir su cierre, pero ¿qué tan viable es que el Gobierno les aumente la asignación cuando en el País no se habla de otra cosa más que de que la economía está en crisis, que no hay dinero para atender la salud del pueblo, que los maestros exigen aumentos y que en Hacienda los recaudos están por el piso?
-No sé, mijo -me contestó- no es mi problema decirles de dónde sacar los chavos... ellos sabrán dónde buscarlos.
-Pero Miyuca... no es así de sencillo. Mira, ¿acaso no sabes que buena parte de los legisladores no se distinguen precisamente por tener una inteligencia deslumbrante y que precisamente por eso es recomendable iluminarles el camino a la hora de pedirles que resuelvan los problemas del País? Bueno... aunque siempre se corre el riesgo de que las voces que escuchen sean sólo las que les convienen para perpetuarse en el Senado y en la Cámara, como está sucediendo con las de los fundamentalistas religiosos respecto a la retrógrada Ley 99.
-Pues no, eso no nos corresponde a nosotros, para eso están ellos ahí, para que resuelvan...
-Insisto Miyuca, sería recomendable hacerles la petición dándoles diversas alternativas... eso sin contar con la manera como la opinión pública puede recibir esta petición de aumento cuando el País se está desmoronando económicamente de cara a una recesión.
Silencio del otro lado de la línea.
-Miyuca, no soy economista ni contable, pero no veo otras alternativas para que el Gobierno les aumente la asignación que alguna de las siguientes: a) que disminuya las de otras instituciones culturales o que recorte fondos a diversas agencias públicas, b) que los legisladores se reduzcan sueldos y dietas para darles a ustedes esos recursos ó c) que nos aumenten los impuestos a todos por igual.
La conversación terminó casi de inmediato, pero el cariño -creo- continúa intacto.
El problema no es cuestión de afectos. Están ahí, enormes, pero nadie paga la corriente eléctrica, el agua y la compra con ellos. Sin duda alguna, la mayoría de los que solidariamente deseamos que el MAC persista es abrumadora. La pregunta es ¿de dónde habrán de salir los recursos? El Gobierno -nuestro maltrecho, quebrado, inepto y desprestigiado Gobierno- no es la respuesta.
Es hora de reinventarse.