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17 de junio de 2012
 

Cuando papá es el jefe

Manuel Cidre, presidente de Los Cidrines, y sus hijos preparan el proceso de sucesión del negocio familiar

Desde la izquierda Manolo, don Manuel, Guillermo y Juan Mateo Cidre. (El Nuevo Día / Ángel M. Rivera)

Por Maribella Martínez Bousquet / Especial para Negocios

Es lunes tempranito en la mañana y en la panadería Los Cidrines, en Río Piedras, no para la fila. Saborear un rico café, tostadas, sándwiches o un quesito es necesario para comenzar el día. El trabajo no se detiene ni por un minuto y para poder lograr que todo fluya a la perfección, la coordinación debe ser casi perfecta. La fórmula la conoce muy bien don Manuel Cidre y se la enseñó a sus hijos, Guillermo, Juan Mateo y Manolo.

Padre e hijos trabajan juntos en el negocio de panadería y repostería Los Cidrines (en Río Piedras y Santurce) y en el restaurante La Bodeguita de Manolo. Es un negocio familiar, pero cada uno tiene bien definidas sus tareas para que todo camine perfectamente y puedan seguir brindando los productos y el servicio que le ha ganado el favor de los boricuas.

El resultado de esta unión se nota a distancia. La relación familiar se ha visto fortalecida y, en el trabajo, se percibe el entendimiento entre los cuatro.

“Compaginar los sentimientos y la responsabilidad de un negocio es una tarea bien difícil. Cuando tratas de excluir a tus hijos para que busquen otros derroteros y te das cuenta de que buscan estar dentro del negocio de la familia, obviamente decides integrarlos. Ese proceso de integración es difícil y hay que trabajarlo con mucho cuidado y respeto. Con todos, la consigna es la misma: al negocio de familia se tiene que venir a aportar, no se puede venir a sacar. Y mis hijos lo están logrando”, expresa don Manuel, fundador y presidente de Los Cidrines.


Según expone, ahora inicia la parte más difícil, la sucesión. “Planifico constituir una junta de familia y traer un mecanismo externo que nos brinde dirección para que el proceso de sucesión de padre a hijos se lleve de una forma ordenada y con una sustentabilidad más allá de su fundador”, expresa acompañado por sus hijos.

Trabajar con papá

El trabajo realizado por don Manuel es el mejor ejemplo que han recibido sus tres hijos. Entre risas y mucha honestidad destacan cómo ha sido su vida teniendo a su papá como jefe. Juan Mateo, quien ha visto el crecimiento del negocio desde que abrió en 1978, asegura que “brindar un buen servicio fue lo que me motivó a entrar a trabajar. Ser parte de lo que mi papá fundó y llevarlo a otro nivel es un manera de decirle: ¡Gracias!”. Él se encarga de las operaciones de las panaderías y del restaurante.

Juan Mateo es padre de un varón y una niña, y lo más difícil para él es separar la familia del trabajo. Comenzó en 2002, cuando regresó de Estados Unidos, pues quería trabajar con su papá. “Tuve la visión de transformar Los Cidrines, que hasta entonces se caracterizaba por ser una panadería de pueblo. Ha sido lo mejor que ha pasado”, dice.

Guillermo, quien es el mayor, labora como gerente de ventas del área de manufactura y afirma que escogió esa labor, porque es un área que se puede desarrollar. “Es un negocio que tiene nuestro apellido y es nuestra decisión hacerlo crecer. Tanto mis hermanos como yo decidimos entrar en el negocio por mantener el nombre de Los Cidrines y por ayudar a nuestro papá. Mi padre me enseñó la disciplina y el ser consistente. En la sangre de nosotros corre la harina y más que todo, se trata de llevar el nombre de Los Cidrines a distintos lugares de Puerto Rico. El triunfo más grande es que podamos llevarnos (bien) como negociantes y como familia; que mis hermanos y yo podamos coger el timón y que no se afecte ninguna de las relaciones”, explica.

Manolo se integró recientemente al negocio. Antes, trabajaba como mecánico de botes y se unió al grupo de hermanos para brindar su ayuda. “Me motivó echar hacia adelante mi familia. Mi padre es mi conciencia y de él aprendí a no quitarme, siempre tener claros mis sueños y poder tener los pies en la tierra”, asegura. Padre de dos varones, ahora es el gerente de Los Cidrines en Río Piedras. “Fui un poquito rebelde y, con el transcurso del tiempo, aprendí que mi padre tenía la razón en todo lo que me decía. Como padre, ha sido espectacular y de él aprendí a ser un buen padre con mis hijos. El orgullo más grande es verme en ese espejo”, añade.

Trabajar con don Manuel no les ha facilitado la vida a sus hijos. Todo lo contrario. Los tres concuerdan en que han tenido que demostrar que de verdad quieren aportar. “Estar en un negocio de familia es más duro para el hijo, pues te miden con una vara distinta, tienes la presión de un empleo y la presión de un jefe que es tu papá. Es el papá en la casa y el papá en el negocio. Es muy difícil”, asegura Manolo, mientras recibe la aprobación de sus hermanos.

Crecer juntos

Como parte del crecimiento de la empresa, en octubre del año pasado nació el restaurante La Bodeguita de Manolo en honor a don Manuel. Allí se sirven almuerzos, cenas y es un excelente lugar para disfrutar de tapas y vinos. Su estilo es muy español y cuenta con su propia cava de vinos.

“Es una obra de Juan Mateo y es un ejemplo de cómo se puede evolucionar poco a poco. El reto que tenemos es seguir creciendo sin descuidar el andamiaje familiar y para eso, tiene que haber profesionalismo, consistencia y querer hacer las cosas bien”, asevera don Manuel.

¿Anécdotas?, ¡muchas! Rápido, don Manuel cuenta que las situaciones más inesperadas que ocurrían en el vecindario las hacían sus hijos. “Ellos se caracterizaron por ser muchachos bien intensos y, por suerte, esa intensidad es la misma que tienen en sus áreas de trabajo”, dice entre risas.

El mayor anhelo como padre para don Manuel es mantener el amor de la familia y que la perpetuidad de Los Cidrines trascienda a su fundador. Sus hijos son los encargados de tomar el batón. “Hemos tenido traspiés, pero nos hemos levantado”, afirma.

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