Antolín Maldonado-Jaime Torres
12-May-2008

Dios sueña con nosotros (2)

 En las últimas líneas del blog anterior, les cité el pasaje de Mateo 1:20, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo, "no temas recibir a María tu mujer, porque lo que es engendrado, del Espíritu Santo es".

 Precisamente en ese último verso, podemos ver un elemento al que quería llegar. Porque está muy bonito soñar y soñar en grande. Pero ¿qué sucede cuando ese sueño viene de un sentimiento que Dios mismo pone en nuestro corazón y no necesariamente es algo que nosotros planificamos? ¿Qué pasa ahí? Lo que suele suceder es que DUDAMOS, ¿verdad?

 Pero me pregunto qué habría pasado si José hubiera dudado. O no tanto él... imagínense si María, la madre de nuestro Salvador, hubiera dudado. ¿Habría sido ella la escogida? Hay quien dice que no había manera en que María pudiera negarse porque era la voluntad de Dios que fuera ella la madre de Jesús. Y es cierto que esa era la voluntad de Él.

Pero también era la voluntad de Dios que su pueblo, al salir de Egipto de una esclavitud, cruzara pronto a la tierra prometida. Y por su dureza de corazón en vez de 40 días, estuvieron ¿cuánto tiempo en el desierto? Cuarenta años.

 Dios hizo al hombre y a la mujer con libre albedrío. Si María se hubiera dejado llevar por la duda, eso no quiere decir que el propósito del Padre no se iba a cumplir, porque entonces Dios hubiera escogido a otra. Aunque también hay que aclarar que Dios sabe todas las cosas y si escogió a María, no es porque ella no se pudiera negar a cumplir el llamado, sino que la escogió porque él ya conocía su corazón puro y su obediencia.

 ¡Si nos atreviéramos a ser como ella! Aún desconociendo cómo sería posible lo que Dios haría en ella, dijo, 'hágase tu voluntad', en una actitud de completa entrega y obediencia al Señor. Si nos diéramos cuenta y pusiéramos en práctica lo que dice la Palabra, cuando el Padre nos deja ver que la mayor ofrenda a él es la obediencia.

 Así que si quieres que Dios sueñe contigo y siga soñando siempre, sé obediente desde ahora. Pero cuando comenzamos a dudar y nos desviamos de ese sueño, vas a defraudar a alguien, incluyendo a Dios.

Cuando tú esperas algo de alguien en quien tú confiabas mucho, y resulta que esa persona empieza a darle largas al asunto y termina conformándose con poco, de repente te sientes defraudado. Y no en todos los casos es porque te haya hecho daño.

Te defrauda porque esa era la persona en que tú estabas confiado de que lograría o cumpliría tal meta o proyecto. Tú jurabas que esa era la persona idónea, pero resulta que falló. Tú pensabas, “tanto que podía hacer fulano con el talento que tiene, y mira con lo que se conformó”.

 El padre que ha invertido tiempo y esfuerzo en educar a su hijo, espera que a cambio, en el futuro ese hijo sea un hombre de bien.

Y siendo más específico, como ejemplo, si su hijo es bueno en las matemáticas o las ciencias, o en general es bueno con los libros y los estudios, pues el padre se va a sentir defraudado si ese hijo, al terminar su escuela superior, en vez de continuar estudios universitarios se echa a perder en la calle por quedarse en la esquina con las amistades. O peor aún si ni siquiera termina la escuela superior y termina siendo un desertor escolar.

 Santiago 1:5 dice respecto al dudar: “Pero si alguno de vosotros se ve falto de sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero que pida con fe, SIN DUDAR, porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra. No piense pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor, siendo hombre de doble ánimo, inestable en todos sus caminos”.

 ¡DECÍDETE YA!, como nos exhorta Hechos 10:20: “Levántate pues, desciende y no dudes en    acompañarlos   , porque yo les    he enviado    ”.

 Autoevalúate y repite esa frase como si se tratara de un llenablancos, como si Dios estuviera hablándote a ti ahora. ¿Qué te diría él? Dios y sólo tú saben en qué área has dudado. Repite la cita bíblica anterior. Recuerda que Él te está hablando. Llena los blancos con aquello que tú sabes que Dios espera de ti y quizás no has realizado por temor, porque te han dicho que no eres capaz, o simplemente porque no le hayas hecho caso a Dios.

 En la tercera y última parte de este estudio, quiero seguirles hablando de los efectos de la duda, en primer lugar, y luego de lo que Dios puede hacer con nosotros cuando permitimos que, en vez de pensamientos negativos, sean los sueños del Señor los que entren a nuestro corazón.

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