PUERTO RICO EN DEBATE
Al celebrarse un plebiscito, una Asamblea Constitucional o cualquier otro evento que se estipule, el resultado será la libre expresión de la voluntad del pueblo de Puerto Rico sobre sus preferencias de status.
¿Usted entiende que esa expresión es vinculante para el Congreso y para el Ejecutivo? ¿Actuará para que se acate la voluntad del pueblo libremente expresada? ¿Entiende que Puerto Rico es un territorio de Estados Unidos y, como tal, sujeto a los poderes plenarios del Congreso? Si el pueblo se expresa libremente por el status actual, por la estadidad o por la independencia, ¿consideraría ello una opción que obligaría al Congreso a actuar sobre nuestra expresión de voluntad? Como presidente, explique cómo actuaría en cada caso.
Las preocupaciones del pueblo de Puerto Rico son particulares y yo las comprendo, pues también crecí en una isla. Primero que todo, creo firmemente que son los puertorriqueños los que tienen que tener la última palabra en torno al status de la Isla.
Como presidente, trabajaré con esa decisión junto al Congreso, los líderes de Puerto Rico y la sociedad civil para crear un proceso de autodeterminación genuino y transparente.
Lo más importante que podemos hacer es iniciar este proceso. La voluntad del pueblo de Puerto Rico será respetada en Washington.
No puedo especular en cuanto a las diferentes situaciones que se pueden dar, pero mi administración reconocerá todas las opciones válidas para resolver el problema del status de Puerto Rico, incluyendo el status actual, la estadidad y la independencia.
La relación entre los Estados Unidos y Puerto Rico es complicada. Como presidente, yo asumiré la responsabilidad de garantizar que los puertorriqueños puedan tener un proceso justo de autodeterminación.
Una vez los puertorriqueños escojan libremente, juntos podemos movernos hacia el futuro para trabajar en los temas importantes que aquejan a los puertorriqueños, como el desarrollo económico, la salud y la educación.
No podemos tolerar cuatro años más de lo mismo en la política de Washington, que nos ha fallado por décadas.
Yo creo que podemos avanzar juntos para construir un mejor futuro para los puertorriqueños. Yo quiero devolverles los más de 40,000 empleos que se han perdido en las pasadas dos décadas por las políticas viejas de Washington y traerles nuevos incentivos para crear más empleos que sostengan el crecimiento económico en Puerto Rico.
Invertiré en educar a los niños puertorriqueños, porque creo que cada niño, sin importar dónde nació, debe poder alcanzar su máximo con los talentos que Dios le ha dado.
El primero de junio, los puertorriqueños se unirán a los millones de votantes que, luego de 49 primarias y caucus, han escogido unirse a nuestro movimiento de cambio.
Nuestra campaña tiene la delantera en todos los ámbitos, delegados comprometidos, estados ganados y en el voto popular.
Los puertorriqueños tienen una oportunidad histórica este domingo no sólo para elegir al candidato a presidente, sino también para traer un cambio real para el pueblo de Puerto Rico.
Nota del editor
El procedimiento seguido para este debate escrito entre los aspirantes a candidatos demócratas a la presidencia de Estados Unidos fue el siguiente: El Nuevo Día sometió a ambos hace varios días las mismas preguntas específicas que figuran encabezando esta página y, a partir de ellas, ellos elaboraron sus respectivos puntos de vista.