La cantante habla de cuán vulnerable se sintió en los pasados dos años
Por Damaris Hernández / dhernandez1@elnuevodia.com
Intensa, pasional, sensible, genuina, espiritual y transparente son sólo algunos de los adjetivos que describen a la cantante Ednita Nazario.
La proclamada “Diva de Ponce” -aunque ella afirma ser una “antidiva”- afirma que no es una mujer a medias, que si de vivir se trata ella es la “naranja completa”. Y es que la vocalista, que inició su carrera en 1973 con el álbum “Al fin... Ednita”, ha revelado su piel en cada verso de sus canciones. Su vida ha sido cantada por los miles de fanáticos que la hacen sentir tan querida como el primer día que interpretó una canción a los siete años.
Desde entonces, tanto en la Isla como fuera, Ednita ha manifestado la pasión que corre por sus venas.
Como “profeta en su tierra”, se encamina a sumar once funciones en el Coliseo de Puerto Rico cuando el 4 de mayo inicie la serie de conciertos “Desnuda”.
Ednita conversó con El Nuevo Día luego de dos años de ausencia de los estudios de grabación y los escenarios. Ese tiempo le permitió procesar vivencias personales que la quebrataron por momentos.
Hoy ese panorama quedó en el pasado y la cantante regresa con más fuerza y con una desnudez emocional que traduce en su nuevo disco, “Desnuda”, que sale hoy al mercado. Y, claro, lo hace bajo una constante que la ha distinguido a lo largo de su trayectoria: evolución.
Cuando haces retrospectiva, ¿cómo vez a nivel musical la Ednita de tus comienzos?
En esencia es la misma Ednita. Tengo características como personas y como artista que son las mismas, con defectos y cualidades. Obvio, ahora soy una mujer. Cuando empecé era una nena y las preocupaciones de como veía el mundo eran totalmente distintas. Mas sin embargo no me gusta definirme. Soy un proyecto en elaboración, aprendiendo; soy una estudiante de la vida en el sentido más amplio.
¿Cómo te reeinventas?
Reeinventarse no es una decisión, sino que es parte de mi naturaleza como artista. Evolucionar es una necesidad. Es la necesidad de mudar pieles, de realizar una metamorfosis, de crear, construir... Por eso te digo que no soy dada a mirar atrás.
¿Pero en algún momento haces una introspección de qué funcionó en el pasado y qué no?
Cuando lo hago veo satisfacciones y lecciones aprendidas. Se internalizas las cosas que vives y si Dios quiere se procesan todas esas lecciones de vida. Se trabaja para integrarlas en tu presente y futuro. Pero no se trata de tomar decisiones calculadas. Soy muy visceral; soy de instintos, de lo que me erice la piel, de lo que me mueva.
Vas camino a totalizar once funciones en el Coliseo de Puerto Rico. ¿Qué sientes cuando desde el escenario ves un coliseo abarrotado?
Es una sensación indescriptible, no se compara a nada porque no hay una experiencia vivencial que se pueda comparar. Que sean once ‘Coliseos’ no me atrevo ni a cuestionarlo.
¿Qué hay detrás de cada verso que cantas en “Desnuda”?
Hay transparencia. El concepto de la desnudez nos hace sentir inhibidos. Por lo general, cuando hablamos de desnudez nos trincamos. Lo que quiero plantear es todo lo contrario. Superar ese miedo, abrirnos ante la fortaleza de la vulnerabilidad. La vulnerabilidad es una aceptación de sensibilidad y no es debilidad.
¿Eres igual de intensa y pasional en tu hogar?
Sí, soy intensa y pasional (ríe a carcajadas). Bueno soy intensita... Tengo cinco por dentro. Me siento muy cómoda con mi sensualidad y la expreso en todo momento. Además, en el lugar donde me siento más segura, protegida y tranquila es un escenario porque me puedo expresar sin miedos.
¿En el escenario? Pero eso parece contradictorio.
Parecería una contradicción. Siempre he entendido que ese espacio del escenario se da en función del público. Estoy en cuerpo y alma para ellos. En ese lugar no existen esposos, hijos, hermanos celosos... no existe nada. Pero eso ocurre solo ahí, porque cuando me bajo del escenario no me atrevería hacer la mitad de esas cosas. No ando besando a todos los hombres que veo. Pero sí, la sensualidad es parte de mi personalidad.
Eres la artista femenina de mayor fuerza en el escenario por cantar temas controvertibles, como ‘La prohibida’, ‘Tú sin mí’ o ‘A que no le cuentas’. ¿Te percibes así?
Soy una mujer común que trabaja mucho. Soy parte de una familia y tengo un entorno común a millones de personas. Vivo comprometida con el proceso de evolucionar para el bien de la gente que quiero. Soy una mujer del siglo 21. Me gusta ser vanguardista, no soy conformista. No le tengo miedo a nada. Me siento un ser completo. No soy la media naranja de nadie y eso lo expreso en todas partes.
Ser la maranja completa... ¿eso es lo que te ha funcionado para mantener tu matrimonio de 20 años con Luis Bonet?
Sí. Me veo como compañera, amiga, amante, esposa, como un ser completo e independiente. Por fin puedo ser quien soy; acepto a la persona que está a mi lado tal cual es y no la quiero cambiar. He crecido con él (su esposo) y él conmigo. Pero es un ser completamente independiente a mí. Soy su apoyo incondicional y lo reconozco como individuo. Compartimos la pasión que nos ha permitido permanecer igual de enamorados que el primer día sin caer en rutinas. A mí me encanta quien es él y yo le encanto a él.
La gente te aplaude al verte en el escenario junto a tus exparejas, al menos con Luis Ángel. Se necesita madurez...
No es con todas las exparejas que lo hago (aclara riendo). Sí hay madurez, pero son vivencias que atesoro. No guardo rencor. En cuanto a las exparejas, ya pasó el dolor y me di cuenta de lo valioso que fue cada relación, porque aprendí. Es una inversión de tiempo que no olvidas; lo procesas si fue doloroso y pasas la página, porque el amor sí se puede acabar. Para sentirme feliz ahora tuve que pasar por todas esas lecciones.
¿Cómo alimentas tu espiritualidad?
Soy muy espiritual, me gusta la meditación, la oración. Rezo todos los días. La vida me ha dado golpes duros, pero Dios no se equivoca. En esta carrera uno tiende a posponer los procesos de introspección...
¿Estos dos años de ausencia de los escenarios te sirvieron además para enfrentar el duelo por la muerte de tu padre?
De ahí es que surge todo. Empezó con la muerte de papi. La lección de vida que tenía que aprender al perder a mi papá la estaba posponiendo. Continué en la vorágine de la vida y me di cuenta de que no me estaba haciendo bien. Que no estaba siendo justa conmigo. Fue saludable para mí y mi familia. Papi era la luz de mis ojos y pospuse ese dolor, pero la realidad es que no estaba bien. No fue fácil, pero salí al otro lado del túnel con una reevaluación de prioridades.
Pero, ¿te viste tumbada en una cama, completamente perdida?
Sí. Volví a tener tres años y uno quiere tener a su papá al lado. Pero lo importante de este proceso es que descubrí la vulnerabilidad del dolor. Esa fue la gran lección de darme cuenta que todo lo bello en la vida de mis padres está en mí. A ellos les habló y les dedico los conciertos.
Siendo “profeta en tu tierra”, ¿considerarías volver a irte de gira a nivel mundial?
La gente no recuerda que ya viví esa época. En la época de “A que no le cuentas” y “La prohibida” no paraba la pata. Estuve viviendo en México e hice el Latinomérica Tour. En México no podía salir a la calle y estaba número uno. Disfruté ese sueño internacional. Pero entré en otra etapa cuando tuve a mi hija, Carolina.
¿Cómo es tú relación con Carolina?
Es simbiótica. Somos una sola. He disfrutado ser madre y es la luz de mis ojos. Ahora es mi cómplice, compañera y amiga.