La duración de tu relación íntima depende de ciertos factores que juntos pueden controlar
Por Camile Roldán Soto/ croldan@elnuevodia.com
El caso es que te enamoraste. Estás hace semanas, meses o años con tu pareja pero, ¿cuánto más durará? ¿Qué determina la extensión de un romance estable y feliz en nuestros tiempos?
Los estudiosos en conducta humana intentan constantemente descifrar cuáles son las dinámicas que distinguen, al menos en la generalidad, qué pasa cuando dos personas se gustan, se juntan y permanecen mucho tiempo unidas.
Crecen las teorías que buscan ofrecer a las parejas guías para comunicarse mejor, manejar conflictos, integrar sus rutinas para convivir en la mayor armonía posible.
La razón es simple. A pesar de la alta tasa de divorcios que en Puerto Rico y en otros lares alcanza el 50%, seguimos juntándonos, buscando compañía incluso de formas menos tradicionales. Y esa decisión de estar en pareja determina muchos otros aspectos de la vida de dos personas, de su presente y su futuro.
Crecer con alguien
Uka Green tomó esa determinación hace 23 años, cuatro hijos, varios bautizos, fiestas y funerales atrás. Entonces se casó con Noro (como apoda a su esposo) y decidió que -a menos que una circunstancia de veras importante lo exigiera- de ese ser no se separaría jamás.
Suena a telenovela, pero para esta exitosa publicista se trató de una decisión que si algo exige todos los días es mantener los pies en tierra. Así es porque, aunque reconoce todas las bondades de estar en pareja, es la primera en admitir que no es perfecto, como nada en la vida lo es.
“Cuando te casas o formalizas una relación a través de la convivencia, si lo haces con seriedad, es pensando que será para toda la vida. En mi caso, el divorcio o la separación no son una opción. Por eso, cuando tenemos alguna diferencia, solo pienso en las soluciones del conflicto, que afortunadamente nunca han sido muy grandes”, comenta Green.
Aunque cada pareja es un universo, los retos en la relación de Uka se repiten constantemente- con mayor o menor grado de dificultad -en diferentes uniones. Hay unas cuantas situaciones que parecen ser potenciales fuentes de problemas en casi cualquier unión que desafíe la fugacidad.
Y ¿cuáles son? En el caso de Uka, el mayor reto fue en un momento dado acoplar su vida a la de un hombre totalmente distinto a ella en carácter y personalidad, pero con quien comparte lo que para ella es esencial, los mismos valores y prioridades en la vida.
“Luego de eso, ha habido muchos retos que aparecen con el tiempo. Criar los hijos, enfrentar situaciones difíciles y tristes como pérdida de trabajos, enfermedades y la partida de seres queridos”, cuenta la publicista.
Se trata de eventos que, a causa de la presión emocional que conllevan, han retado la capacidad de comunicación y el respeto entre ambos.
Pero el desafío mayor a los problemas que tocan a la puerta es, según Uka, “meterte en la cabeza que el amor no es un issue”. Solo de esa manera es posible actuar de forma ecuánime cuando las circunstancias más lo exigen, opina.
Dentro del amplio mundo de conflictos posibles, el sicólogo clínico Miguel Ángel Pagán identifica otros más.
“Pueden ser los problemas económicos, legales, de salud física o mental de uno de los dos. Puede haber un cambio en la situación familiar, que haya un padre o una madre envejeciente que hay que traer al hogar, que alguien tenga una aventura extramarital porque la pareja comenzó a distanciarse. Son muchos factores”, explica el sicólogo.
El amor en los tiempos de la prisa
Los problemas no han cambiado demasiado últimamente, pero sí el contexto en que ocurren.
“Antes quizás uno de los factores protectores para las parejas era la existencia de la familia extendida. Todas las demás instituciones estaban fortalecidas.
Hoy las familias son más reducidas, el movimiento de la gente es mucho mayor. Con las oportunidades que han surgido hay, me parece, una mayor dispersión de las familias. Muchas tienen dificultad para estabilizarse”, comenta Pagán.
Por su parte, la doctora Monsita Nazario Lugo, observa que a menudo trasladamos la prisa cotidiana a la relación de pareja. Entonces, en lugar de dedicar tiempo a conocerse y disfrutar de ese proceso, las personas comienzan a aceptar -quizás sin estar listas o seguras- responsabilidades para las cuales podrían no estar preparadas.
“El noviazgo pasa a las millas, hablando de cosas triviales y las conversaciones profundas que hay que tener para que la decisión de casarse sea sabia nunca se tienen”, dice Nazario, quien es consejera clínica y ofrece talleres a parejas.
Entre estos temas destaca la sexualidad, la religión, la economía, la crianza de los hijos e incluso la disposición a buscar ayuda profesional si en un futuro la relación enfrenta problemas.
Argumenta, además, que hay quienes caen en la trampa de las distracciones. Pierden tiempo en cuanta actividad existe y luego se quejan de no tenerlo disponible para conversar o compartir con su interés romántico. Con este ejemplo, plantea que aunque es cierto que muchos vivimos en un constante ajetreo, buena parte del conflicto que surge a causa de ello se resuelve estableciendo prioridades. Es decir, cualquiera que desee una relación duradera tiene que convertirla en una prioridad.
“La gente quiere estabilidad, pero no trabaja para ella”, indica Nazario al notar que muchas parejas con potencial a veces no superan sus crisis porque impera en uno o ambos una actitud negativa y derrotista.
“Hay una muletilla muy usada: eso no se puede, esto es muy difícil”, comenta. “Estas personas se dejan, pero quieren volver a unirse con otras personas más adelante. Como nunca trabajaron para ver qué fue lo que pasó lo que hacen es arrastrar lo negativo de la relación pasada y así van, de fracaso en fracaso”, expresa Nazario.
Lo mismo, lo mismo
La rutina, tantas veces vista como un verdugo para las relaciones largas, es otro de los retos que deben vencer aquellos que quieren durar. Para atacarla, lo primero que tienen que preguntarse los miembros de la pareja es qué han hecho o dejado de hacer para caer en ella.
Que la relación se torne aburrida es definitivamente un riesgo, pero puede vencerse.
Las parejas que saben mantener cierto espacio para cultivar intereses propios sin descuidar el arte de darse mantenimiento tienen las de ganar el desafío. Por ‘clichosa’ que suene la analogía, los sicólogos siguen repitiendo que igual que el trabajo para sostener una unión es similar al de cuidar una casa, un automóvil o una planta.
“Si no hay mantenimiento la pareja se va a distanciar. Y se ve mucho que muchas parejas se envuelven en sus trabajos, en otras cosas”, comenta el Dr. Pagán.
Esos factores que ayudan a derrotar la rutina son los mismos que, a fin de cuentas, tienden a mantener caminando la relación. Son diferentes para cada pareja pero, eso sí, tienen mucho que ver con su nivel de afinidad, compatibilidad y, por supuesto, el deseo de mantenerse juntos.
Otra característica es el temperamento de ambos, cómo lidian con sus emociones y conflictos. Pagán, según su experiencia, indica que quienes mantienen su unión por las razones correctas (no por miedos o dependencia) valoran estar en pareja, saben reconocer cuando están en problemas y procuran controlar su ‘reactividad’, es decir, su impulso de reaccionar violenta o negativamente al conflicto.
Nazario destaca que en lugar de cambiar al otro, los que permanecen juntos aprenden a manejar sus diferencias.
Mientras, Pagán destaca que son gente que constantemente busca la oportunidad para interactuar, en el día hacen miles de transacciones para mirarse de manera positiva, contestan mensajes de texto, tocan base el uno con el otro, continuamente colaboran entre sí, cuando se faltan uno al otro buscan remediarlo. Funcionan como equipo y están constantemente negociando. Son buenos amigos, además de amantes. Disfrutan de su amistad, lo que han construido juntos y entienden que esa es la mejor forma de vivir.
“Ese tipo de pareja que son amigos y están en comunicación constante, pensando en las necesidades uno del otro y se consultan son las que tienden a durar más”, afirma Pagán.
Para Uka, ha funcionado asumir su relación con responsabilidad. Y de ahí ha obtenido ganancias entre las que enumera, además de mucha felicidad, gran estabilidad, seguridad y una familia unida y fuerte.
“Nosotros hablamos mucho, compartimos tareas casa, nos reímos mucho. Yo creo que eso es muy importante. Pero, sobre todo, agarrarse duro en los momentos difíciles. Esos son los determinantes, los que demuestran a quien tienes al lado, porque en las buenas está todo el mundo. Eso hace la diferencia”, asegura.
Las parejas que crecen juntas
• Son amigos. Dedican tiempo a hablar y a conocerse.
• Son positivos, no derrotistas. Están dispuestos a hacer lo que tengan que hacer para que su relación funcione. Esto incluye aceptar la influencia de la pareja para, por ejemplo, negociar conductas por el bien de la unión.
• Se buscan, se desahogan y no esperan a las crisis para buscar ayuda. Las estadísticas dicen que la mayoría de los matrimonios busca ayuda a los 6 años de tener conflictos.
• Nunca piensan que los años de relación son sinónimo de que lo saben todo.
• Son flexibles. Para enamorarse no hay que tener flexibilidad pero para mantenerse enamorado se necesita por drones.
• Reconocen que el amor se transforma a medida que el tiempo pasa.
• Saben identificar los problemas en lugar de echar culpas. En lugar de decir: “eres un descuidado” dicen “me molesta que dejes un reguero en la cocina”.
• Se admiran y se respetan. Toman en cuenta las necesidades de la otra parte.
Fuente: Dra. Monsita Monsita Nazario Lugo, consejera clínica
Etapas del amor
Eros: Es el deseo sexual, el que habla y toma en cuenta únicamente al Yo; el Yo que anhela, exige y apetece; es el amor que duele pero imprescindible debido a que es la energía vital de cualquier relación.
Philia: Es la amistad. Al Yo se le integra el Yo y Tú. Lo básico de la philia es la reciprocidad, no requiere un acoplamiento total, todavía existe el egoísmo y se espera recibir lo mismo que se da.
Ágape: Desplaza al Yo y sólo busca el Tú. Es un amor que no ambiciona ni espera tanto, es desinteresado y entrega sin más. Busca el bien de la persona amada.
Fuente: Walter Riso
Para una relación duradera
Protégela
Saca tiempo para cuidar tu relación. Esto incluye conversar, compartir, tener detalles.
Comunícate. Hablen sobre sus sueños, lo que más desean en la vida. Pregúntale a tu pareja qué cosas quiere que haga por ella y dile las que puede hacer por ti.
Promueve una cultura de respeto y de aprecio en tu relación. Protégela.
Busca continuamente reducir negatividad. Es decir, procura ser asertivo y optimista cuando se presenten problemas en lugar de evadir la situación o responder de forma derrotista.
Aprende a autocalmarte. No explotes ante las situaciones. Si te sientes inundado de coraje, tensión o sentimiento, pide una pausa para continuar la conversación cuando te hayas calmado.
Ten en cuenta que una relación se forma con cadenas de eventos. Nada surge de manera aislada. Es un efecto de un efecto de un efecto. Por lo tanto, todo lo que le pasa a uno tiene un efecto en el otro.
Fuente: Miguel Ángel Pagán, sicólogo clínico