Rafael Lama
01-Jun-2008

Dialogo para el progreso

Tras meses de pugnas y pulseos se aprobó finalmente la Ley de incentivos económicos para el desarrollo de Puerto Rico.

El Gobernador convirtió en ley  el miércoles el controvertible proyecto que otorgará incentivos  para estimular las industrias, en una acción que sorprendió a muchos. Esto ya que la Legislatura lo envió el mismo martes para la consideración del Ejecutivo, quien a su vez tenía hasta el 30 de junio para evaluarlo y firmarlo. Aníbal Acevedo Vilá, lo firmó el 28 de mayo, temprano en la mañana.

Así las cosas, la nueva Ley de incentivos entrará en vigor el primero de julio. Pero el debate sigue y la alta dosis de controversia no parece amainar.

Mientras el sector privado, gran parte de la Legislatura y el Ejecutivo celebraban la creación y aprobación del nuevo estatuto y lo tildaban de indispensable para impulsar el desarrollo económico del País, varios líderes  de  organizaciones sindicales, ambientalistas, políticas y religiosas lo criticaban y repudiaban a viva voz frente a La Fortaleza.

Lo triste del caso es que dentro de todo el ruido se pierde efectividad. Se nos va la vida en la pelea y la pugna sin llegar a ningún lado. Sugiero entonces un diálogo entre las partes. Entre los que apoyan la ley y entre quienes la rechazan.

Por un lado, los creadores del nuevo estatuto, que incluye a una gama de profesionales del sector privado   y público, han sido fuertemente criticados por no hacer el proceso más abierto. Por el otro, los sindicatos adquieren mala fama  por sus protestas, las que son vistas por algunos grupos como un mecanismo para velar sólo por los intereses de las uniones y no por los del pueblo.

Es hora de que ambas partes se sienten en la misma mesa a conversar. No a gritar. Que surja un intercambio de ideas y que ambos lados vean los beneficios y los defectos  de la nueva ley.

Si bien las exenciones representan un impacto al fisco, las mismas deben ser vistas como una inversión que va a repercutir en más y mejores empleos para Puerto Rico.  

Pero también, el ofrecer demasiadas exenciones sin un adecuado método de fiscalización puede ser nocivo para la ya lacerada situación fiscal de Puerto Rico. Estas son cosas que tanto los creadores de la ley como aquellos que la repudian, deben sentarse a discutir.

Algunos podrán argumentar que ya es muy tarde. Pero no lo es. Se trata de una ley compleja, pero de una ley tan enmendable como cualquier otra.

Esas enmiendas se deben dar en un ambiente de diálogo que busque y que tenga como norte el beneficio común de Puerto Rico.

Mientras cada sector siga velando por sus propios intereses únicamente, Puerto Rico no podrá progresar.

Sólo en un ambiente de diálogo y de apertura, ambos lados podrán convertirse en una sola fuerza que logre un verdadero impulso para Puerto Rico. Es hora de crear una verdadera unión y de comenzar a ofrecer más soluciones. Las críticas son necesarias, pero no logran cambios verdaderos sino viene acompañadas de soluciones o alternativas.

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