Clemente Morales sigue dando cátedra en el “bowling” a sus 89 años
Por Mildred Rivera Marrero / mrivera1@elnuevodia.com
Cuando dice que tiene 89 años y se dirige al carril cargando la pesada bola de “bowling” para hacer su jugada, uno piensa que es una actividad fuerte para su edad.
Cuando tira y exhibe su maestría, dirigiendo la bola en la ruta correcta para tumbar todos los pinos, demuestra que esa percepción es una falacia y que no existen límites cuando se tiene interés y disciplina.
Clemente Morales Marrero empezó a jugar bolos hace más de cuatro décadas por invitación de un amigo y le gustó tanto que convirtió la bolera en su segunda casa, es integrante de dos equipos -Club entre amigos y Metro - y ha competido exitosamente en y fuera de Puerto Rico.
Y, no es que ese sea el único deporte que ha practicado. Participó en los eventos de tiro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe en 1974, 1978 y 1982 y ganó una medalla de bronce.
Pero, el boliche y la camaradería que se crea entre los jugadores de las ligas y sus familiares es lo que lo ha capturado.
“Esta es mi segunda casa. Yo vengo todos los días... aunque no juegue”, afirma el hombre - natural de Cataño- a quien sus compañeros saludan y le hacen bromas mientras se hace la entrevista.
Es uno de los jugadores de más edad en la Bolera Paradise. Mas no se equivoque nadie. Tiene un promedio competitivo, de 180. Aún recuerda una competencia en Cincinnati en “la que hice un juego bueno” y ante el asombro de competidores más jóvenes ganó un premio de $3,500. Eso sí, la experiencia que ha ganado, no solo la usa para destacar individualmente, sino que disfruta de enseñarle a otros lo que sabe.
Esa especie de tutoría informal le añade significado a las horas que pasa en la bolera, especialmente desde que hace dos años falleciera su esposa. Desde hace un tiempo, vive con su hija.
De hablar poco y pausado, pero firme; serio, pero afable; “Clemen” -como le llaman sus amigos- hace un breve repaso de sus andanzas y concluye: “Estoy contento con la vida que he llevado. Estoy tranquilo”.
De su salud dice que está perfectamente. No tiene padecimientos. Lo atribuye a la buena alimentación y a la actividad física. “Como poco”, explica. Pero también resalta que “me comía todo lo mejor que podía comprar”.
Esa frase encierra más de lo que aparenta. Se tuvo que ganar la vida desde muy joven. “Clemen” estudió hasta el octavo grado en el Viejo San Juan y a partir de ahí se dedicó a trabajar, primero en un taller de hojalatería y pintura y poco después, y hasta ahora, en el Banco Popular.
Todo comenzó cuando del Banco fueron al taller a buscar a una persona que pintara un ascensor en sus oficinas. Enviaron a “Clemen” y la calidad de su trabajo impresionó a don Rafael Carrión, quien enseguida le dio empleo.
“Ese señor me quería mucho, imagínese desde los 16 años (trabajando con él)”, afirma con cariño “Clemen”, quien recuerda que el entonces presidente de la institución bancaria se compró un Cadillac igual al del presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower, que inmediatamente le entregó para que le cambiara el color.
Uno de sus trabajos más destacados fue diseñar y habilitar las guaguas que en la década del 50 se convirtieron en sucursales rodantes que visitaban los municipios en los que aún no había llegado el Banco. Posteriormente, “Clemen” se encargó de diseñar y construir los muebles de las sucursales. Luego, pasó a empapelar las paredes de las sucursales. Y, al sol de hoy, continúa con ese trabajo.
Podría contar muchas anécdotas. Pero don “Clemen” fue a la bolera a practicar el deporte que le apasiona. Así que finalizamos la entrevista. Se ubica en el área donde jugará su equipo, se pone su muñequera para evitar movimientos bruscos que puedan lastimarlo y comienza a practicar. No hace gestos cuando tumba todos los pinos, como quien está acostumbrado a sobresalir. Pero levanta los brazos y mueve levemente la cabeza de lado a lado si falla y no hace una jugada perfecta. En el tablero, sin embargo, no pasa mucho tiempo para que su nombre esté en primera la posición.