Mario Alegre Barrios
10-Abr-2008

¿Cuánto le cobro a mi esposa?

Si hay algo que distingue -entre infinidad de cosas- a esta isla nuestra, sin duda alguna que su inagotable capacidad de sorprendernos constantemente es una de ellas. No hay que hacer algo épico para mantener la rutina a distancia. No es cuestión de magia o de algún conjuro. Tampoco es cosa de sabios o videntes.

En verdad os digo que basta con mantener los ojos y los oídos bien abiertos. Bueno, es también cuestión de fe, de levantarse todos los días con inocencia de niño, tranquilos, sin apurar el momento, con la confianza de que antes de que nos crucemos con el primer desquiciado con prisa en el semáforo algo habrá sucedido que desafiará el orden del universo, que nos maravillará y que nos hará comprender -gracias a algunas personas- por qué los seres humanos son las criaturas más maravillosas y también las más extrañamente absurdas de la creación.

La fórmula no falla. Esta mañana hice lo de todos los días al levantarme: luego de la insoslayable parada técnica en el baño, recordé que debo volver a la bicicleta, prendí la cafetera, recogí el periódico, preparé el desayuno -pancakes, cereal o huevo, hoy fue huevo-, prendí el televisor para ver CNN -cosas del oficio- y desayuné con la señora que comparte el lecho conmigo.

Fue entonces cuando llegó. Abrí el periódico, pasé algunas páginas y de pronto la descubrí. Casi podría jurar que la mirada se me humedeció al comprobar que mi fe era nuevamente validada. Ahí estaba la señal del día, La leí dos veces:

“Cobrarán los estudiantes por sacar buenas calificaciones” era el titular de la noticia que recompensó esa confianza de la que hablaba. Y seguí leyendo. La noticia me conmovió. Por su fondo y por el tono épico con el que fue dada a conocer por el Gobernador de la Isla.

La propuesta es la siguiente: si queremos que los estudiantes de escuelas públicas del país aprovechen el tiempo y saquen buenas notas, tendremos que pagarles. Sí, con dinero, en efectivo.

La propuesta del señor Acevedo Vilá es generosa en aristas. Por un lado, la más tangible por lo material, es de dónde saldrá el dinero. Imbécil que soy: el Gobernador lo dijo en el mismísimo primer párrafo de la nota: “los chavos van a salir de donde tengan que salir para hacer las cosas correctas por nuestros estudiantes”. Además, son sólo cinco millones. Ya lo dijo el señor que vive en La Fortaleza: de algún lado saldrán.

Si esto es patético, más lo es el mensaje que se le está dando al estudiante: sólo por dinero es que vale la pena hacer las cosas, sólo por dinero es que se justifica el esfuerzo de estudiar, de prepararse, de tener una educación, de adquirir conocimientos; sólo por dinero es que vale la pena hacer todo eso con excelencia.

Alguien dirá que esto ocurre en algunos hogares donde los padres consideran que el premio económico es la manera correcta de estimular a sus hijos en los estudios. Sí, sin duda sucede, pero esa es decisión de cada cual y cada cual habrá de vivir -o no- con las conductas que de esa manera cincelen,

El problema aquí es que el proyecto del señor Acevedo institucionaliza el gesto, lo hace parte de la filosofía educativa pública del país, cifra en el dinero por el dinero mismo la validez del esfuerzo en el proceso académico de “unos 70,000 estudiantes de escuelas públicas que recibirán una incentivo económico por tener más de 3.50 de promedio”.

Y decir “dinero” no es lo mismo que decir “viajes” o “becas”, que son -los dos últimos- estímulos en apariencia similares al primero pero que tienen como fin una especificidad educativa que no tiene el efectivo.

Si el proyecto prospera y los estudiantes aprenden bien la lección -algo predecible: no son bobos, por algo cualificarían para recibir el estímulo- que se preparen los padres en el hogar: a partir de entonces tendrán que buscar dinero para pagar a sus hijos e hijas para que estos se esfuercen por ser buenos ciudadanos, buenos hijos ahora y buenos esposos y esposas mañana.

Mmm… ahora que lo pienso, me parece que es justo: ¿cuánto le cobraré a la señora que vive conmigo para esforzarme en ser el mejor de los cónyuges?

Don Aníbal, gracias por la idea.

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