En 1992 la Real Academia de la Lengua aceptó el verbo “cantinflear” para aludir a alguien que tiene una forma de conversación confusa, cuyo portavoz más idóneo fue Mario Moreno (Cantinflas). Algo así como el hombre que llega tarde a una cita con la novia y al ser reprendido por ésta, le explica: “Los momentos pasan y los minutos también… y luego hasta los segundos. Luego, de segundo en segundo, agarra uno el segundo aire. Y luego tú tan chula que eres. Y uno tan enamorado”.
En estos días leía una extensa entrevista que el periodista José Delgado hizo al presidente en funciones del Partido Popular Democrático, Héctor Ferrer. Me recordó lo de cantinflear. Le dijo Ferrer a José Delgado que el desarrollo del Estado Libre Asociado “debe estar basado en la soberanía del pueblo”. Pero seguidamente, rapidito, de inmediato, le dijo también: “Prefiero no describir la aspiración del PPD de mejorar el actual status como la búsqueda de un ELA soberano… No quiero que se use el concepto de soberanía para confundir al electorado”. ¿Confundirlo quién?
Cantinflear estaba en su máxima exposición. Supongo que Ferrer quiso explicar al periodista: “Ahí está el detalle, que no es ni lo uno ni lo otro sino todo lo contrario”.
Otra cosa le dijo a Delgado: le dijo que acepta un “pacto” de asociación con Estados Unidos, pero rechaza un “tratado” de asociación con Estados Unidos. Corrí al diccionario de sinónimos de la Lengua Española; en “Tratado” encontré: “Pacto, convenio”, y en “Pacto” hallé: “Tratado, contrato”. Pudo haber sido un lapsus linguae de Ferrer (seguro estoy que no fue un lapsus calami de Delgado). A lo mejor el presidente popular interino pensaba que “hay momentos en la vida que son verdaderamente momentáneos”, como ese momento tan fuerte que toma tratar de definir al ELA, al de ahora y al ¿del futuro?
La verdad es la verdad: la entrevista no tiene desperdicio. Tampoco lo tenían las películas de Cantinflas.
Dijo también el líder nominal del PPD: “No tengo problemas en defender el crecimiento del Estado Libre Asociado. Lo que he dicho es que no hay que ponerle un nombre al crecimiento… Los nombres se crean para crear confusión”. Le preguntó el periodista: ¿Entonces… aspira a que Estados Unidos algún día entienda un concepto de asociación que aún no existe? Contestó: “Existe en parte con el ELA” (ojo, una asociación en parte).
En cuanto al “pacto” (no “tratado”) que busca el bando del PPD (si se busca, desde luego, es porque no existe) al que él pertenece, Ferrer sostuvo que “dentro de ese pacto se limitaría la jurisdicción del Congreso sobre Puerto Rico. Es una soberanía compartida”. Claro, sin que el ELA pierda “los beneficios de la ciudadanía americana”, verbigracia, los fondos federales que han impedido la bancarrota económica total de Puerto Rico. Y no estoy haciendo una reducción del alcance de tema tan importante. Lo digo porque es claro que en una relación compartida cada parte tiene que hacer sus sacrificios. A través del pacto que se busca, ¿a cuál sacrificio estaría dispuesto el ELA con soberanía compartida? Cantinflas contestaría claramente: “Si necesito un sacrificio, renuncio a mi parte y agarro la suya”.
Es claro que para Ferrer, no es lo mismo “Don Próculo se va a las democracias, que 'demos cracias' que se va don Próculo”.
Pero, albricias, después de la entrevista, durante la reunión del Consejo General del PPD el domingo pasado surgió la unión en el ELA. Después de 57 años buscando una definición política al llamado Estado Libre Asociado, parece que finalmente se dio con la fórmula para acabar con ese fatigoso y divisivo empeño de definir el ELA, de “mejorar”, de “ampliar”, de “perfeccionar” la endeble criatura nacida en 1952 en los más espinosos días de la Guerra Fría.
Surgió, ¡miren qué cosa!, como nadie lo esperaba. Nada más y nada menos que por vía de la nueva vestimenta “nacional” del popularismo: guayabera y pantalones crema como distintivo futuro del ELA. En lo adelante, ni el rojo de Aníbal ni el amarillo de Sila.