Muchos coincidimos en la necesidad de reestructurar el Gobierno para mejorar sus servicios. Ahora bien, hay un consenso bastante generalizado sobre que la forma de conseguir esta meta no es con el despido de miles de empleados públicos. La unidad que se gestó en torno al paro del 16 de octubre debe ahora articularse en torno al pedido de la Cátedra UNESCO de Educación para la Paz de la UPR (Río Piedras), para que se “aporten estrategias, actividades y reclamos de acción no violenta como ejemplo de que otro Puerto Rico es posible”.
De hecho, existen ya proyectos y prácticas que presentan caminos de esperanza. Por ejemplo, en la premiación de la Fundación Miranda a proyectos que se distingan por su solidaridad se mencionaron múltiples iniciativas que son muestras de que otro Puerto Rico es posible.
La revista “Proyecto Puerto Rico” de El Nuevo Día, por su parte, presentó puertorriqueños que en su práctica ejemplifican la excelencia. ¿Cómo generalizar estos esfuerzos en la educación, en la salud, en la economía, de forma que vayan transformando la calidad de vida de nuestro país? Hacia ese fin debemos todos colaborar.
Identificar, reconocer y dar a conocer prácticas y proyectos que ejemplifiquen alternativas positivas fomenta un diálogo en términos de una acción constructiva, que ayuda a avivar la imaginación hacia la generación de ideas y prácticas para resolver nuestros problemas. Promueve también que las mismas se multipliquen.
Otra forma de apoyar su diseminación es utilizarlas como laboratorios de aprendizaje en las universidades. Así, me alegré al leer en el reportaje de El Nuevo Día que la doctora Lauren Lynch está desarrollando futuros médicos que puedan extender ampliamente a muchas puertorriqueñas la excelente atención que recibió mi hija Anamari por parte de ella y su equipo de trabajo ante un embarazo de alto riesgo.
Junto a los proyectos positivos es preciso desarrollar acciones integradas para atender nuestros problemas más apremiantes. Por ejemplo, cada día aumenta la investigación que muestra la necesidad de integrar servicios para atender a los estudiantes que más apoyo necesitan. Múltiples factores interactúan en sus dificultades de aprendizaje, por tanto, para mejorar éste se necesita un enfoque integrado.
La experiencia en Nuestra Escuela, proyecto que apoya desertores escolares para terminar sus estudios de escuela superior, nos ha dejado ver lo necesario de aunar servicios de salud física y mental, de apoyo a las familias, de posibilidades de trabajo, de consejería, junto con los esfuerzos educativos para lograr el desarrollo integral de los jóvenes.
Las fundaciones y las universidades podrían apoyar el desarrollo de acciones integradas. Por ejemplo, la iniciativa de la Fundación Comunitaria de Puerto Rico, Acción Comunitaria para una Economía Solidaria, con el fin de desarrollar empresas sociales que apoyen el desarrollo económico y de empleos del país, ha articulado los esfuerzos de diversas entidades, de la academia, de la empresa, de las cooperativas, de proyectos comunitarios, alrededor de una iniciativa que integra los componentes que entran en el proceso de iniciar una nueva empresa. Componentes que son el fortalecimiento psicológico de las personas que han perdido su empleo, el apoyo en desarrollar una actitud emprendedora, el adquirir las competencias para la actividad económica que interesen gestar y el apoyo económico para iniciar la misma.
Tenemos que unir esfuerzos desde la academia, las fundaciones, la empresa, las cooperativas, las comunidades alrededor de soluciones que presenten enfoques integrados a los problemas complejos que nos aquejan.
Apoyar así el desarrollo de programas piloto, que presenten alternativas al Gobierno del enfoque integrado que es necesario para resolver nuestros problemas. Igualmente debemos unirnos a proteger iniciativas como el Corredor Ecológico del Noreste que presenta un enfoque integrado para el desarrollo ecoturístico a la par que se conserva un tesoro ecológico.