EDITORIAL DE EL NUEVO DÍA
28-Octubre-2009 | EDITORIAL DE EL NUEVO DÍA


El gran reto es ambiental

Al tiempo que las autoridades realizan la investigación de rigor de la catástrofe en la Caribbean Petroleum Corporation (Capeco), es menester que las agencias estatales y federales con injerencia en asuntos ambientales y salubristas sean estrictas y entren de inmediato en el monitoreo y la mitigación del daño ambiental ocasionado.

Aunque aún están por verse en un marco amplio todos los efectos ambientales, así como los problemas a la salud de la población por el humo tóxico, desde ya se sabe que hubo daños en 15 cuerdas de un humedal aledaño a la refinería de 30 cuerdas contaminadas con diesel y aceite, peces muertos y una cifra indeterminada de patos silvestres, boas puertorriqueñas y pájaros carpinteros sin vida, estos últimos dos, especies en peligro de extinción.


Queda por verse si hubo contaminación del acuífero que sirve de abasto de agua potable de miles de ciudadanos y también para las operaciones de industrias de la zona de Bayamón, Guaynabo y Cataño.


El tiempo determinará la magnitud del impacto a corto y largo plazo de la contaminación provocada por la quema de millones de galones de combustible, y su consecuente particulado tóxico, en la salud pública de la zona y en el personal de primera línea que manejó la emergencia.


Es urgente entonces que todas las agencias federales y estatales responsables del monitoreo establezcan estrategias y destinen recursos para evaluar a corto, mediano y largo plazo el impacto ambiental y mecanismos para minimizar el mismo.


Por ejemplo, la Autoridad de Desperdicios Sólidos (ADS), responsable de la planificación, financiación y operación de la transportación, procesamiento y disposición final de los desperdicios sólidos en la Isla, está llamada ahora a supervisar que el manejo de los restos de este siniestro se haga dentro del marco de la ley.


La Junta de Calidad Ambiental (JCA), por su parte, tiene que ejercer la jurisdicción que le otorga su ley habilitadora para fiscalizar la calidad y pureza del ambiente, monitorear los desperdicios o sustancias contaminantes que pudieron haber sido descargados en las aguas, controlar las fuentes dispersas de contaminación acuífera y poner en vigor su plan de emergencia para minimizar los daños de derrames o sustancias nocivas.


El Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) tiene que hacer un riguroso monitoreo del uso y extracción de las aguas subterráneas aledañas a la refinería y asegurarse de que las cuencas hidrográficas (ríos, riberas, lagos, lagunas, charcas y humedales), así como las especies de vida silvestre, en especial aquellas en peligro de extinción, estén debidamente protegidas. En este esfuerzo de proteger la flora y fauna de la zona, el Servicio federal de Pesca y Vida Silvestre y el Servicio Nacional de Pesquería Marina juegan un importante papel.


De otra parte, la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), tiene que estar particularmente vigilante de que los contaminantes no lleguen a las plantas de tratamiento de aguas usadas y de filtración.


En tanto, al Departamento de Salud le corresponde atender con estrategias preventivas y salubristas, los serios padecimientos de salud que suelen provocar estos eventos tanto en las poblaciones en la zona aledaña al siniestro, como en los bomberos, policías y otras personas que trabajaron durante la emergencia.


Si todas estas agencias, y otras que comparten responsabilidad en la respuesta ambiental y salubrista a este siniestro, hacen desde ahora la labor que les corresponde, ésta y futuras generaciones gozarán de los beneficios que rinde el precaver, en vez de tener que lamentar.


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