En una inocente cartulina, de esas que usábamos para los proyectos escolares, la mafia puso su lista negra: Pepón, Juan Luis, Yeye... Resulta desconcertante la caligrafía juvenil con la que aparecen los apodos de los sentenciados. En el centro, una figura encapuchada extiende los brazos como si abarcara los remotos confines de su dominio. Arriba de todo, una siniestra frase corona la composición: “Bienbenido al Infierno, Ivansito”.
Al parecer, no hubo tiempo para colorear minuciosamente. El artista consideró más importante el fuego y se esforzó en pintarrajear las llamas. La figura de la Muerte se quedó en blanco, como si fuera un fantasma de sí misma.
En su niñez, las manos del artista se habrán adiestrado en la inocente caligrafía escolar: Mi mamá me ama. Corre, Lobo, corre. Sus deditos habrán dibujado con esmero paisajes arquetípicos de casitas en lomas, carritos deportivos y personajes de caricaturas: Power Rangers, Picachu, Thundercats. Es muy posible que la imagen de la figura encapuchada provenga de su experiencia como espectador de cine o de los disfraces que se venden para Halloween.
El pulso de esa mano se adivina firme aún. Muy bien podría, con el debido entrenamiento, dibujar un rostro o un paisaje. Detrás de esa mano hay un brazo joven, una inteligencia. Es verdad que hay errores ortográficos, pero no más de lo común. Para hacer el cartel, el artista pensó un buen rato. Compró la cartulina y los marcadores, como si preparara una tarea escolar. Cumplió la encomienda y lo entregó al emisario que lo puso a la vista del vecindario.
La cartulina blanca rebosa de una furia casi pueril, de una razón torcida. Algo les sucedió a estos muchachos por el camino. ¿Cuándo, cómo fue que se perdieron? Una estela de violencia los acompaña ahora perpetuamente, como una maldición.
El letrero recibe a Ivancito en el infierno, como si hubiera estado en otra parte.
El cartel podría haber puesto allí lo que imaginó un poeta de otros tiempos sobre las puertas del abismo: Abandonen, quienes entren, toda esperanza.
Ahí reposa, mientras tanto, tristemente ominosa, la cartulina blanca.
n La autora es profesora universitaria y escritora.