24-Ene-2008
El matrimonio es entre un hombre y una mujer
Nos unimos al coro que favorece la Resolución Concurrente 99 que persigue elevar a rango constitucional el matrimonio entre un hombre y una mujer, y que establece que ninguna otra unión será reconocida o validada como un matrimonio en Puerto Rico.
Esperamos que en un referéndum el pueblo reciba la oportunidad de votar a favor de la enmienda al Código Civil, que le pondría coto a las uniones de hecho (personas que conviven sin estar casadas) que favorece un pequeño sector de la sociedad, incluyendo a la Comunidad Lésbica, Bisexual, Gay, Transexual y Transgénero (LBGTT).
El matrimonio es entre un hombre y una mujer porque así lo quiso Dios y así lo ratificó Jesucristo.
Es la voluntad de Dios Padre porque, de lo contrario, no los hubiera creado a su imagen y semejanza ya que “macho y hembra los creó” (Génesis 1; 27), porque, en su momento, el hombre dejará a su padre y a su madre para “unirse a su mujer, y pasarán a ser una sola carne” (Génesis 2; 24).
Y Jesús, en su discurso sobre el matrimonio y el divorcio, añade: “de manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”. (Mateo 19; 6). Es incorrecto, pues, hablar del matrimonio como una institución tradicional.
SENCILLAMENTE EL MATRIMONIO ES ENTRE UN HOMBRE Y UNA MUJER POR DESIGNIO DIVINO.
En el referéndum seremos testigos de cómo el pueblo, masivamente, se pronunciará a favor de la enmienda constitucional. Opinamos que aquí hay una agenda oculta cuyo fin es destruir lo poco que queda de los cimientos de la familia puertorriqueña.
Una sociedad al garete donde se le rinde culto a las Tres P: el placer (el sexo libre, las fantasías, el culto al cuerpo y la sensualidad que se promueven a través de los medios masivos como una falsa idealización de la felicidad), el poseer (el consumismo, el materialismo, la comodidad, la posesión de la sexualidad como mercancía) y el poder (el prestigio, las adulaciones, las conquistas, la idea de que el dinero puede comprar la belleza y el placer).
Esta es una sociedad que, en el fondo, vive unos vacíos tremendos. La tasa de divorcios está por las nubes. Entre otras razones, la infidelidad es una de las causas. No es de extrañar en una sociedad hedonista en la que el matrimonio es un obstáculo para “lanzar una canita al aire”, por lo que implica, en términos jurídicos, el adulterio.
Con la elevación del matrimonio a rango constitucional, las iglesias, en una iniciativa ecuménica, deben luego lanzarse a denunciar proféticamente a los antagonistas de la familia, identificando -con sus nombres y apellidos- a los enemigos que envenenan la siquis de nuestro pueblo -sobre todo, de nuestra niñez- con tanta propaganda orientada a la glorificación del placer.
Tengo fe en las futuras generaciones, si los cristianos de hoy comenzamos oportunamente por emprender una cruzada, tipo misión apostólica, encaminada a una orientación adecuada de nuestros niños, complementada con una regulación de los contenidos de las ofertas programáticas en los medios (eso se puede legislar), enseñando valores en las escuelas como corresponde y evangelizando a los individuos adultos para que descubran la gracia de Dios en sus vidas a través del matrimonio, porque los hombres deben "amar a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella". (Efesios 5; 25)
Los enemigos de la familia contradicen a Dios. Sus discursos, matizados por el afán por el libertinaje, el egoísmo, la tacañería y la falta de compromiso, no convencen. Los enemigos del matrimonio sólo piensan en sus intereses. Suelen pensar así: “vivamos sin ataduras”, “si te pones gorda o gordo, me voy con otra”, “no te enfermes, porque no te puedo atender”.
Los enemigos del matrimonio piensan en capitulaciones y no se comprometen. No creen en unir sus vidas hasta que la muerte los separe. Los enemigos del matrimonio no aman.
Afortunadamente, son más los amigos de Cristo y los defensores de su Verdad.
Jesús salva a los matrimonios! Jesús salva a la familia! Jesús salva a Puerto Rico!
ESCUCHE UN TESTIMONIO DE QUE DIOS SÍ LIBERTA.