Esto es muy simple: el país es un país de ley y orden para los obreros y los estudiantes machacados, y otro país donde no se sabe lo que es orden, ni mucho menos ley, cuando se trata de darle mano libre al individuo que anda huyéndole a los búlgaros
Probablemente la explosión de fango ha sido peor que la de gasolina. ¿Cómo es posible que una sola compañía pueda concitar tanto bochinche y tanta podredumbre? En el espejo de los extraños manejos que han desembocado precisamente en un gran daño ambiental, puede mirarse la actitud servil de unos gobiernos; la corrupción que es más contaminante que el peor de los hidrocarburos, y la arrogancia e insensibilidad de unas compañías que se llevan por delante lo que se tengan que llevar, y a las que el País les importa menos que el pico de un carpintero achicharrado.
¿Cuánto se han dañado los suelos y los acuíferos que circundan la zona del desastre? Las llamas se apagaron, cierto, pero queda encendida esta otra alarma: una pequeña cantidad de gasolina, al decir de los especialistas, puede arruinar una enorme cantidad de agua. Y habrá que determinar cuál es la magnitud de la contaminación por causa del gran incendio de los pasados días, pero en el proceso se descubrirá -y no sabemos si se informará- la magnitud de la vieja contaminación, esa que han supurado, durante años y años de operaciones cuestionables, las mangas defectuosas, las conexiones gastadas, la manipulación del combustible.
Aquí sólo se ha levantado una esquinita de la alfombra y miren todo lo que ha salido. La gran ironía es que, cuando se celebra un paro nacional y un grupo de personas va y bloquea una calle, aparecen inflamados los jefes de la policía, se llenan el pecho para proclamar que no lo pueden permitir porque “esto es un país de ley y orden”. ¿Ah, sí? Pues que se lo digan al dueño de CAPECO, al perla de nombre impronunciable, pero a él no se lo dicen. Saben que el dueño de CAPECO, si está de buenas, le tira una trompetilla a la Policía, y le tira otra trompetilla más sonora a Hacienda. Si está de malas, llama a su amigo el ruso. Esto es muy simple: el país es un país de ley y orden para los obreros y los estudiantes machacados, y otro país donde no se sabe lo que es orden, ni mucho menos ley, cuando se trata de darle mano libre al individuo que anda huyéndole a los búlgaros. Que no me negarán que es una línea exótica: le huye a los búlgaros; a esos señores que, cuando quieren decir no, dicen que sí con la cabeza, y cuando quieren decir sí, la mueven como si dijeran no.
El gran escándalo, antes del incendio, eran las palabrotas que había pronunciado René Pérez. Pues hay que recalcar que los millones en deudas perdonadas; los gobernadores y bufetes pringados de petróleo; los chanchullos de alto vuelo, los conflictos de intereses muy interesados, y toda esa gente que se mete millones al bolsillo -y que es la misma que intenta persuadirnos de que no hay con qué pagar a los conserjes-, es la mentada de madre más espectacular y pavorosa que puede hacérsele, no a una sola persona, sino al País entero.
En el famoso Libro Negro de las Marcas, donde dedican un extenso capítulo a los manejos turbios de las refinerías, hay un párrafo que dice: “No hay un rubro en el que los derechos humanos se pisoteen tanto como en el del petróleo. Para obtener ganancias, algunas multinacionales del petróleo financian guerras, pagan comandos asesinos y tornan inhabitables regiones enteras”.
Ahora sabemos por qué pasará tiempo, mucho mucho tiempo, antes de que nadie intente seriamente producir energía renovable en Puerto Rico. Y es probable que la orden tenga que venir del Norte, triste es decirlo, ningún gobernador moverá un dedo para que la florecilla más anhelada de los búlgaros, en lugar de tener los 40 tanques que tiene, sólo tenga veinte. A nadie le interesa que haya un buen sistema de transporte colectivo, ni que la gente prescinda un poco de los carros y la gasolina, como se ve en los países más adelantados. Al contrario, se extenderán las autopistas para seguir permitiendo la construcción desordenada y el hacinamiento de vehículos en la carretera. Y se le dará, cómo no, luz verde a nuevas urbanizaciones levantadas en las faldas mismas de las refinerías y fincas de tanques de petróleo.
Nada más producirse la explosión, empezaron a filtrar la posibilidad del atentado. Ahora, que sale a flote esta marea negra -no de petróleo, sino de porquería-, una entiende que hubieran querido con toda el alma que un “delincuente” de los que protestan en las calles, hubiera sido acusado de prender la chispa.
Aunque a lo mejor fue un búlgaro, siempre cabe esa posibilidad. Una vez leí que los jardineros búlgaros, de tanto aspirar el perfume de las rosas, mantenían los corazones saludables. Vean de cuantas cosas se está privando el hombre que ya no quiere ir a Bulgaria. Prefiere este país de ley y orden donde la Legislatura sería capaz de homenajearlo, y aprobar por descarga una enmienda para que nosotros, de común acuerdo y como corderitos, terminemos pagando por los tanques rotos.