28-May-2008
Las primarias demócratas
El domingo 1 de junio de 2008 se llevarán a cabo las primarias del Partido Demócrata en Puerto Rico. Algunos de mis familiares planean votar en las mismas. Sin embargo, yo he decidido no participar de este proceso eleccionario.
Antes de continuar, debo aclarar que durante el tiempo que viví en los Estados Unidos tuve la oportunidad de votar en tres elecciones presidenciales. En las tres ocasiones, voté por el Partido Demócrata.
En el 1996 voté a favor de William J. Clinton, quien fue reelegido por un amplio margen. Si bien Clinton fue un buen presidente en algunas áreas, sus acciones inmorales (el hostigamiento sexual de una subalterna) e ilegales (mentir bajo juramento) han empañado su legado. En el 2000, voté por Albert Gore, Jr., quien ganó el voto popular por cerca de medio millón de votos, pero perdió la presidencia bajo una nube de controversias. Hasta el sol de hoy, creo que Gore fue víctima de un esquema de corrupción orquestado por las autoridades del estado de Florida. De hecho, en estos días la película de HBO titulada "Recount" está evocando este doloroso periodo en la vida de los Estados Unidos. En el 2004, voté por John Kerry, quien perdió claramente ante George W. Bush.
Si hubiera estado viviendo en los Estados Unidos, votaría una vez más por el Partido Demócrata. Mi candidata hubiera sido Hillary Clinton, aunque la mayor parte de mis amistades han votado por Barack Obama. Ahora bien, de poder participar votaría por la persona a quien los demócratas nominen en su convención nacional.
Empero, ese es precisamente el problema. El pueblo puertorriqueño no puede votar por el presidente de los Estados Unidos. No votaré en las primarias porque me parece ilógico participar en el proceso para elegir un candidato por el cual no se puede votar en las elecciones generales.
En mi opinión, este es el “issue” que mejor ilustra el problema de la condición política subalterna de Puerto Rico. Las personas que vivimos en Puerto Rico, a pesar de ser ciudadanas estadounidenses, no podemos participar en la elección del presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, la persona que ocupa la presidencia puede decretar una guerra -tal como lo ha hecho el presidente Bush- donde centenares de soldados puertorriqueños pueden morir, ser heridos físicamente o salir traumatizados psicológicamente. Lo que es más, el presidente de los Estados Unidos hasta puede autorizar el uso de armas nucleares, tal como ocurrió en Hiroshima y Nagasaki. Creo que es sencillamente indigno formar parte de una supuesta democracia donde no podemos participar en la elección de alguien que tiene tanto poder en sus manos.
Claro está, siempre hay personas que responden a estos planteamientos con argumentos nacionalistas. Eso tiene su lugar, pero a mi juicio el problema no es el status político, sino el poder político. Aun si usted no se siente “estadounidense”, debe preocuparse por ser un ciudadano de segunda clase, que no tiene voz ni voto en los asuntos cruciales del País (que no se deciden en San Juan, sino en Washington). El pueblo puertorriqueño no puede participar en la elección a la persona que toma las decisiones que más le afectan. Haciendo referencia a una columna pasada, no podemos votar por la persona que tiene “la ficha del tranque” en sus manos. Y eso es, sencillamente, indignante.
Nosotros no somos el único territorio donde ciudadanos estadounidenses no tienen derecho a votar por el presidente. Lo mismo ocurre en las Islas Vírgenes Estadounidenses y en Washington, Distrito de Columbia. Nótese que ninguno tiene un movimiento independentista. Del mismo modo, muchos puertorriqueños que viven en los Estados Unidos se confiesan independentistas, pero votan en las elecciones. Por lo tanto, el problema no se relaciona con el status político, sino con el poder político.
Quizás usted difiera de mi opinión, y tiene derecho a hacerlo. Quizás usted tiene alternativas simples para solucionar el problema. Yo no las tengo. Sin embargo, me gustaría que el pueblo puertorriqueño aprendiera a protestar ante la injusticia, rechazando el fatalismo que nos lleva a decir “eso siempre ha sido así y no lo cambia nadie”. Me gustaría que nuestro pueblo se pusiera en pie y reclamara que lo traten con dignidad.
¿Cuál es su opinión sobre este tema? Le invito a comentar este blog y a hacer un frente amplio para hablar sobre valores.
El Rev. Dr. Pablo A. Jiménez es el pastor de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en el Barrio Espinosa de Dorado y el director de www.predicar.org, un portal electrónico dedicado al arte cristiano de la predicación.