El actor habla sobre su rol en “Total Recall” y la madurez que alcanzó en la profesión que tanto ama
/ Especial El Nuevo Día
Los Ángeles - Nunca se me va a olvidar la imagen de Colin Farrell en una sección exclusiva de una discoteca en Miami justo después de una rueda de prensa para el filme “Miami Vice”.
Su lenguaje corporal tenso ante la presión de que todos los ojos estuvieran sobre él y sus ojos embriagados de la noción de ser el objeto de deseo de la mayoría de las mujeres a su proximidad.
Seis años más tarde, ese Colin Farrell parece haber desaparecido por completo y el que me recibe para discutir su rol protagónico en “Total Recall” se ve completamente centrado y está mucho más interesado en intercambiar historias como padre que en quejarse sobre el precio de la fama.
Durante una agradable charla exclusiva con El Nuevo Día, el actor compartió sus aspiraciones profesionales con un remake de una película de Arnold Schwarzenegger y cómo logró plantar los pies en la tierra después de haber sido declarado una estrella de cine.
Después de haber tenido la experiencia de un remake con “Fright Night”, ¿crees que estabas más receptivo a la idea de otra “Total Recall” o hubo que convencerte más?
Sinceramente fue un poco las dos cosas. Al hacer “Fright Night” tuve que lidiar con cómo el público percibe el que se haga otra versión de una película que le gusta y también lidié con mis preconcepciones y mis necesidades al aceptar un proyecto como ése. Trabajé con todo eso antes de firmar el contrato para hacer “Fright Night”. Así que con esa experiencia se eliminaron muchos de los prejuicios que yo tenía sobre lo que era un remake. Aún así, hacer dos remakes consecutivos quizás no iba a ser lo más inteligente del mundo. Pero al final del día lo que me convenció fue la integridad y efectividad del guión desde la primera página hasta la última. Fue bien divertido sentarme a leer el guión y ver lo que hicieron con el material. La misión siempre fue que sea así de divertido para la gente que ahora vaya a verla al cine.
Me impresionó mucho que dijeras que lo que finalizó tu compromiso con el proyecto es que querías ser parte del encuadre de este director.
En serio, esa es la verdad.
¿Eso siempre es parte de tu tela de juicio al escoger proyectos?
No, no siempre. Te tengo que admitir que hay ocasiones que muchas cosas que satisfacen el ego y, en realidad, luego resultan ser superficiales es lo que te lleva a prestarle atención a un proyecto y quizás hasta aceptarlo. Y tampoco es así siempre, porque hay veces que lo que me ha interesado es explorar ciertos temas que el material propone. Pero en este caso se debe a que todo actor tiene adentro un niño de nueve años que quiere jugar a ser héroe y hacer cosas fantásticas.
Aun así el filme lidia con preguntas básicas y profundas. En este caso, ¿que te emocionó más? ¿Las escenas de acción o las escenas en las que se exploran esas preguntas?
Tienes razón, todas esas escenas de discusiones filosóficas fueron las más que me gustaron trabajar. Porque las otras son más como un ejercicio físico. Y después de semanas de estar haciendo stunts es un alivio tener material que requiera que uses tu alma y tu cerebro. Aunque en este momento de mi carrera me siento bien afortunado de tener las oportunidades de poder hacer las dos cosas.
Kate Beckinsale es la esposa del director y en este filme tuviste que besarla y golpearla. ¿Cuál de esas dos situaciones fue la más incomoda?
(Sonríe)- Con toda honestidad besarla. Porque primero que Kate no tiene ningún problema en defenderse y la realidad es que en estas peleas para la cámara tú nunca tienes que conectar de verdad con la otra persona. Pero en la escena en que la tenía que besar, mis labios tenían que tocar los de ella y su esposo no tuvo la delicadeza de irse del cuarto mientras lo estábamos filmando. (Se ríe)
Durante la segunda parte del filme, tu personaje pierde la noción de lo que es real y lo que es fantasía. Lo mismo le puede pasar a un actor que llega a la fama como estrella de cine. ¿Qué has hecho para mantener tus pies en la tierra?
Pues para mí el truco fue poder enfocarme en las cosas que recibo cuando estoy actuando, no las que se presentan porque todo el mundo me conoce porque soy actor. Así que con mis prioridades en orden puedo divertirme mientras estoy trabajando, crecer como profesional y como persona. Esas son bendiciones que no le llegan a todo el mundo. De eso estoy bien claro.