JOSÉ ÁNGEL GARCÍA PABÓN
06-Noviembre-2009 | JOSÉ ÁNGEL GARCÍA PABÓN

CATEDRÁTICO DE PSICOLOGÍA


Juventud al vacío


Cuando un joven intenta finalizar su vida, las instituciones como Gobierno, escuela, iglesia y familia han de hacerse una pregunta: si esa es la solución, ¿cuál es el problema? Porque un evento como ese nos convoca a todos a una reflexión profunda.


El Gobierno tiene que dirigir sus esfuerzos de manera sensible y con respeto para con la divergencia. Invitar a modelar la tolerancia lo que facilita prácticas no excluyentes, discriminatorias, opresivas y violentas.


La escuela como proyecto de formación ha de ejercer su filosofía de desarrollo integral del ser humano. Cuidarse del pragmatismo tecnócrata, individualista y mercantil que ha quebrado la enseñanza.


Las iglesias necesitan retomar los proyectos que sirven para dar sentido a la vida y significar la muerte desde las entrañas de una sociedad plural que exige la participación activa en las dinámicas sociales. Es urgente cambiar la idea de una ruta hacia la “paz” que, por mucho, parece un viaje hacia la enajenación. Si quieres paz, lucha por la justicia.


La familia pertenece a esa compleja sociedad, a veces intolerante, marcada por el individualismo y brutalmente excluyente. Es una parte, no la causa de los problemas. En ella se reproduce lo que ocurre en otras instituciones. Además, se complica ante los mensajes de caos y crisis que la mantienen en “shock”. Sería un aliciente decir: “Es culpa de la familia y de los valores”. ¡Cuidado! Estaríamos excluyendo a una gran parte de la reflexión.


El suicidio, por paradójico e incomprensible que se nos presente, es, de alguna manera, una posibilidad humana. Este refleja la angustia que genera la desesperanza, la desesperación y la soledad que se producen en la dinámica las instituciones que conforman nuestra vida cotidiana. Es un intento desesperado por comunicar.


Cuando un joven intenta lanzarse al vacío, el futuro de la patria nos está gritando desgarradoramente el nombre de la ruta por la cual todos le estamos indicando que camine. Es la evidencia más dramática del fracaso del proyecto social.


¿Qué más vamos a esperar? Las alternativas tienen nombres: dignidad humana, condiciones de vida, respeto a la diversidad, justicia social, sensibilidad, solidaridad y esperanza.


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