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Internacionales

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2 de mayo de 2011
6:27 p.m. Modificado: 3 de mayo de 2011 5:12 p.m. El fin de Bin Laden
 

Como de película operación para capturar a Osama bin Laden

Seis meses que culminaron en 40 tensos minutos en los que encontraron y mataron al terrorista

Por Macarena Vidal / Agencia EFE

Washington- La operación del comando de elite estadounidense que acabó con la muerte del líder de Al Qaeda, Osama bin Laden, en una mansión en Pakistán se llevó a cabo con una gran precisión y una espectacularidad digna de un guión de Hollywood.

El pistoletazo de salida se recibió el viernes por la mañana, cuando el presidente de EE.UU., Barack Obama, firmó antes de emprender un viaje a Alabama la autorización para que un pequeño grupo de soldados de la Fuerza de Operaciones Especiales de la Marina (SEALS) intentara capturar a Bin Laden, vivo o muerto, según han explicado diversos altos cargos de la Administración.

Seis meses antes, la CIA había conseguido localizar al emisario de confianza de Bin Laden, de quien hasta entonces se desconocía hasta el nombre y del que se sospechaba que se ocultaba junto a su jefe.

El emisario residía en un complejo valorado en un millón de dólares en Abbottabad, en las cercanías de Islamabad y claramente construido para albergar a un objetivo mucho más valioso que un simple correo: tenía dos puertas de seguridad, espesos muros de seis metros de altura rematados con alambre de espino y el edificio no contaba con conexión telefónica ni internet.

Sus habitantes no guardaban ninguna relación con sus vecinos y quemaban su basura, en lugar de tirarla.
Poco a poco, los agentes de la CIA se convencieron de que quien se encontraba en el interior de la mansión era el propio "número uno" de Al Qaeda.

Obama encabezó no menos de cinco reuniones con su consejo de seguridad nacional para analizar los datos recabados por los servicios de inteligencia.

Las posiciones eran dispares: no era seguro al cien por cien que se tratara del propio Bin Laden, aunque según el consejero de la Casa Blanca para la lucha contra el terrorismo, John Brennan, se trataba de la pista más sólida "desde Tora Bora", cuando hace diez años EE.UU. tuvo contra las cuerdas al líder terrorista en Afganistán.

Algunos de los asesores abogaban por usar aviones espía, para no poner en peligro vidas estadounidenses. Otros preferían enviar a los SEAL, una opción más arriesgada pero con más garantías de éxito.
Finalmente, Obama optó por esta última.

El mandatario siguió la operación el domingo desde la Sala de Crisis de la Casa Blanca con sonido e imágenes en directo.

Fue "uno de los ratos de mayor ansiedad en la vida de cualquiera de los que estuvimos allí", según ha admitido Brennan.

Los nervios quedaron a flor de piel cuando uno de los dos helicópteros enviados a cubrir la misión sufrió un problema técnico. Pudo aterrizar en el complejo, pero ya no pudo moverse.

El comando entró en la residencia sin tener una idea exacta de lo que iba a encontrar.

Al ser conminados a entregarse, los terroristas optaron por abrir fuego. Según Brennan, el propio Bin Laden utilizó como escudo humano a una de sus esposas, que resultó alcanzada por las balas.

Murieron otros tres varones, identificados provisionalmente como uno de los hijos adultos de Bin Laden; el correo que sirvió para localizar al líder terrorista y al hermano de éste. Dos mujeres quedaron heridas.

El comando utilizó el helicóptero que quedaba operativo para abandonar el complejo y llevarse el cadáver de Bin Laden. En total, la operación duró apenas cuarenta minutos.

Todos salieron en un aparato. El otro se quedó en el lugar.

A posteriori, se informó de la operación a las autoridades paquistaníes, que se han hecho cargo del complejo.

Los servicios de seguridad de ambos países tratan ahora de evaluar el contenido de la edificación en busca de datos sobre la red terrorista y el resto de sus dirigentes.

Mientras, el cuerpo de Bin Laden se trasladaba al portaaviones estadounidense Carl Vinson, en el mar de Arabia, donde se prepararon los restos según los ritos islámicos y se les dieron sepultura en el mar, para evitar que su tumba se convirtiera en centro de peregrinación y ante la dificultad de encontrar un tercer país que quisiera aceptar el cuerpo.

Además de la comparación de fotografías, las pruebas de ADN contrastadas con otros miembros de la familia de Bin Laden demostraron al "99.9%" que se trataba del terrorista.

La muerte de Bin Laden ha acrecentado temores de nuevos ataques terroristas y varios paises intensificaron medidas de seguridad. En Japón, por ejemplo, se reactivaron prácticas defensivas en caso de un ataque terrorista en las que participaron soldados con armas largas y unidades tácticas especializadas.

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