Chu García
03-Julio-2009 | Chu García


Chuchazo

Conocí a Alexis Argüello a principios de agosto de 1977, en su primer entrenamiento aquí para combatir con el fogoso Benjamín Ortiz, apodado ‘El Tigre de Aguas Buenas’, y de inmediato me impresionó por su sonrisa noqueadora, su cortesía cortante y su mirada penetrante.
 
Me dijo, en un periquete, que tenía muy buenas referencias mías, dadas por el periodista Edgar Tijerino Mantilla, quien se había domiciliado temporalmente en Puerto Rico tras el terremoto en la capital de Nicaragua, acaecido el 23 de diciembre de 1972, sirviéndole aquí de convidante el entonces presidente federativo del béisbol aficionado, Osvaldo Gil, que sabiendo de sus buenas credenciales dispuso que fuera su oficial de prensa en lo que mejoraba la situación social y económica en su país.
 
Alexis, en ropa de faena, me indicó antes de una sesión de guanteo que Edgar le había sugerido que me conociera rápidamente porque yo había sido el padrino periodístico de Alfredo Escalera, al bautizarle como ‘El Salsero’, a fines de abril de 1973, y que sería bueno que nos compenetráramos profesionalmente porque ya había planes concretos de retarle por la faja superpluma del CMB.
 
El 27 del referido mes, dispuso por decisión unánime en 10 rounds de Benjamín, mimado del entrenador cubano Julián Delgado, uno de los socios de la promotora Fijupe, manejadora de Escalera; pero quedamos en mantenernos en contacto telefónicamente para que continuara creciendo nuestra amistad.
 
De hecho, después de haber vencido a Escalera en febrero de 1978, regresó para una pelea preparatoria con el panameño Diego Alcalá, cuatro meses más tarde, y volvió a encontrarse con Benjamín, asesinado posteriormente por un policía, a quemarropa, en pleno cuartel aguasbonense; y quien le serviría de chata, de forma imprevista, en el estadio Bithorn, ya que no había nadie aquella tarde que osara pelearle un rato, y él, que estaba allí para verle entrenar, le pidió 20 dólares por cada asalto y lo obligó a sudar copiosamente durante cinco y después de haber trabajado en una fábrica de rejas de Delgado.
 
Sin embargo, me fasciné tanto con Alexis, en el plano deportivo, que cometí, en parte por su hechizo, mi disparate mayor como analista boxístico al cambiar de opinión a última hora en su primer pleito con Aaron Pryor, entonces rey júnior welter de la AMB, en al mítico Orange Bowl de Miami.
 
Diez días antes de la riña, fui a hacerle un reportaje amplio para Domingo Deportivo, semanario de El Nuevo Día, junto con el fotógrafo Ramón Korff; y volví convencido que no podría ganar por ninguna vía, pues también había visto velar sus armas al moreno de Cincinnati, que lucía impecable y presto a exponer con éxito su faja por sexta ocasión.


Al ir de nuevo para la reyerta con Korff, pifié al dejarme convencer por Tuto Zabala, promotor que había creado las carteleras de ‘boxeo caliente’ en la cancha Carrasquillo Herpén de Carolina, que Alexis, contrario al sentir generalizado, le sorprendería con su táctica de boxear a distancia, aprovechando su ventaja en alcance, y que sólo se fajaría en el último tercio si era necesario.
 
Quedé persuadido, sepulté mi primer voto a favor de Pryor y escribí, con altanería, que Alexis obtendría fácilmente su cuarta corona.


Ni lo uno ni lo otro: lo noquearon en el 14, y en la revancha le repitió la dosis en 10; pero a la larga el perdedor se convirtió en una leyenda viviente, más ahora que acaba de morir; y del ganador las masas ni se acuerdan, tan sólo un puñado de puristas del toma y dame…


Comentarios

Háganos saber su opinión respecto a este artículo. Es necesario registrarse y activar su cuenta para participar.
Condiciones de uso

Email
Contraseña

Para poder comentar usted debe registrarse con su nombre verdadero e indicar un e-mail de contacto. Queda prohibido cualquier insulto o agravio, amenazas de cualquier índole o insinuaciones hacia o contra cualquier persona. No se permite lenguaje libeloso, difamatorio, ilegal, obsceno u ofensivo, faltas de respeto y el uso de sobrenombres de mal gusto o mensajes que violen los derechos de intimidad de terceras personas. El Nuevo Dia se reserva el derecho a decidir que mensajes incumplen estas normas, las Reglas para Comentar o los Términos y Condiciones de Uso de el Nuevo Dia, a eliminarlos sin previo aviso y a expulsar a un Usuario que, a su sólo juicio, incumpla las mismas. Usted es el único responsable por el contenido que usted aporte.