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13 de julio de 2013
Puerto Rico Hoy
 

De la casa al trabajo por temor a la criminalidad

Ciudadanos se amurallan en sus residencias ante la inseguridad que sienten al salir a la calle

 

Por Yaritza Santiago Caraballo / ysantiago1@elnuevodia.com

¿Salir o no salir? Esta pregunta la pueden hacer a diario los miles de puertorriqueños que viven la realidad de haber perdido sus calles ante el alza en la criminalidad.

No es secreto que la ola de violencia en nuestro país, sumada a otros factores, ha modificado el estilo de vida de los puertorriqueños. Hay quien añora aquellos años en los que se podía dormir sin rejas ni verjas; se dejaba el auto sin seguro; y a los padres no preocupaba que sus pequeños jugaran solos en la calle. Después de todo, la calle era como el patio de la casa.

Con más de 61,000 delitos reportados al año, hoy la vivencia es otra. Sin calles seguras, la ciudadanía se ha amurallado, lo que ha transformado, no solo el paisaje, sino la conducta social.

Vida de encierro

“El enclaustramiento es notable. Cada cual se encierra para protegerse. El individualismo se ha acentuado”, resume el sociólogo César Rey. La encuesta “La Voz del Pueblo”, realizada por El Nuevo Día en 2011, revela que el 83% de los encuestados ha limitado el tiempo que pasa fuera de su casa.

Mara Santiago, de 60 años y residente de Carolina, prácticamente va de la casa al trabajo y del trabajo a la casa. “Prefiero pasar más tiempo en mi casa. Ya no salgo como antes porque me crea mucha inseguridad, tengo que estar con ocho ojos, como uno dice, cuando estoy en la calle”, dijo esta maestra, quien hace dos años reforzó con rejas la seguridad de su casa.

Este escenario, según Rey, contrasta con la sociedad abierta y comunitaria de la década de 1960. La calle era un espacio de juego, de convivencia, era el patio extendido de los vecinos, un espacio de socialización. “Ese sentido comunitario se rompió, se ha fragmentado la sociedad”, apunta Rey.

hogar: centro de diversión

Buscando protección, muchos han convertido el hogar en su centro de socialización y de diversión. El factor económico también lleva a ciudadanos a limitar sus salidas, pero es claro que actividades que se hacen en espacios exteriores, como jugar dominó en las plazas, se han mudado a las residencias. En el círculo juvenil, el “get” en la casa de algún amigo es el refugio.

Ciertamente, la tecnología juega un papel central en esta nueva ecuación social. “La gente está buscando maneras alternas para divertirse, se ha transformado la manera de celebrarlo”, dijo Eduardo Lugo, investigador asociado del Centro de Investigaciones Sociales de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.

De hecho, las ventas en las tiendas de radios, televisores y computadoras creció en enero de 2013 en un 13.5% con respecto al mismo mes de 2012. De $69.8 millones vendidos en enero pasado subió a $73 millones en enero del año corriente, según el Informe de Ventas al Detal que publica la Compañía de Comercio y Exportación.

Mientras que las salidas a restaurantes por ejemplo, se han modificado. “La gente está tomando en cuenta la ubicación del restaurante y si está alumbrado para decidir si entra o no”, dijo Gadiel Lebrón, director ejecutivo de la Asociación de Restaurantes.

Lugo explicó que el sentido de seguridad que buscan los adultos fomenta que los niños pasen más tiempo en la casa jugando con los equipos electrónicos. ¿Las consecuencias? Limitación en la socialización y el sedentarismo que conduce a la obesidad.

En los adultos el aislamiento excesivo, más que proteger, puede causar depresión. “Hay gente que quiere caminar por su misma comunidad pero le da miedo. Eso tiene a muchos en un nivel de ansiedad”, resaltó la sicóloga Mercedes Rodríguez.

Cierre de urbanizaciones

Ese encierro no solo es individual, sino colectivo. En la actualidad, centenares de urbanizaciones controlan su acceso. San Juan tiene 147 urbanizaciones cerradas; Guaynabo alrededor de 100; Bayamón 80; Ponce 30. Buscando un vecindario más seguro, algunas comunidades han creado consejos comunitarios de seguridad.

“Nosotros mismos damos rondas, hacemos recomendaciones al departamento de Seguridad, ayudamos a la Policía hacer su trabajo”, dijo Antonio Maldonado, director ejecutivo de la Asociación de Residentes de Palmas del Mar en Humacao.

Sufren los espacios públicos

La criminalidad también ha impactado el uso gubernamental de los espacios públicos. Por seguridad y por economía, un 30% de los municipios eliminaron o modificaron sus fiestas patronales, que solían ser esperadas cada año, expone Josean Santiago, presidente de la Asociación de Alcaldes. Los municipios que mantienen las fiestas, las acortaron de 10 días a cuatro o cinco días.

Además, algunas comunidades dejaron de celebrar sus fiestas navideñasque antes aglomeraban a todos los vecinos. “Como país hemos perdido esos espacios públicos importantes en la socialización, esos espacios de solidaridad, cultural, recreativos. Hay un sentido comunitario que se ve impactado y eso afecta la socialización”, dijo Rey.

Agregó que todavía espacios comunitarios que siguen activos.

Para la sicóloga Rodríguez, “la seguridad como aspecto humano va a cambiar y mejorar cuando breguemos con el crimen y la violencia”.

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