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Estilos de vida

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28 de enero de 2013
12:00 a.m. Modificado: 10:58 p.m. Hogar y familia
 

¿Cómo castigar adecuadamente a los hijos?

Las normas establecidas por los padres deben apuntar a corregir la conducta sin perjudicar al hijo

 

Por Emol / GDA

Cuando un hijo hace una travesura hay que corregirlo. Sin embargo, tomar la decisión correcta sobre qué método usar, es bastante complejo. Además, se recomienda hablar de sanciones y correcciones, porque la palabra castigo es muy fuerte si se trata de niños. 

“Los papás somos los que cometemos los errores, no los hijos. Ellos son lo que nosotros queremos que sean”, sostiene Francisca Valladares, psicóloga educacional. De ahí que tienen que existir motivos para aplicarle un castigo al niño y no dejarse llevar por el estado de ánimo de los padres, por la rabia o por evitar dialogar con el hijo. 

Los padres o la persona que está a cargo de cuidar al menor, tienen que tener muy claras cuáles son las normas que deberá respetar y cuáles son los efectos en caso de la trasgresión de ellas. 

Para esto, todas las correcciones que se le realizan a un niño deben orientarse a la conducta indeseada y no en contra del niño en sí. Hay que considerar que se busca el aprendizaje del niño sin llevarlo a traumas, malos tratos o conductas peores a modo de provocación a los padres. 

Inofensivos y eficaces

Antes de preocuparse por crear sanciones al hijo cada vez que comete un error, es fomentarle un buen comportamiento. “Si el niño hace algo bien, yo voy a reforzar la conducta positiva, pero si hace algo mal, voy a establecer una sanción en torno a ella. Se busca premiar más una conducta positiva, de tal manera que no haga la negativa”, indica Valladares. 

Asimismo, la delimitación de reglas debería hacerse lo más tempranamente posible, pero siempre dependiendo de la edad, el desarrollo y la adaptación social del hijo. A partir de un año, un año y medio se pueden corregir conductas. 

Al comienzo las sanciones deben ser muy precisas y directas con la mala conducta del niño, para que relacione que no puede realizarla. Esto sucede porque los niños pequeños son muy concretos en sus primeros años. 

“La sanción debe estar relacionada con algo que por lo general él hace o, de lo contrario, puede ser que se siente en un lugar hasta que se calme y vuelva de nuevo a hacer lo que tenía que cumplir”, sugiere la psicóloga Francisca Valladares. 

Cuando el niño se ha comportado de mala manera junto a su hermano, la amonestación debe ser para ambos, pero en base a su responsabilidad en el conflicto. “Si hay uno que hizo una conducta más grave, claramente que puede tener una sanción mayor, pero uno debe apuntar a que los dos se corrijan y no que sientan diferencias en el castigo. La idea es que tampoco se genere una rivalidad entre los hijos”, explica Valladares. 

El castigo no debe retrasarse. De esta manera, si el hijo tuvo un mal comportamiento durante la semana, el sábado y domingo será muy tarde para corregirlo. El niño habrá olvidado la razón de su castigo y no aprenderá de su equivocación. 

La psicóloga aconseja que las sanciones deben ser concretas, pequeñas y acordes a la acción incorrecta. “Tiene que ser en el momento y también una sanción que esté acordada. Por ejemplo, si él hace la tarea y luego juega en el computador, sabe que la sanción asociada a no hacer la tarea es el computador. Son sanciones orientadas a corregir una conducta específica”, señala. 

Las sanciones que no funcionan 

Hay sanciones que únicamente producen efectos negativos en el hijo. Lo que debería evitarse, es juzgar y humillar al niño, ya que lo conduciría a no reconocer su error e incluso negar su culpabilidad. Asimismo, compararlo con otros menores influiría en su autoestima y forma de relacionarse con sus pares. 

Muchas veces el niño es aislado en su habitación durante largas horas, pero éste sería uno de los métodos menos efectivos. Francisca Valladares argumenta que al usar este sistema, “lo que está haciendo es generar temor. Probablemente deje de hacer la conducta negativa, pero no porque entienda sino por el susto a estar encerrado”. 

Otra acción recurrente es quitarle algunos de sus juguetes, la televisión o el panorama que el niño disfruta. Pero sólo se aplica si el niño ha hecho algo relacionado como negarse a apagar el televisor cuando se le indica, es egoísta o agresivo con sus pertenencias o si tiene rabietas en la plaza o espacios de diversión. 

En ningún caso debería considerarse agredir a un niño, por muy poca fuerza que se use. “No es necesario, porque en definitiva lo que uno busca es mejorar un comportamiento. En la medida en que el niño desde pequeño tiene normas y reglas claras, hay ciertas cosas que no debieran suceder”. Golpearlo sólo incrementaría su miedo y debilitaría el vínculo con sus padres o cuidadores. 

Por otro lado, el rol de los papás y de quienes están a cargo del menor es fundamental. Tienen que coordinar sus criterios y normas, sin contradecirse frente al niño. “Cuando no se ponen de acuerdo, lo que están haciendo es decirle al niño “¿sabes qué? Aunque yo te castigue, el papá no te va a castigar, así que da lo mismo””, afirma la psicóloga. Así, el hijo aprenderá que tiene el poder de actuar como quiera sin repercusiones. 

El niño debe tener claro que sus padres no están en su contra sino que enfrentan sus malas acciones o comportamientos. Demostrarle cariño aún cuando se le esté retando impedirá traumas. 

Francisca Valladares comenta que la culpa no es de los niños sino de los padres, porque “los hijos son personas chiquititas que van creciendo y que uno tiene que definir la forma, las reglas, el camino que deben seguir”.

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