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Álvarez posa con sus hijos Lían y Diego y su esposo Héctor Rivera. (Suministrada)

Sonia Álvarez Fonseca es una de las nadadoras más completa que ha dado el País. No contaba con la velocidad de Anita Lallande o de una Vanessa García, por ejemplo, pero dominaba todos los estilos.  A pesar de ser asmática, brilló en todos los eventos ‘largos’  de la natación,  donde su resistencia y velocidad la colocaron a un nivel superior.

En Juegos Centroamericanos y del Caribe es de las principales medallistas en la historia de la justa regional con 14 preseas -cinco de oro, cinco de plata y cuatro de bronce. Tuvo, además, una participación olímpica en Atlanta 96,  en el 2010 fue exaltada al Pabellón de la Fama del Deporte Puertorriqueño y su natal Caguas la honró nombrando la piscina municipal con su nombre.

¿Qué hace Sonia Álvarez hoy día?

Actualmente soy empleada del Municipio de Caguas. Cuando me retiré en la natación trabajé muchos añitos en el Caribe Hilton, que es una familia que adoro y añoro. Después de ahí, como tenía ya un bebé, busqué estar más cerca de lo que es la familia y  estoy en el Municipio de Caguas. En los últimos años he estado en Recreación y Deportes supervisando el área de eventos, que cae bajo el área de programática, una sección que trabaja lo que es masificación y diversidad de actividades y disciplinas.

Estoy casada hace 12 años. Me retiré y me casé. Tengo un nene de 10, Diego Calib Rivera Álvarez, y una nena, Lían Kamil Rivera Álvarez, de cuatro.

¿Tus nenes nadan?

El nene ha pasado por todos los deportes. Quería baloncesto, vamos pa’ baloncesto. Quería atletismo, vamos pa’ atletismo. Ha experimentado todas las disciplinas. Ahora mismo está jugando pelota, está en las Pequeñas Ligas de Caguas, pero creo que él va a ser artista. Le encanta el dibujo, la pintura, tiene talento. Es un nene bien atlético, lo pones en cualquier cosa, y   en dos o tres meses está nítido, pero me dice ‘ay, yo no quiero volver’. No lo puedo obligar. A mí no me obligaron  y yo no obligo. La nena está en gimnasia, quiere pelota y ya mismo va pa’ natación. Esa es bien ‘outgoing’. Esa no le tiene miedo a nada, es la chispa  de la casa.

La deportista se inició en la natación porque padecía de asma. (Suministrada)

¿Trabajas también como entrenadora?

No. Cuando tuve la nena,  yo  dada clases privadas. Cuando llegó la chica,  se acabó todo. Ahora la rutina es trabajo y los nenes.  El trabajo ocupa mucho porque uno es enlace para todo aquel que quiera llevar algo al Municipio, nuestros propios eventos. Es algo chévere, no es lo mismo todos los días. Este viernes (10) llevamos los  VI Juegos de Educación Especial Adaptada. Ha sido de todo y deportivo más. Uno se lo disfruta un montón.

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¿Cómo te iniciaste en la natación?

Soy  asmática. Mi condición era regular y siempre estaba en la pediatra. Mimamá me enseñó a nadar y la doctora  le recomendó que me pusiera en natación. Estuve en esa terapia  toda mi vida. Por una  recomendación viví cosas inolvidables. Pero empecé por eso, por una recomendación médica.

 Siendo asmática te especializaste en distancias largas... 

Cuando eres chiquito te ponen en todos los estilos. Durante  años,  los entrenadores juzgan que uno tiene más habilidades en otras distancias. Y como mi entrenador me ponía las metas y trabajábamos juntos para eso, creo que eso ayudó muchísimo. Fernando (Delgado) me daba pelas. Fernando me sacaba millaje.

Yo, dentro de todo, fui responsable. Yo  tuve un médico que le debo la vida, el doctor Rodríguez Santana. Yo vine de El Salvador grave por la contaminación que había allá y ese hombre me ha sacado de un 18% de capacidad pulmonar, que yo no estaba ni respirando, y me encaminó. Mis mejores años en la natación fueron con  él.

¿Cuál fue tu evento favorito?

El 400 combinado. No es un evento aburrido. Te tienes que preparar en cuatro estilos y no era ni muy largo, ni muy corto, porque yo en velocidad de verdad que no era lo mío. 

¿Y tu mejor momento?

Empecé (a competir) en el 86, no tenía la madurez deportiva todavía. (Así que creo que fueron) Mis últimos años porque uno aprendió como entrenar me llevaban con un equipo completo desde fisiólogo, terapista... me los disfruté más”.

¿El peor?

No puedo decir que fue de los peores, pero un evento que recuerdo con tristeza es Ponce 93. Fue un momento importante en mi vida, porque fue mi primera  primera medalla de oro individual.

Hubo, también, momentos difíciles y lo viven hoy día los atletas con los procesos federativos. Mi entrenador en aquel tiempo (Delgado) no era muy apreciado  en la federación. Al yo ser atleta de él y no reconocerlo a él como entrenador en muchos aspectos para ellos yo me vi perjudicada. Pero cuando uno cree en algo uno se entrega, él era mi entrenador y era él que me conocía.

¿Cuando comenzaste a entrenar con Fernando Delgado?

Yo empecé con Manolo Luguber, que en paz descanse., fue mi primer fanático porque después viajaba con mis papás a verme. Yo digo que los entrenadores deben de ser como él, que  dijo ´Yo llegué contigo hasta cierto punto. Tu debes irte a este equipo porque yo entiendo que vas a echar pa’lante. Después fue a Round Hill con Blanquita y Félix Blanco, dos leyendas, seres especiales para muchos y terminé con Fernand en el 91 y me retiré en el 2003. Fernando era mi otro padre. Uno se cría en el deporte, mis papás siempre estuvieron ahí en el deporte, pero Fernando era otra cosa. El ’bunding’ que hay. Siempre le agradezco a él en su cumpleaños  de lo que yo soy se lo debo él.


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