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28 de febrero de 2014
12:00 a.m. Calidad de vida
 

Desastres ambientales que han sacudido al país

Se producen mayormente por la falta de planificación y la ignorancia del ciudadano

 

Por Gloria Ruiz Kuilan / gruiz@elnuevodia.com

El huracán Georges, ocurrido en septiembre de 1998, ha sido nuestra emergencia climatológica y ambiental más costosa. (ismael.fernandez@gfrmedia.com)

Por causas naturales, negligencia o errores humanos, Puerto Rico ha sufrido grandes desastres que han causado serios daños a la vida, y propiedad pública y privada.

Desde el 1989, la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) le asignado más de $3,000 millones a la Isla para atender emergencias, mitigar daños y reconstruir, a través de declaraciones presidenciales de zonas de desastre.

Los huracanes suelen ser los más recordados cuando se habla de desastres. Pero el director de operaciones de la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias, Oscar Sotomayor, expresó que la lluvia producto de huracanes o de una simple tormenta tropical han causado estragos. Por ejemplo, el huracán Georges, ocurrido en septiembre de 1998, ha sido nuestra emergencia climatológica y ambiental más costosa. “Costó $1,720,867,892. Ese fue el total de ayuda individual a las familias y asistencia pública, que es carreteras, derrumbes, puentes”, declaró Sotomayor.

Por su parte, el planificador ambiental, Félix Aponte, explicó que “hay múltiples factores que ponen en riesgo la vida del ser humano” y ponen al país como blanco de desastres naturales. Estos incluyen la falta de orientación y la falta de fondos para dar mantenimiento a la infraestructura.

“Siempre -en muchos de ellos- lo que nos hace vulnerables es la falta de precaución humana y en muchos hay una negligencia tecnológica en los procesos que desarrollamos los humanos. No somos cuidadosos, le asignamos bajo probabilidad a que esos fenómenos ocurran. Además, de los fenómenos que pueda causar la misma naturaleza, todo lo que físicamente el ser humano construye requiere mantenimiento y operación cuidadosa porque tiene una vida útil muy limitada. Eso supone un compromiso de operarlo y no se le asigna presupuesto para ese proceso. Y ese es el proceso que no se lleva a cabo y cuando hay precariedad económica, las empresas y el propio gobierno tienden -a la hora de cortar costos- eliminar el mantenimiento preventivo  y  eso añade un factor de peligro muy grande cuando coinciden eventos muy grandes como terremotos, huracanes… tenemos estructuras muy débiles para resistir”, explicó Aponte.

“Hay insensibilidad en las fuerzas del mercado, irresponsabilidad profesional y el propio consumidor que no se preocupa por preguntar, corrupción al dar permisos… no se hace el trabajo. Realmente no se completa el proceso de planificación. Ordinariamente quien decide qué se construye no lo hace un planificador”, agregó.

De acuerdo con Sotomayor y Aponte, el país continúa siendo altamente vulnerable a los eventos atmosféricos, debido también a la construcción de estructuras en lugares inadecuados.

Ambos apuntaron hacia la planificación como la herramienta para prevenir los desastres.

Los desastres

1. Derrumbe de Mameyes – Era un 7 de octubre de 1985 cuando el barrio Mameyes en Ponce colapsó y cientos de casas, en su mayoría de madera y cinc, pasaron a ser escombros en una enorme fosa de agua y lodo. Los sobrevivientes cargan con las huellas imborrables de esa tragedia que provocó el colapso de 115 casas y 95 muertos. Se recuperaron 40 cadáveres. Vecinos del lugar calculan que la cifra de muertos pudo haber superado las 150 personas. El derrumbe fue producto de los intensos y extensos aguaceros de una onda tropical. El terreno, donde estaba enclavada la comunidad, cedió ante las fuertes lluvias.

2. Huracán Hugo - Ocurrido el 18 de septiembre de 1989 hace 24 años, este huracán de categoría tres representó pérdidas estimadas en alrededor de $1,000 millones. FEMA desembolsó $508,926,161. De esa cantidad, solo $5.6 millones se utilizó para mitigación mientras que el grueso ($500 millones) fue para ayuda directa o asistencia para los damnificados. Se registraron dos muertes: la de una persona en Culebra que no quiso abandonar su velero y la otra hallada ahogada en Fajardo. Pero hubo entre 90,000 a 100,000 refugiados, de los cuales 13,000 se quedaron sin hogar. Hugo tocó tierra entre Fajardo y Culebra y, dos horas después, salió por entre Luquillo y Río Grande. Tuvo vientos sostenidos de 140 millas por hora. Cincuenta y dos municipios fueron declarados zona de desastre. Se perdió el control de la represa Carraízo porque se dejó que el nivel del agua llegara a su tope, lo que amenazó la estructura de la instalación y puso en riesgo la vida de 150,000 personas que viven río abajo. El país estuvo semanas sin servicio de agua y luz.

3. Explosión de gas de Río Piedras - Ocurrida el 21 de noviembre de 1996. La explosión del edificio Humberto Vidal, en Río Piedras, causó la muerte de 33 personas, y dejó a casi un centenar de heridos, millones de dólares en pérdidas materiales y al casco de Río Piedras comercialmente deprimido. Las víctimas y sus sobrevivientes le adjudicaron responsabilidad por la tragedia a la San Juan Gas, al sostener que la causa de la explosión fue un escape de gas de los conductos soterrados de la empresa, que supuestamente se acumuló en el sótano del edificio. Esa tragedia dejó al descubierto la poca fiscalización que tenía la Comisión de Servicio Público con el sistema de gas, dijo el planificador ambiental, Félix Aponte.

4. Derrame de aceite de barcaza – En enero de 1994 el balneario de El Escambrón, que forma una herradura en la parte posterior del Hotel Normandie, parecía una laguna de petróleo al igual que la playa del Hotel Caribe Hilton, en San Juan. El combustible a bordo de la barcaza Morris J. Berman se derramó en el Océano Atlantico, a unos 300 metros de Punta Escambrón. La barcaza fue hundida a 20 millas mar afuera del lugar del accidente, en una fosa a seis mil pies de profundidad. En el proceso un número no determinado de galones de petróleo salió a flote y produjo una mancha de unas dos millas de largo. Otros residuos de aceite afectaron aún más a pescadores del área norte de Puerto Rico.

5. Huracán Georges – Fue un huracán categoría 3 ocurrido el 21 de septiembre de 1998. Cruzó la Isla de este a oeste, por lo que afectó todo Puerto Rico con vientos de 115 millas por hora. No se reportaron muertes directas atribuidas al sistema tropical. El 96% de los usuarios de la Autoridad de Energía Eléctrica permaneció sin servicio de energía y el 77 % quedó sin servicio de agua. Se estimó que el 50% de los cables y postes eléctricos fueron destruidos. La Isla perdió el 75% de la cosecha del café, el 95% de las cosechas de guineos y plátanos, además del 65% de la industria avícola. Se reportó que 28,005 casas fueron destruidas y 72,605 viviendas quedaron parcialmente destruidas. Es considerada la emergencia que más dinero requirió de las autoridades para la recuperación del país.  Dejó 65,000 residencias sin techo, 29,000 personas refugiadas en 426 albergues y requirió de $1,720,867,892 para ayuda a los afectados y para la insfraestructura del país.

6. Buque encallado – El 18 de noviembre de 1999 el barco ruso Sergo Zakariadze encalló en la bahía de San Juan. Las 17,000 toneladas de cemento en polvo a bordo del buque ruso supusieron una preocupación ambiental por el temor de que cayera al mar o por el polvo fugitivo que generaría mientras se removía. Si el cemento en polvo caía al agua podía generar turbiedad temporera que impediría la penetración de luz al mar, necesaria para mantener la vida de las porciones de corales que habitan en la zona. Cuatro meses después se logró remover el barco de la bahía sin incidentes.

7. Incendio de llantas en Aguirre –En 2000 un voraz incendio, provocado intencionalmente, consumió miles de neumáticos en un almacén de la antigua central azucarera Aguirre utilizado por una empresa privada. Fue tan intenso el sinistro, que los bomberos tardaron un mes en extinguirlo. En todo ese tiempo las comunidades aledañas estuvieron expuestas al denso y fétido humo que emanaba de la combustión. Dejó pérdidas cercanas a los $2 millones y destruyó cerca de 20,000 gomas. Además, 100 trabajadores de la empresa quedaron sin trabajo.

8. Incendio en instalaciones biomédicas en Caguas – Un 20 de marzo de 2007, en la empresa Celcius Waste Services, cientos de libras de desperdicios biomédicos, almacenados en un área de estacionamiento de 50 pies de largo por 50 pies de ancho, se quemaron. Fue necesario desalojar una ferretería ubicada en la parte posterior, una compañía de gas y residencias aledañas, además de cerrar un tramo de la carretera #30 en dirección de Caguas a Gurabo y de Las Piedras a Caguas. Los desperdicios biomédicos acumulados allí  eran altamente tóxicos. El consultor ambiental de la compañía explicó que desde septiembre de 2006 tenían acumulados en sus dos instalaciones cuatro millones de libras de desperdicios, ya que la Junta de Calidad Ambiental no les había permitido depositarlos en los vertederos. Los bomberos tuvieron problemas para extinguir el fuego porque no había agua en las tomas, siendo necesario trasladar agua en camiones cisterna de los municipios de Caguas, San Lorenzo, Aguas Buenas y Gurabo.

9. Explosión de Capeco – Sentó un precedente como emergencia ambiental y ocurrió el 23 de octubre de 2009. Aún las autoridades trabajan en la limpieza de las áreas que sufrieron daños. Hasta el pasado 8 de octubre de 2013 se habían removido 26 millones de galones de combustible que no se quemó en los tanques y 16 millones de galones de agua contaminada. El planificador ambiental Aponte dijo que durante la explosión, que causó un potente fuego y una negra humareda, el viento soplaba del sur al norte y ese viento se mantuvo así casi por cuatro días. “Lo que suposo que los contaminantes de esa combustión se fueran al mar. Lo que debió haber ocurrido era que buena parte del día,  el viento hubiera depositado eso desde Cataño a Arecibo  y hubiese habido un desalojo masivo. Los vientos soplan, de ordinario, de este a oeste. Tuvimos suerte de que la naturaleza operó de forma anómala y nos dio oportunidad de controlar una desgracia mayor”, dijo.  

10. Deslizamientos de terreno – El año pasado se registraron dos deslizamientos de terreno. Uno fue en la urbanización Villa España de Bayamón, donde se desalojó permanentemente a 10 familias luego de que el mogote aledaño a sus casas se deslizara como arena y cubriera sus propiedades. El otro deslizamiento ocurrió en la urbanización Alto Apolo, en Guaynabo, donde dos familias perdieron sus casas. Ambos eventos requirieron la intervención de las autoridades estatales y federales, y aún se lidia con las consecuencias de la emergencia.

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