01-Jun-2008
Lo podrido de la Casa Blanca
Algo está podrido en el reino de Dinamarca...
Marcelo en Hamlet
Desde que Shakespeare puso en labios de Marcelo las palabras de epígrafe -y seguramente desde antes- la entraña de la inmensa mayoría de los gobiernos que han existido en el mundo no ha cambiado mucho, patrón que de alguna manera confirma que la putrefacción -esa descomposición que deviene en hedor- es un elemento sustancial del ADN del poder.
Esa breve reflexión de Marcelo en el primer acto de la célebre tragedia del dramaturgo inglés -como premonición de lo que enfrentará el príncipe Hamlet para vengar la muerte de su padre- resuena en Washington durante estos días, luego de la publicación del libro What Happened: Inside the Bush White House and Washington’s Culture of Deception (Qué sucedió: dentro de la Casa Blanca de Bush y la cultura de engaño de Washington), escrito por Scott McClellan, quien fuese secretario de prensa del presidente Bush entre julio de 2003 y abril de 2006.
La explosiva reacción durante la semana a los adelantos que se filtraron del libro de McClellan -que ya esta a la venta en Puerto Rico- provocaron que la editorial PublicAffairs autorizara a las librerías a ponerlo en los anaqueles desde el miércoles pasado, cuando en un principio el día fijado para el lanzamiento era el de mañana lunes. Con una tirada original de 65,000 ejemplares, tan pronto como este viernes se imprimió otra cantidad similar y ya aparecía en el tope de la lista de los más vendidos en Amazon.com.
Mientras que las muy serias acusaciones de McClellan contra la administración Bush en asuntos tan coyunturales como la guerra de Irak, el huracán Katrina y la filtración a la prensa de información clasificada de la CIA, han sido recibidas como maná del cielo por los demócratas, el bando republicano ha intentado minar su valor al señalar que simplemente son fruto del enojo y la deslealtad de un ex empleado de la Casa Blanca.
Ex colegas de McClellan aseguran sentirse profundamente dolidos por las expresiones del que fuese uno de los más leales defensores de Bush precisamente en los temas que ahora son medulares en su ataque.
Hace un par de días, el ex senador republicano Bob Dole calificó a McClellan de “criatura miserable”, según sostuvo la cadena CNN. “En cada administración hay criaturas miserables como tú, que no tienen el valor de hablar o renunciar si no están de acuerdo con sus jefes o colegas”, escribió Dole en un correo electrónico. “Los de tu clase se sumergen en los beneficios que da el poder, disfrutan de ser el centro de atención durante años y entonces se largan, para convertir en dinero su insaciable codicia”.
McClellan ha sostenido en diversos foros la veracidad de la información que revela y asegura que decidió escribir el libro debido a un “elevado sentido de lealtad hacia la verdad y a los valores” con los que fue educado.
El detonante de su renuncia en abril de 2006 fue un episodio en el que confrontó al presidente a bordo del Air Force One en Carolina del Norte, cuando un reportero preguntó a McClallan si Bush había permitido la filtración de información clasificada de la CIA. El entonces secretario de prensa de Casa Blanca llevó el cuestionamiento a Bush.
“Y el me dijo ‘sí, yo lo hice’. Ése fue el momento en el que decidí que debía renunciar porque mucho de lo que se había dicho era falso”, narra.
Si bien en su libro McClellan fustiga severamente el papel de la prensa como una suerte de cómplice en la estrategia para convencer al pueblo de la necesidad de la invasión a Irak, sorprendentemente algunos prominentes periodistas se han solidarizado con sus expresiones.
Katie Couric -ancla de CBS Evening News- aceptó que el escepticismo de muchos de sus colegas respecto a la postura de la administración Bush en el caso de Irak ha sido “uno de los momentos más embarazosos del periodismo estadounidense” y que efectivamente ella percibió presión corporativa para disuadir cualquier gesto o palabra de disidencia contra la guerra.
Asimismo, Jessica Yellin -quien en el 2003 trabajaba con MSNBC y ahora es parte de la cadena CNN- confirmó a The New York Times que “los periodistas estuvimos bajo una enorme presión de parte de ejecutivos corporativos para asegurar que la guerra en Irak se reportase de una manera cónsona a la fiebre patriótica de la nación”.
Mientras, quien podría sacar bastante partido de este libro es el precandidato demócrata Barack Obama, quien tenazmente se opuso al conflicto en Irak.
Las revelaciones del ex colaborador presidencial pueden haberse convertido en algo más que “una piedra en el zapato” para el republicano John McCain -“McBush” para los demócratas- quien no ha logrado distanciarse de la creciente impopularidad del inquilino actual de la Casa Blanca.
Quizás el tiempo nos diga qué hay de verdad y qué de mentira en este nuevo episodio de la política estadounidense. ¿Podrá la historia revelarnos cuáles fueron las razones por las que McClellan escribió este libro? ¿Fue por amor a la patria, por venganza o, simplemente, por dinero? ¿Por todas las anteriores?
Lo único cierto -parafraseando a Marcelo- es que algo está podrido en Washington.