Pablo A. Jiménez
06-Abr-2008

¿Qué es el racismo?

El racismo es mucho más que el odio y la discriminación por razones étnico-raciales. El racismo ocurre cuando el discrimen se une al poder y al privilegio.

El racismo, tal como lo conocemos hoy, es un fenómeno moderno. Antes de la conquista de América, la mayor parte de los esclavos eran prisioneros de guerra o personas que se habían vendido a sí mismas para pagar sus deudas. Las ideologías de la supremacía racial fueron creadas para justificar la conquista de América, el genocidio contra los indígenas y la explotación de los pueblos africanos.

De manera irracional, estas ideologías dividen a la humanidad en “razas” y asignan valores (positivos o negativos) a dichos grupos. Las ideologías de la supremacía racial “esencializan” a los grupos humanos, afirmando que todas las personas que tienen tal o cual característica son buenas o malas, inteligentes o tontas, y así sucesivamente.

Nótese que no he hablado del color de la piel, porque éste tiene poco que ver con el racismo. Las ideologías racistas le dan más importancia a la “sangre” que a la piel. Usted puede ser blanco como la nieve, pero si tiene algún ancestro “no-blanco” los racistas lo consideran inferior. Si tiene dudas, busque algunas fotos antiguas de esclavos estadounidenses, y verá esclavos blancos, rubios y de ojos claros, quienes eran considerados “negros” o “no-blancos” porque sus madres o abuelas eran afroamericanas.

En los años 80, cuando se denunció la segregación racial en África del Sur a nivel internacional, yo conocí a una pareja de líderes religiosos sudafricanos. Eran blancos y rubios. Ellos notaron mi reserva en el trato. Entonces el caballero sacó su pasaporte y me enseñó que estaba marcado con la palabra “Colored”. En su país, él era considerado “no-blanco” porque, ante la ley, tenía “sangre negra”.

Esto explica por qué la comunidad latina o hispana en los Estados Unidos es considerada como “no-blanca”. No importa el color de su piel, si usted no es de herencia anglo-europea, usted no es “blanco”.

De acuerdo con la definición que estoy usando -que es una entre muchas definiciones posibles- las personas “blancas” de trasfondo anglo-europeo son “racistas” aunque no lo quieran. ¿Por qué? Porque disfrutan del poder y el privilegio que da el ser considerado “blanco” en los Estados Unidos.

Del mismo modo, las personas de grupos étnico-raciales no pueden ser consideradas “racistas”. Aunque su corazón esté lleno de odio, las personas hispanas, afroamericanas, asiáticas e indígenas carecen del poder y de los privilegios necesarios para afectar la vida de la gente “blanca”.

Esta teoría es difícil de entender y puede ser controversial. Sin embargo, estoy convencido de su utilidad para analizar el fenómeno de las relaciones entre grupos étnico-raciales. Permítame ofrecer un ejemplo.

Hace unos años me encontraba en Orlando, Florida, para ofrecer un curso de predicación. Conducía por la Calle Colonial, también conocida como la Calle 50, en dirección al centro de la ciudad. Como estaba en medio de una congestión de tránsito, manejaba a 15 millas por hora en una zona de 25. Un policía me detuvo sin razón alguna. El hombre me indicó que iba a revisar mi “record criminal” y que yo podía ir a la cárcel. La situación se complicó porque yo iba siguiendo a uno de mis estudiantes, quien me estaba enseñando el camino al local donde se ofrecían las clases. Cuando el policía vio a mi estudiante-un puertorriqueño de tez clara y cabello rojizo- el agente abrió la baqueta de su pistola, puso la mano en el mango de la misma y le ordenó a mi estudiante que no se acercara. Mi estudiante se detuvo como a 200 metros de distancia. El policía fue y lo interrogó. De regreso, el oficial policiaco usó la computadora de su auto para examinar mi licencia de conducir y la licencia de mi auto. Como no encontró nada -ni siquiera una infracción de tránsito en mi historial- volvió a mi auto para insultarme y para decirme que yo estaba actuando “de manera sospechosa”. “Si usted es inocente, ¿por qué tiene tanto miedo?”, preguntó. Yo le respondí: “Porque usted es un hombre blanco y tiene una pistola”. El policía continuó insultándome y terminó su arenga llamándome “racista”.

Repito, el racismo es mucho más que la sospecha o el rechazo de personas de ciertos grupos étnico-raciales. La persona “racista” es la que tiene poder para excluir “al otro”, un poder que le da el privilegio que la cultura le ha asignado a su grupo étnico-racial.

Habiendo dicho todo esto, volvamos al caso del Rev. Jeremiah Wright, Jr., el pasado pastor de Trinity United Christian Church (TUCC), la iglesia a la que asiste Barack Obama en Chicago. El Rev. Wright usó en sus sermones expresiones muy negativas sobre las relaciones étnico-raciales. Estas expresiones han manchado su ministerio y han afectado la candidatura de Obama. Sin embargo, Wright no es “racista”, porque no tiene el poder que da el privilegio que acarrea el ser considerado “blanco” en los Estados Unidos.

Quizás usted no está convencido de que mi argumento es correcto. Me alegro, pues mi propósito no es convencerle sino invitarle a reflexionar sobre el tema. Solamente le pido que considere las siguientes preguntas antes de llegar a una conclusión. ¿Qué poder tiene el Rev. Wright -o cualquier otra persona “no-blanca”- para defenderse de las acusaciones lanzadas en su contra por los medios de comunicación masiva? ¿Qué puede hacer un hombre considerado como “no-blanco” contra cadenas multinacionales de televisión que pueden repetir y comentar un vídeo cada 30 minutos? En esta controversia, ¿quién tiene “poder y privilegio”? En resumen, ¿quién es el “racista” en este caso?

¿Qué opina usted? Le invito a ofrecer su opinión, comentando este blog y haciendo un frente amplio para hablar de valores.

El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado y el director de www.predicar.org, un portal electrónico dedicado al arte cristiano de la predicación.

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