Israel Rodríguez
26-May-2008

El otro Obama

El Barack Obama que vino a Puerto Rico a buscar fondos para su campaña a la Presidencia de los Estados Unidos en noviembre pasado es distinto al Obama que vino el sábado a conquistar votos de los delegados del Partido Demócrata en la primaria del 1 de junio.

Aquel fue frío, indiferente a la prensa puertorriqueña. Este fue afable, sencillo y hasta chistoso. Llegó a su primera actividad proselitista en Puerto Rico, en el recinto de Bayamón de la Universidad de Puerto Rico, sin mucha fanfarria y hasta pronunció algunas palabras en español.

Se reunió primero con un grupo de veteranos y luego con el grupo de periodistas puertorriqueños que lo esperábamos. Tuvimos que llegar allí antes de las 7:00 de la mañana para que el Servicio Secreto de los Estados Unidos verificara todos nuestros equipos, cámaras y grabadoras. La cita era para las 11:30 de la mañana.

El protocolo exigía dejar los equipos en el salón de la actividad a las 7:00 a.m. y regresar dos horas después luego de pasar por un detector de metales y una inspección de un agente del Servicio Secreto. Me pregunto si este cedazo será igual para con los periodistas estadounidenses que cubren a Obama.

Mi turno para entrevistar a Obama, junto a la colega Maricelis Rivera Santos, de El Vocero, fue de siete minutos para los dos. La entrevista se dio en un salón con tres sillas como única decoración. Obama estaba de pie cuando entramos al salón, nos estrechó la mano como saludo y rápido pasamos a la entrevista.

Con tanta tensión, con los minutos contados, y frente a Obama, se me cayeron las tarjetas con las preguntas planificadas al piso. Obama, para mi sorpresa, lanzó una broma. Me dijo que ya había visto todas las preguntas que le formularía, lo cual lo ponía en ventaja.

Al final, y luego de sólo seis preguntas se despidió con otro apretón de manos y diciendo “gracias” en español.

Hay que ver las que pasamos cuando vino en noviembre pasado a una actividad de recaudación de fondos para su campaña. Aquella mañana llegué al Museo de Arte Contemporáneo, en Santurce, junto a otros colegas, y de inmediato fuimos sacados del lugar con la excusa de que se trataba de una actividad privada.

No tuvimos más remedio que irnos a la acera pública en plena avenida Ponce de León para, desde lejos, ver a Obama llegar e irse como un relámpago; con los bolsillos llenos, claro está. Fue gracioso que mientras esperábamos en la acera pública un miembro de la campaña de Obama salió y nos amenazó diciéndonos en inglés que si permanecíamos allí tendríamos problemas. No le hicimos ningún caso.

Mucha gente me ha preguntado tras la entrevista si Obama es en el trato como se proyecta en los medios. Mi impresión es que se muestra como un tipo común y corriente, sin ínfulas. Quizás de ahí estriba ese carisma que lo mantiene al frente en la contienda.

Sólo faltan 6 días para la celebración de las primarias demócratas aquí y para que acabe esta tortura periodística. Ha sido penoso ver el servilismo de muchos de nuestros políticos en todo este proceso. Parecen iluminados cuando están al lado de estos políticos estadounidenses y sus familiares. Es como si se sintieran poderosos. Incluso, piensan que no hay noticia más importante en el país que la primaria demócrata del domingo, según los comentarios que nos han hecho.

Si penoso fue ver al ex presidente Bill Clinton cargando a una niña enferma por unos segundos en el residencial Luis Llorens Torres en su primera visita para hacer campaña, más penoso fue ver a la congresista Linda Sánchez en Vieques expresando el compromiso de Obama con la isla municipio.

Sánchez no sabía siquiera las propuestas de Obama para Vieques, pese a que era su representante. La pobre admitió que ahora, en una fecha cercana a las primarias, es que se está hablando de Vieques en el Congreso. Por lo menos fue sincera.

Todos sabemos que todas estas visitas sólo responden a fines electoreros de Obama y de Hillary Clinton.

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