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5 de julio de 2012
 

Dejan el pollo atrás

Agricultores descartan la avicultura y recurren al cultivo hidropónico

 
AgriCoop Illescana, como se le conoce comúnmente al proyecto, se constituyó hace dos años. En la foto el agricultor, Charlie Primate, trabaja en su cultivo de cilantrillo. (El Nuevo Día / Tony Zayas)

Por Rebecca Banuchi / rebecca.banuchi@gfrmedia.com

Con la crianza de pollos parrilleros, Eduardo Arroyo se ganó la vida por 20 años. Más que su sustento, la práctica de la avicultura era su pasión, y la llevaba muy arraigada a su propia historia pues su padre también dedicó sus días a este sector agrícola.

Sin embargo, la crisis que golpea a la industria avícola y las pérdidas económicas que suponía para su negocio, lo llevaron a cambiar su rumbo.

Arroyo nunca consideró abandonar la agricultura por completo. En cambio, decidió transformar el rancho que alguna vez albergó 38,000 pollos en una finca de cultivo hidropónico.

Así surgió la Cooperativa de Servicios Agrícolas Illescana, proyecto al que se unieron otras 10 familias en Coamo que habían dejado de ver en la avicultura una salida económica.

“A mí, la crianza de pollos me apasionaba, pero perdimos la fe en el negocio de pollos, y ya no hay marcha atrás”, afirmó Arroyo.

AgriCoop Illescana, como se le conoce comúnmente al proyecto, se constituyó hace dos años, y hace poco más de un mes comenzó a dar frutos. Los avicultores asociados ya han tenido sus primeras ventas, y actualmente cuentan con cuatro distribuidores que se encargan de llevar sus productos a distintos puntos de venta alrededor de la Isla.

En la finca de Arroyo, se cultiva cilantrillo, y muy pronto lechuga y recao, y en otras se cultivan pimientos. Próximamente, sembrarán pepinillos, berenjenas y yerbas aromáticas.

Arroyo, quien preside la cooperativa, dijo que, en teoría, no vislumbraba un cambio tan radical, pues tanto en la avicultura como en el cultivo trabajarían con organismos vivos que requerían alimentos, y cuyo ambiente precisaba controlar la temperatura y la humedad.

Los retos

No obstante, en la práctica, la historia fue otra. “Ha sido más fácil reconvertir los ranchos que reconvertirnos nosotros. Ha sido complicado en lo que vamos aprendiendo con los cantazos”, sostuvo.

Uno de los primeros tropiezos fue el control de plagas y hongos. Arroyo reconoce que no establecieron efectivamente un plan preventivo, lo que los llevó a tener que decomisar parte de su primera cosecha. “Ahora estamos haciendo el librito”, dijo sobre el proceso de aprendizaje con el que él y sus socios han sobrellevado esta etapa de adaptación.

Ángel Miguel Colón, quien posee una finca de pimientos que se encuentra en plena etapa de producción, admite que en un principio le costaba acostumbrarse a su nueva vida, pero eso quedó en el pasado.

“Ya botamos el impacto de los pollos viendo que esto es viable”, afirmó Colón, quien junto a su esposa mantiene la Granja Colón Muñoz.

Colón decidió dejar la avicultura cuando la empresa Canto Alegre cesó operaciones en el 2006. Era el tercer cierre de una procesadora de pollos que enfrentaba. La clausura de las plantas le representó pérdidas que sobrepasaron los $200,000, y el agricultor nunca recuperó ese dinero. “Ya no lo extraño. Aquí, por lo menos, veo los frutos de mi trabajo”, dijo con firmeza.

Los avicultores todavía arrastran vestigios de aquella época. Aún adeudan miles de dólares a los bancos que financiaron la construcción de sus ranchos.

Ante ese cuadro, las posibilidades de encontrar una fuente de financiamiento para su nueva empresa eran mínimas, pero hallaron una salida con la intervención del alcalde de Coamo, Juan Carlos García Padilla, y el Departamento de Agricultura (DA).

El DA determinó dividir el proyecto en dos fases, y para la primera otorgaron como incentivo $184,700. Los fondos cubrirían, a manera de rembolso, el 50% de los gastos incurridos en la transformación de los ranchos.

Los agricultores obtuvieron el financiamiento a través del Fondo de Inversión y Desarrollo Cooperativo (FIDECOOP), que les aprobó una línea de crédito de $322,300.

“Se utilizó el incentivo de Agricultura como garantía del financiamiento”, explicó.

En la actualidad, se han habilitado siete de las granjas, y el resto se restaurará durante la segunda fase, que esperan comenzar este año.

Durante esa etapa, según Arroyo, buscarán ampliar las instalaciones de la cooperativa para desarrollar también una planta para procesar y empacar sus productos de manera que puedan ofrecerlos directamente a los detallistas.

“La segunda fase es la que nos va a dar más continuidad en el producto, en el mercado. La segunda fase es tan importante o más que la primera, y es también la que nos va a ayudar a llevar los gastos”, afirmó Arroyo.

En AgriCoop Illescana, participan antiguos avicultores de los proyectos Gabia, El Melón y el sector Cuyón.

Arroyo indicó que en el área residen cerca de 100 avicultores cuyas fincas se encuentran en desuso y deterioro hace varios años.

Algunos se han acercado a la cooperativa interesados en integrarse, pero los socios fundadores conciben su iniciativa como un proyecto piloto, y planifican aumentar el número de agricultores una vez se pruebe la viabilidad del plan.

“La meta de nosotros es lograr reemplearnos en nuestro empleo agrícola de nuevo... y después, en la segunda fase, que podamos entrar más socios”, sostuvo Arroyo. “Pudimos ver que sí se puede, que sí podemos, es cuestión de que nos afinquemos y sigamos afinando la producción”, puntualizó.

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