El vallista ponceño admitió ayer que tenía una molestia en la ingle derecha
POR CARLOS ROSA ROSA / Enviado Especial
Londres - A su llegada a la meta, los fotos mostraban a Javier Culson colocando sus manos en el área de la ingle de su pierna derecha. Parecía sufrir alguna molestia física.
Sin embargo, el corredor puertorriqueño no mencionó nada de una posible dolencia, después de alcanzar la medalla de bronce al registrar tiempo de 48.10 en la final de 400 metros con vallas en estos Juegos Olímpicos.
No fue hasta ayer que lo reveló. Incluso, dijo que se habló de la posibilidad de retirarse de la carrera.
“Nadie sabe lo que pasé antes de la final. Solo lo sabían Yamilka (Padilla, terapista) y Kno (Héctor Amill, entrenador). Y Kno pensaba que en algún momento me iba a retirar de la carrera, pero me dije ‘ya cumplí el sueño de pasar a la final, y tengo que correr’. Y arriesgando mi futuro salí a correr”, manifestó Culson en una conferencia de prensa sin revelar a ese momento a que se refería.
Más adelante a preguntas de la prensa, Culson confirmó que se trataba de una dolencia en la ingle y señaló que sintió la misma durante el calentamiento antes de la carrera. La lesión, dijo, no es nueva.
“Es lo mismo de siempre”, contestó Culson sin precisar la gravedad de la misma.
¿Te afectó la dolencia en la carrera?, se le preguntó al primer medallista olímpico puertorriqueño fuera del boxeo y el séptimo en la historia.
“Me enfoqué en la carrera y dejé el dolor a un lado. Solo pensé en salir a correr. Salí del bloque a hacer mi carrera y, lamentablemente, le di a la séptima valla. En ese momento, pensé que ‘tengo que seguir, mi gente me está viendo y tengo que seguir luchando para traerle algo’. Y gracias a Dios logré una presea”, respondió el atleta ponceño, quien, en efecto, tocó la séptima valla, lo que cambió su ritmo antes de entrar a la recta final y ceder el liderato.
Culson fue superado en las últimas dos vallas por el eventual ganador, el dominicano Félix Sánchez, y el estadounidense Michael Tinsley, quien alcanzó la medalla de plata. El boricua hizo uno de sus registros más bajos de la temporada, al tiempo que sufrió su primer revés del año.
La noticia de la dolencia le cayó como un balde de agua fría a su entrenador Amill, quien ayer trataba de contener las lágrimas al recordar el momento. “Estaba preocupado por él. Por primera vez (en las Olimpiadas) estaba adolorido y creía que no podía correr. Estuve muy nervioso. No sabía si él estaba listo para el momento de la carrera”, dijo.
“Javier es mi hijo y si no lográbamos lo que veníamos a buscar no sabía que iba a pasar, pero gracias a Dios se logró el objetivo. Ahora estamos más tranquilos que ayer (lunes), porque fue un día bien malo para mí”, confesó Amill.
Culson hizo ayer su primera aparición como medallista olímpico y lució más animado en su encuentro con la prensa.
“Anoche (el lunes) no pude dormir por las cosas que pasaron, pero hoy (ayer) he reflexionado y estoy contento al darme cuenta de lo que pude hacer. He visto en las redes sociales que la gente está contenta con mi actuación. No logré el oro, pero uní al pueblo e hice historia. Era algo que hacía falta en Puerto Rico”.